LUNES, 31 DE AGOSTO DE 2009
Los parásitos del presupuesto

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“Los parásitos del presupuesto público se disputan año con año los recursos que los contribuyentes ganan con mucho esfuerzo. La razón: la indefinición de los derechos de propiedad del presupuesto público.”


En los últimos días hemos presenciado el “jaloneo político” por el presupuesto público. Sí, desde gobernadores, alcaldes, secretarios de estado, rectores universitarios, líderes sindicales, del campo y de la industria, todos y cada uno pidiendo, exigiendo su parte del pastel presupuestario. No importa que el próximo presupuesto sea limitado, cada uno de estos actores no perderá la oportunidad de chupar lo más que pueda del presupuesto público. Abandonar la condición de parásito, es imposible, aún en épocas de crisis.

 

Otros, también dependientes de la dádiva gubernamental, llaman ya a emprender un plan de “emergencia económica.” Conminan al gobierno a reducir gastos, a reducir burocracia, pero ocultan sus verdaderas intenciones: que dichos ahorros vayan a parar a sus bolsillos.

 

Qué tragedia amigo lector, pero así es como los parásitos del presupuesto público se disputan año con año los recursos que los contribuyentes ganan con mucho esfuerzo. La razón: la indefinición de los derechos de propiedad del presupuesto público.

 

La mayoría de los contribuyentes vemos con naturalidad la obligación de pagar impuestos, pero pocos, muy pocos se ocupan por exigir cuentas, por exigir resultados transparentes. Y ello es porque en lo individual, cada uno cree que su aportación al Erario es pequeña y por tanto no es digno exigir cuentas. Brutal engaño. En el conjunto, los contribuyentes somos el sostén de los vividores del presupuesto. Con la caída en la plataforma de exportación petrolera y precio, los contribuyentes cautivos son la salida de los parásitos del presupuesto. Lo triste es que los contribuyentes no somos conscientes de nuestra propiedad: los recursos públicos. Éstos les llegan a los políticos como caídos del cielo, y que ante la ausencia de reglas claras para el uso de los recursos del Erario, se vuelven locos con toda clase de proyectos populistas, cuyos costos finalmente recaen en los contribuyentes. El círculo perverso perfecto.

 

Sólo en la medida en que se creen mecanismos que doten de poder político a los contribuyentes, es que parará la sangría. Sólo en la medida en que el contribuyente sepa que el gobierno es su sirviente (vive de su bolsillo) y no al revés, es que cambiará el orden de cosas. Pero mientras los parásitos del presupuesto estén mejor organizados, gocen de poder político, los contribuyentes seguiremos siendo simples instrumentos de sus políticas paternalistas.

 

Veo cómo hay un afortunado creciente número de periodistas que sacan a la luz los excesos presupuestales en que caen varios legisladores. Sin embargo, la mayoría de estos periodistas, sin querer, dan fuerza a los chupa sangre del presupuesto. Cada vez que escucho a un periodista “progre” hablar sobre que la necesidad de que el Estado atienda a pobres y desamparados, a madres solteras, a indígenas, a estudiantes, a campesinos, a empresarios, etc., sólo generan el ambiente propicio para que se creen toda clase de subsidios irresponsables, toda clase de burocracias onerosas y parasitarias, toda clase de grupos privados chupa sagre, que lejos de ayudar a las personas pobres, sólo termina en uso y abuso de los recursos públicos escasos.

 

No estoy únicamente culpando a los periodistas. Los señalo por el poder de difusión que entre el público pueden tener sus erróneas ó acertadas ideas.

 

La gente en general (y ello incluye a los periodistas) es víctima de la educación socialista que mama desde la cuna hasta la tumba.

 

A menudo los ciudadanos se oponen a los altos impuestos, pero sin querer, se contradicen al exigir que el Estado sea niñera, educador, vigilante médico, cirquero, dador de recursos para tal ó cual grupo, forjador de artistas y deportistas, etc. Por cierto, ojalá los lectores -me incluyo- adquieran y lean el nuevo libro de Arturo Damm, Gobierno, ¿héroe ó villano? que versa sobre el estado paternalista y sus consecuencias.

 

Con esta mentalidad, los mexicanos favorecemos que existan cada vez más y más parásitos del presupuesto. Nos quejamos, los criticamos duramente, pero muchas veces ignoramos, que en nuestro proceder paternalista, incentivamos a crear un “Estado Frankenstein,” que sólo nos devora y carcome el bolsillo con altos impuestos, y lo peor, un Estado que termina por obstaculizar la actividad productiva y violar las libertades individuales fundamentales.

 

En un próximo artículo abordaré los candados que se pueden poner para evitar el dispendio, el uso y abuso del gasto público. Por lo pronto no se le olvide al lector, en la medida en que los mexicanos queramos que el Estado nos procure de la cuna a la tumba, los parásitos del presupuesto público abundarán. Es una regla de oro.

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