Sólo para sus ojos
Jul 3, 2009
Juan Pablo Roiz

El voto y las mentadas de madre

El voto no sirve ni como mentada de madre ni como declaración de amor. Es útil o no es.

Una sonora mentada de madre, en caso de justa indignación, puede tener un gran poder catártico sobre el ánimo atribulado de quien la emite.

 

Lo mismo que se dice, en este aspecto, de las mentadas de madre se aplica a las declaraciones de amor o veneración: Tienen un efecto balsámico para el ánimo de quien las formula.

 

Pero el voto no sirve, ni aquí ni en democracia alguna, como mentada de madre o como declaración de amor o como confesión de fe democrática o como expresión pública de afectos y aversiones.

 

El voto está diseñado para ser utilitario. Funciona, para un elector inteligente que sabe hacer cálculos, como una herramienta de alcances limitados pero efectivos. El voto no sirve como sustituto de las confesiones de fe o de las expresiones de odio; sirve para incidir (marginalmente, dada la parvedad de un voto en el océano de millones de votos) en la configuración del futuro político. No más, no menos.

 

Por eso, y que me perdonen los vanidosos del club de los promotores de anulaciones que se sueñan estentóreas, ni siquiera vale la pena perder el tiempo discutiendo esa ocurrencia de los votos anulados. Son, en doble sentido, insignificantes: 1. No dicen –significan– nada en la medida que no pueden leerse unívocamente (a ciencia cierta y fuera de la presunción de un vago hartazgo, no hay manera de saber qué quiso decir cada uno de quienes anularon su voto) y 2. No tendrán, los votos anulados, mayor relevancia porque se trata, dicho sea sin ánimo de ofender (como dice mi amiga Clotilde), de una ocurrencia de salón de té de presuntos intelectuales más o menos ociosos.

 

Vayamos a lo que importa: La utilidad o inutilidad del voto aquí y ahora. Me referiré, por ser el caso que atañe a todos los potenciales electores del país, exclusivamente a las elecciones federales para renovar la Cámara de Diputados. (Las elecciones locales, concurrentes con la federal, merecen otro tratamiento y en ciertos casos resultan mucho más importantes que las federales: Un presidente municipal notoriamente corrupto o incompetente puede fastidiarme más rápida e irremediablemente la vida que un diputado perdido entre 500 y sujeto a una más o menos férrea disciplina de partido. Por ahora, dejemos aparte tales elecciones; me concentraré, pues, en la elección de diputados federales).

 

En México, hoy día y dadas las condiciones en que funciona nuestro sistema político, en la elección de diputados federales estamos ante la opción de elegir, o no, una propuesta de partido. El candidato a diputado considerado como individuo es, en este contexto, totalmente irrelevante. Lo que importa es el partido que lo postula, porque en el 99 por ciento de los casos ese diputado o diputada habrá de votar en el Congreso como le digan los líderes de su partido que deba hacerlo. No importa, en este sentido, si el candidato o candidata es tonto o listo, preparado o analfabeta, importa el partido que lo trata de llevar al Congreso y punto. De ahí, y dicho sea otra vez sin ánimo de ofender a nadie, que resulten ridículos los exhortos a que cada candidato firme o no tales o cuales compromisos. Si firma miente, porque al momento que llegue al Congreso hará –a querer o no– lo que le digan los jerarcas del partido que debe hacer, no lo que dijo que iba a hacer, mentirosa e imprudentemente, estampando su firma ante un notario. ¿Quieren comprometer a los futuros legisladores? Bien, ahórrense tiempo y esfuerzo: Comprometan a los líderes reales –que a veces no son los formales- de cada partido, que ellos harán que “sus” legisladores hagan lo que el partido haya decidido hacer. Punto.

 

Los diputados que logre tener el PAN harán lo que desee el Presidente de la República (que es, para todo efecto, el líder real de ese partido). Los diputados que logre tener el PRI harán lo que quieran que hagan los lideres reales y efectivos de ese partido, que por el momento se llaman Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes quizá, gobernadores del PRI, especialmente los que tienen probabilidades de ser candidatos a la Presidencia de la República, como Enrique Peña Nieto. Los diputados que logren tener el PRD, el PT, Convergencia, harán lo que quiera el iluminado de Macuspana (no lo que quiera Jesús Ortega o la niña de los anuncios electorales; al menos, no mientras no tengan los arrestos para expulsar a López Obrador del PRD) harán lo que mande López (o Ebrard si supera el terror que le tiene al tabasqueño) a menos que quieran quedarse aislados y ser cadáveres políticos.

 

Y así con los demás: Los de Nueva Alianza harán lo que diga la maestra Gordillo. Los del Verde harán lo que digan sus patrocinadores (las televisoras y la familia González Torres) y, si eso no incomoda a sus patrocinadores, lo que digan los líderes reales del PRI.

 

Entonces, ¿de qué se trata en estas elecciones? Pues de votar por uno de los siguientes personajes: Felipe Calderón (voto al PAN), Manlio Fabio Beltrones y/o Enrique Peña Nieto (voto al PRI), Elba Esther Gordillo (voto a Nueva Alianza), Andrés López Obrador (voto al PRD, al PT o a Convergencia), Televisa, TV Azteca y Carso (voto al Verde)… o desperdiciar el voto, anulándolo o votando por una agenda de “socialismo moderno estilo europeo” (PSD) que se va a quebrar a las primeras de cambio.

 

El que menos me desagrada de estos personajes es Calderón. Y si decido acaso votar por su partido sería muy tonto quien pensase que mi voto es una declaración de amor incondicional, una confesión de fe o una mentada de madre al revés. Nada de eso, puro cálculo. Eso es el voto: o es útil o no es.



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

Los ciudadanos tienen el deber de mantener al gobierno, pero el gobierno no tiene el deber de mantener a los ciudadanos.

Grover Cleveland
Entrar
Encuesta de la semana
México es el 10° país con más habitantes en el mundo, tenemos altos índices de obesidad y de diabetes, así como de hipertensión, ¿cuál sería un resultado que pudiera considerarse un éxito en la estrategia implementada por el gobierno federal contra la pandemia de Covid-19?
Artículos recientes...
Isaac Katz
• 188 años
Arturo Damm
• ¿Cambio de postura?
Arturo Damm
• Gobierno neutral
Isaac Katz
• La otra tragedia