VIERNES, 21 DE AGOSTO DE 2009
Ejército como policía

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“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Sergio Sarmiento







“Sería imposible que una fuerza policial de estas dimensiones no tuviera problemas de violación de los derechos humanos. Esto es especialmente cierto si consideramos que el enemigo es muy poderoso y cuenta con enormes cantidades de recursos.”


Por una parte el Ejército ha empezado a lograr éxitos cada vez mayores en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. No sólo ha habido más y más importantes detenciones que en el pasado, sino que las confiscaciones han pasado de simples cargamentos de drogas a importantes laboratorios de droga sintética como el encontrado la semana pasada en Tamazula, Durango, el cual se encontraba en un terreno de 240 hectáreas.

 

Al mismo tiempo, sin embargo, las protestas por abusos de las fuerzas armadas crecen a un ritmo constante. Cada vez son más frecuentes las acusaciones por violación a los derechos humanos en contra del Ejército, hasta ahora la institución del Estado mexicano que ha mantenido una mejor imagen frente a los ciudadanos.

 

No es éste el primer sexenio en que se emplea el Ejército en la lucha contra el narcotráfico. Por lo menos desde los años ochenta las fuerzas armadas han participado de manera activa en este esfuerzo. De hecho, el general Jesús Rebollo fue nombrado en los años noventa coordinador del ya desaparecido Instituto Nacional del Combate a las Drogas. Su suerte, sin embargo, revela los riesgos de colocar a las fuerzas armadas al frente de este esfuerzo. El general Gutiérrez Rebollo fue detenido en 1997 por presuntos lazos con el narcotraficante Amado Carrillo Fuentes y desde entonces permanece en la cárcel.

 

La gran diferencia en la actualidad es que el Ejército no participa sólo de forma ocasional en la lucha contra el narco o aportando a algunos mandos medios y altos. Sus actividades como cuerpo policial se han hecho permanentes. De hecho, la Secretaría de la Defensa Nacional cuenta con 45 mil soldados en las calles llevando a cabo acciones de policía. La Sedena tiene una nómina total de 200 mil personas, pero si se elimina el personal administrativo la tropa se reduce a unos 100 mil. Esto quiere decir que el Ejército está dedicando casi la mitad de sus efectivos a labores de policía.

 

Sería imposible que una fuerza policial de estas dimensiones no tuviera problemas de violación de los derechos humanos. Esto es especialmente cierto si consideramos que el enemigo es muy poderoso y cuenta con enormes cantidades de recursos. Por eso quizá sea natural que se hayan venido acumulando denuncias por violaciones a los derechos humanos perpetradas por miembros del Ejército.

 

El alto mando del Ejército ha tratado de lidiar con estas faltas y ha colaborado con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Pero no ha querido aceptar que los militares responsables de dichos abusos sean juzgados en tribunales civiles. Así, si bien los soldados están realizando una labor civil de policía, y están violando derechos de civiles y no de otros militares, son juzgados por tribunales militares en lugar de civiles. Y los tribunales militares sólo de forma excepcional castigan a militares.

• Drogas • Derechos humanos

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