LUNES, 27 DE JULIO DE 2009
Más deuda, menos gasto ó mayores impuestos

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“Ante la actual crisis fiscal que se viene para México sólo hay tres acciones posibles: ó se endeuda más el gobierno, ó recortan gasto público populista ó de plano nos imponen ya nuevos impuestos y siguen su fiesta populista.”


No hay de otra amigo lector, ante la actual crisis fiscal que se viene para México sólo hay tres acciones posibles: ó se endeuda más el gobierno (indeseable porque ello significa mayor riesgo país e impuestos más altos para todos los mexicanos en el mediano plazo), ó recortan gasto público populista (desde el gobierno federal y llegando hasta los gobiernos estatales y municipales -ah cómo nos cuesta a los contribuyentes mexicanos mantener a la burocracia parasitaria de buena parte de los estados de la República) ó de plano nos imponen ya nuevos impuestos y siguen su fiesta populista (lo más injusto, pues somos los contribuyentes los que mantenemos toda esa clase se gastos populistas innecesarios en buena medida).

 

Yo no entiendo al gobierno federal, si buena parte de su presupuesto no es flexible (sueldos y pensiones de médicos, maestros y policías), entonces por qué el Presidente Calderón está empeñado en proseguir creando programas populistas como el de subsidiar a quienes cambien su carcacha por un auto nuevo, y ya no digamos todo el paquete multimillonario que cuestan los subsidios al campo y a los energéticos. Políticamente ya vimos, de nada le sirvieron estos subsidios populistas.

 

El Secretario de Hacienda ha mostrado ya preocupación e incluso ha ido hacer cabildeo a EU con las calificadoras internacionales de deuda soberana para que al menos en el corto plazo no nos bajen de calificación. Bien, pero de nada sirve si el jefe mayor, el Presidente Felipe Calderón, no decide corregir los excesos en que ha caído el gasto público que ejerce su administración.

 

Ya vimos cómo recientemente el informe de la CONEVAL muestra un deterioro en la pobreza de los mexicanos, un deterioro ciertamente explicable por los altos precios de los alimentos en los últimos dos años, pero que también, y sobretodo, muestra que hay políticas públicas que deben corregirse, como son los subsidios regresivos que les llegan a los que tienen más poder político y económico en el campo. Ahí están los estudios, si el Presidente Calderón no corrige, la soberbia la terminarán pagando otra vez los mexicanos más pobres.

 

Y los más patéticos, los diversos gobernadores (como siempre encabezados por el rey populista Marcelo Ebrard) ya están chillando y amagando con dizque recortar programas “sociales.” Vaya cinismo, se la han pasado gastando en toda clase de programas populistas electoreros. Se acabó la borrachera petrolera y no se aguantan la resaca. Ah, pero eso sí, jefes de gobierno como Ebrard anuncia que cancela la construcción del metro, pero que prosigue con sus múltiples subsidios populistas (pomposamente llamados sociales), sí, ese de pan y circo con que mantiene hipnotizado a buena parte de los defeños. Pobres capitalinos.

 

Esta crisis es una oportunidad para no sólo realizar una seria reforma fiscal, sino sobre todo, en materia tributaria, a perfeccionar y corregir los excesos del gasto público (y por favor, que se acompañe de sanciones a los servidores públicos que incurran en esta falta, sino será letra muerta) y que incluya un federalismo serio.

 

Ya antes lo he señalado y dada las actuales circunstancias no vacilo en repetirlo:

 

El gobierno federal debe insistir en compartir mayores responsabilidades de recaudación con los estados y municipios, que el federalismo no sólo incluya mayores transferencias de recursos del gobierno federal, sino también que los gobiernos locales asuman mayores responsabilidades de recaudación.

 

Si los gobiernos locales dependen de manera excesiva de las transferencias del gobierno nacional, se genera una serie de distorsiones como el uso ineficiente de los recursos públicos al no enfrentar las autoridades locales los costos de generar ingresos. Al romper el vínculo entre fuentes de ingreso y objeto de gasto se afecta incluso el desarrollo del proceso democrático, lo cual tiene impacto sobre la efectividad del gasto público. Esto se debe a que dichas autoridades no enfrentan directamente los costos asociados a la recaudación. Para evitar este problema, es necesario que al menos en el margen, el gobierno estatal o municipal tenga que corregir sus excesos de gasto público (cobrar o mejorar su recaudación y ello implica cobrar impuestos que no cobran y cuya tarea se le carga a la federación) para crear un compromiso estrecho entre la autoridad y los ciudadanos.

 

Con un federalismo serio, estado de la República que se endeude irresponsablemente, estado que tendrá que asumir los costos políticos al tener que subir impuestos sin poder recurrir al rescate de la federación. Estados que se comporten con disciplina fiscal, podrán cobrar bajos impuestos y mantener crecimiento económico positivo, lo que se premia en las urnas. Ese es el auténtico y responsable federalismo fiscal.

 

Ojalá haya cambios serios. Por lo pronto PRI y Partido Verde al parecer se inclinan por la opción más arriesgada: reducir impuestos, aumentar el gasto público y el endeudamiento. Cuidado señores, esto ya se tradujo -en el pasado reciente- para México en crisis financieras desastrosas.

 

Ya veremos si reina la cordura, el orden económico, ó una vez más se impone el populismo fiscal destructivo.

• Reforma fiscal

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