LUNES, 10 DE AGOSTO DE 2009
Subsidios: ¿Orientados a la productividad?

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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Arturo Damm







“Los "subsidios orientados a la productividad" son, ni más ni menos, una contradicción. De hecho no existen. De hecho no pueden existir.”


Leí, el viernes pasado, en la página electrónica de un periódico, que, en opinión de los representantes del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, así como de la firma de consultoría Ernst & Young, que “la caída de los ingresos petroleros y tributarios en 2010 hace impostergable la revisión de los subsidios y la eliminación de aquellos que no estén orientados a la productividad…”, subsidios orientados a la productividad que son, ni más ni menos, una contradicción. De hecho no existen. De hecho no pueden existir.

 

Los subsidios, sobre todo cuando se otorgan a la oferta de algún bien o servicio, son la muestra más clara de que la producción, distribución, comercialización y venta de la mercancía en cuestión es improductiva, es decir, que el precio que los consumidores están dispuesto a pagar por ella no alcanza para cubrir su costo de producción, incluida la ganancia normal del empresario, razón por la cual, si esa mercancía ha de permanecer en el mercado, debe ser subsidiada, lo cual supone obligar a los contribuyentes a subsidiar la oferta de una mercancía que, como consumidores, no están dispuestos a financiar en el mercado, comprándola al precio necesario para que la producción, distribución y comercialización de la misma se lleve a cabo sin la necesidad del subsidio.

 

Llegados a este punto se puede argumentar que hay que distinguir entre mercancías de primera necesidad, y el resto, y que solamente en el caso de las primeras, ¡precisamente por ser de primera necesidad!, se justifica el subsidio, es decir, que se obligue al contribuyente a pagar lo que el consumidor, libremente, no está dispuesto a pagar, todo lo cual obliga a la siguiente pregunta: ¿Qué tan necesaria resulta una mercancía por la cual el consumidor no está dispuesto a pagar el precio que, por lo menos, cubre su costo de producción?

 

Los subsidios no son causa de productividad en la oferta de bienes y servicios, sino efecto, producto de una decisión política, de la improductividad en la producción, distribución, comercialización y venta de mercancías, cuyo resultado es, uno, mantener una mala asignación de factores de la producción, ¡contraria a la valoración de los consumidores! Dos, obligar a los contribuyentes a subsidiar la oferta de una mercancía que, como consumidores, no están dispuestos a financiar libremente en el mercado, ¡contrario a los derechos de los contribuyentes! Tres, echarle dinero bueno al malo, con el costo de oportunidad que ello genera, ¡contrario a la economía!

 

No hay subsidio que se justifique desde el punto de vista económico, razón por la cual, desde el momento en el que los hay, su causa se encuentra en la justificación política de los mismos: se subsidia porque es lo políticamente correcto, por más que eso, lo políticamente correcto, desde el punto de vista económico sea, ¡siempre!, erróneo. Se subsidia porque, los receptores del subsidio, son mejores negociantes de privilegios gubernamentales (y eso, un privilegio gubernamental es cualquier subsidio), que productores de bienes y servicios. El subsidio forma parte de la economía ficción.

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