MARTES, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Rose Friedman

¿Usted cree que es una buena idea que sean Pemex y la Secretaría de Energía quienes construyan una refinería?
No
No sé



“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Pedro Schwartz







“Como admirador de la persona y de la obra de Rose, quiero dejar constancia de su paso por la mansión del liberalismo clásico.”


(AIPE)- El 18 de agosto de 2009 murió Rose Director Friedman, tres años después del fallecimiento de su marido, el gran economista Milton Friedman. Como admirador de la persona y de la obra de Rose, quiero dejar constancia de su paso por la mansión del liberalismo clásico. Precisamente en estos días echamos de menos la ayuda que ella y su marido podrían habernos prestado en los debates motivados por la crisis actual: ellos habrían sabido señalar que la profundidad del crack que hemos sufrido no se debe a los excesos del capitalismo a la americana, que ahora está de moda denunciar, sino a un cúmulo de errores cometidos por las autoridades monetarias y políticas del mundo desarrollado.

 

Guy Sorman nos ha recordado la broma que George W. Bush, al entregar la Medalla de la Libertad a Milton Friedman, gastó a la pareja diciendo que Rose era la única persona en este mundo que había salido victoriosa de una polémica con Milton. He oído en Madrid recientemente a su hijo David Friedman describir la atmósfera de continuo intercambio de ideas en el hogar de los Friedman, en el que nadie recurría al argumento de autoridad. Las diferencias iniciales nacían a menudo de que Rose era la más radical en su confianza en la libertad económica. Tras detallados intercambios de opinión, solían llegar a un acuerdo, pero a menudo la postura final estaba más cerca de la inicial de Rose. Sabemos que los esposos Friedman sólo en una cuestión mantuvieron la discrepancia sin ceder ninguna de las partes: la II Guerra de Irak, a la que Milton se oponía y que Rose apoyaba. Su matrimonio duró 68 años y fue felicísimo. Aún tengo en la memoria la imagen de Milton y Rose bailando un foxtrot en la reunión del cincuentenario de la fundación de la sociedad Mont Pèlerin: diminuta estatura, ingrávidos y armoniosos, su compenetración era la expresión ideal del amor conyugal.

 

“Los dos somos economistas pero no somos competidores”, dijo Rose en alguna ocasión. Su fuerte personalidad no le impidió seguir fielmente la vida profesional de su marido. Cada vez que Milton tuvo que marcharse a otra ciudad por motivo de trabajo ella dejó el suyo. “Era yo lo suficientemente inteligente para saber que él era el más inteligente de los dos”. Con una reflexión típica de alguien que entendía el principio de la división del trabajo en la familia, añadió: “Él era el principal generador de los ingresos de nuestro hogar. Su profesión era la importante. Pero nunca me sentí dejada de lado; creo que gran parte de su éxito me es atribuible a mí”. ¡Bienes complementarios!

 

Rose Friedman contribuyó sobre todo a la parte más práctica de la obra por la que su marido fue galardonado con el Premio Nobel en 1976. Cierto es que, recién casados, colaboró en el acopio de datos estadísticos para lo que luego sería el libro quizá más científico de Friedman, el de la Función de consumo (1957). Sin embargo, las obras que firmaron juntos fueron de carácter aplicado o biográfico.

 

La primera publicación conjunta fue la de Capitalismo y libertad (1962). En la página de título de ese libro señala Milton que lo escribió “con la colaboración de Rose Friedman”. Así relanzaban una línea de argumentación que ahora parece evidente, pero casi había desaparecido en la primera mitad del siglo XX: que el capitalismo no sólo fomenta la prosperidad sino que sobre todo es la base necesaria de la libertad personal en todos los órdenes. Muchos años más adelante, en 1980, Rose fue coautora de Libertad de elegir (1980), el libro que recogió y amplió los diez episodios de la serie del mismo nombre para la televisión. Conseguí que esta serie se proyectara traducida al español en TV2 en 1981. El escándalo que produjo en España fue mayúsculo, incluso entre las filas de UCD, el partido entonces gobernante. Me impusieron que cada episodio fuera seguido de un debate en el que participaran también enemigos de la libertad de mercado. No crean que los representantes de la entonces naciente CEOE se mostraron entusiastas del capitalismo: los que hablaban en nombre de los empresarios no salían del “ni tanto ni tan calvo”. No ha habido forma de emitir esta serie otra vez este año, cuando nos inundan otra vez con falacias keynesianas y socialistas. Lean por lo menos el libro en la reciente reedición de la editorial Gota a Gota.

 

Aún más oportuno para los tiempos que corren es La tiranía del status quo (1984), también producto de la colaboración entre los esposos Friedman. Se enfrenta este libro con una paradoja del liberalismo clásico. El capitalismo ha sido extraordinariamente beneficioso para la humanidad, como lo demuestra el aumento de prosperidad y la reducción de las desigualdades en todas las partes del mundo en que no han fallado los Estados. Pero entonces, ¿por qué es tanta la resistencia a llevar a cabo las reformas liberadoras? En el más pesimista de sus libros, el matrimonio Friedman analizaba los trucos y mecanismos que usan quienes detentan el poder político, sindical y empresarial para mantener sus privilegios a costa del procomún.

 

En la última producción del matrimonio Friedman, fue Rose la que llevó la voz cantante. Se trata de Dos personas con suerte (1998), el libro de memorias contado por ambos a dos voces. Publicó Rose en Japón un libro de diez capítulos sobre Milton. Decidieron transformarlo en una encantadora autobiografía. Así sabemos el detalle de cómo Milton, que nació en Nueva York, era descendiente de inmigrantes judíos ucranianos. Rose llegó a Portland con su familia de judíos también ucranianos cuando ya tenía dos años. La historia del progreso de estos descendientes de inmigrantes desde la más angustiosa pobreza hasta la prosperidad y la fama pertenece a otros tiempos, en los que los pobres progresaban en EEUU por el esfuerzo y el estudio. El hermano mayor de Rose, el economista Aaron Director, le pagó los estudios y la inscribió en la Universidad de Chicago. Allí se encontró con Milton, su compañero de curso en la clase de Jacob Viner. Fue estudiante doctoral con Frank Knight y trabajó con Milton en Washington, en una agencia del New Deal, recogiendo estadísticas sobre el consumo. Floreció así una amistad que, tras un prolongado y respetuoso noviazgo, acabó en matrimonio seis años después, una unión a la que se comprometieron “hasta que la muerte nos separe”. ¡Hermosa historia!

 

___* Profesor de la Universidad San Pablo CEU, Madrid.

© www.aipenet.com

 

• Liberalismo

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus