MARTES, 21 DE JULIO DE 2009
Impuestos al automóvil

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“El automóvil es, si no el que más, sí uno de los objetos más gravados en México.”


Si por impuesto entendemos, como debe ser, cualquier desembolso obligatorio exigido por el gobierno, el automóvil es, si no el que más, sí uno de los objetos más gravados en México. Comprar, tener y usar un automóvil en México implica, para el automovilista, un conjunto de impuestos que muestran parte de lo que he llamado el engendro tributario.

 

En este país comprar un automóvil se grava, uno, con el Impuesto al valor Agregado; dos, con el Impuesto sobre Autos Nuevos y, tres, con las placas y tarjeta de circulación, todos impuestos, es decir, desembolsos obligatorios exigidos por el gobierno.

 

En este país, una vez comprado, tener un automóvil se grava con la tendencia y los derechos vehiculares que, dicho sea de paso, no son derechos sino deberes, derechos y tenencia vehiculares que, por ser desembolsos obligatorios exigidos por el gobierno, son impuestos.

 

En este país, una vez comprado y tenido el automóvil, usarlo se grava, uno, con la expedición de la licencia de manejar, por la cual hay que pagar; dos, con la verificación vehicular, por la cual también hay que pagar; tres, con el pago del Impuesto al Valor Agregado y el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, cada vez que se le pone gasolina, desembolsos que, por ser exigidos por el gobierno, son impuestos.

 

No sé si me falta algún otro impuesto relacionado con comprar, tener y usar un automóvil (impuesto definido como todo desembolso exigido por el gobierno, llámesele o no impuesto, y páguesele a quien se la pague), pero hasta aquí tenemos ocho impuestos distintos, es decir, ocho desembolsos diferentes relacionados con comprar, tener y usar un automóvil, multiplicación de impuestos al automóvil que debería avergonzar a los encargados de redactar las leyes tributarias en este país, que no son otros más que nuestros legisladores.

 

La petición de los representantes de la industria automotriz para que se elimine la tenencia y el Impuesto sobre Autos Nuevos, independientemente de la razón por la que la piden, apunta en la dirección correcta, ya que todos los bienes y servicios, desde una cajetilla de cerillos hasta un automóvil, deben gravarse con un solo impuesto, y a la misma tasa en todos los casos, evitándose impuestos especiales, como es el caso, por citar los dos más conspicuos, de la tenencia y el Impuesto sobre Autos Nuevos, en el caso de los automóviles, que resultan ser las mercancías más gravadas del país, de tal manera que comprarlos, tenerlos y usarlos deviene, en materia de impuestos, en un robo con todas las de la ley, como no puede dejar de serlo el cobro de ocho impuestos distintos que gravan la misma mercancía.

 

La tenencia, que se introdujo en 1965, y que iba a ser un impuesto temporal para financiar las Olimpiadas de México 68, es la muestra de que, como lo decía Milton Friedman, no hay nada más permanente que un impuesto temporal. Por cierto, durante la campaña electoral del 2006 Calderón prometió su derogación. ¿Cumplirá lo prometido?

• Política fiscal

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