MIÉRCOLES, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2009
La madre de todos los errores

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Roberto Salinas







“La cultura de catastrofismo ha sido un caldo de cultivo para justificar toda una gama de programas de estímulo.”


Los episodios de crisis suelen ser momentos de oportunidad— oportunidad de hacer ajustes necesarios y “limpiar la grasa” que ocasionó el colapso del sistema, pero también de afianzar controles sobre la libertad de elección de los ciudadanos.

 

A un año del desastre de Lehman Brothers, y el profundo ajuste que se desató en meses posteriores, la sabiduría convencional ha insistido que esta recesión es la peor desde los años 30s. La cultura de catastrofismo ha funcionado como un caldo de cultivo para justificar toda una gama de programas de estímulo, así como las nuevas modalidades de intervención, ahora bautizadas en el leguaje macroeconómico como “macro prudential regulation.”

 

Allan Melzter ha subrayado que, si bien esta crisis tiene dimensiones severas, dista mucho de ser equiparada con la Gran Depresión. La caída en el producto real ha sido de casi 4%, mientras que la crisis de los 30s fue de arriba de 18%. El desempleo ahora es de casi 10%, en los 30s fue de 20%. Y, la caída en la actividad industrial se ha ubicado en 16%, la mitad de lo que se dio hace siete décadas.

 

No existe duda que esta crisis ha ocasionado grandes daños y distorsiones en el poder de compra y en el proceso económico general. Empero, Melzter advierte que, si sobredimensionamos el problema, podemos cometer graves errores en las políticas que se instrumenten para remediar el dolor.

 

Esto ha pasado, al parecer, con el remedio favorito—los gigantescos programas de estímulo fiscal (y monetario) que se han venido elaborando desde el otoño pasado. Hoy, varios voceros de la administración de Obama insisten que se necesita, todavía, un paquete de estímulo adicional.

 

Esto, todo, suena políticamente correcto—más aun en un clima de expectativas  lleno de incertidumbre. Pero estos “estímulos” conllevan un espejismo, de compensar la pérdida real de riqueza con un aumento artificial en los medios de pago. La burbuja bursátil es reflejo de agentes que procuran estacionar este exceso de liquidez.

 

Si es así, se está compensando el efecto de la crisis con una nueva burbuja, con ello dando lugar a otro rompimiento en unos años. Por otro lado, como dice Melzter, el enfoque debe centrarse sobre políticas que faciliten la productividad y reduzcan costos de transacción (y, de paso, una reducción agresiva de la expansión monetaria).

 

De otra forma, estaremos, de nueva cuenta, en el umbral de la madre de todos los errores.

• Crisis / Economía internacional

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