LUNES, 20 DE JULIO DE 2009
Inflación y salario mínimo

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“La principal causa de la pérdida en el poder de compra del salario mínimo no es la inflación, sino la manera en la que la CNSM determina el aumento salarial.”


Comenzamos el año con una inflación, medida por el Índice de Precios al Consumidor, IPC, compuesto de 315 genéricos (conjuntos homogéneos de bienes y servicios) en 6.53 por ciento, que terminó junio en 5.64, con tendencia a la baja, y con una proyección (según la encuesta sobre las expectativas de los principales analistas en economía del sector privado, del mes de junio) de 4.37 para fin de año.

 

Además del IPC contamos con el Índice de Precios de la Canasta Básica, IPCB, compuesto únicamente por 80 genéricos, los indispensables, cuya inflación pasó, entre enero y junio, de 8.32 a 6.75 por ciento, y cuya proyección para 2009 es de 5.13 por ciento, también con tendencia a la baja, pero insuficiente desde el punto de vista del salario mínimo.

 

Supongamos que se cumple la proyección de una alza en el IPCB del 5.13 por ciento, ¿qué sucederá con el salario mínimo, al que se le otorgó, de parte de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, CNSM, un aumento nominal de 4.5 puntos porcentuales? Si se combina una inflación de la canasta básica del 5.13 por ciento con un aumento nominal al salario mínimo de 4.5, lo que sucederá es que el incremento real, en términos de poder de compra, del salario mínimo será de menos 0.63 por ciento (4.50 menos 5.13).

 

Esa pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo, producto de que la inflación resulte mayor que el incremento al mismo, es uno de los principales argumentos a favor de una inflación menor, por considerar que, de ser el caso, el poder de compra del salario mínimo se recuperará, lo cual no necesariamente es cierto por una razón muy sencilla: la manera en la que la CNSM determina el aumento a los salarios, en función de la inflación esperada, más unas cuantas décimas de punto porcentual para que, al menos a priori, antes de que empiece a correr el año y a acumularse la inflación, dicho aumento sea positivo, lo cual dependerá, al final de cuentas, del comportamiento de la inflación. Por ejemplo: en los ocho años ya transcurridos del siglo XXI en cuatro, los nones, el aumento al salario mínimo fue positivo, y en los otros cuatro, los pares, fue negativo, habiendo sido el peor año el pasado, con un aumento al salario mínimo del 4.00 por ciento, combinado con una inflación del 6.53, lo cual dio como resultado un aumento real de menos 2.53 por ciento, tomando en cuenta el IPC. ¿Qué pasó si consideramos, en vez del IPC, el IPCB? Que la pérdida de poder adquisitivo fue de 4.32 por ciento.

 

La principal causa de la pérdida en el poder de compra del salario mínimo no es la inflación, sino la manera en la que la CNSM determina el aumento salarial, a partir de la inflación esperada, más unas cuantas décimas de punto porcentual…

 

Por cierto, según datos del INEGI, el 15 por ciento de la población ocupada, 6.5 millones de personas, gana el salario mínimo.

• Inflación / Política monetaria • Salario mínimo

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