MARTES, 6 DE OCTUBRE DE 2009
1968 y nuestros días

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Hay que persistir en educar, reformar a las mentes jóvenes que son presa fácil de la doctrina marxista. El marxismo en las aulas es el mayor peligro contra la libertad.”


En 1968 México vivía una tragedia doble: la dictadura priísta perfecta y la creciente ideologización comunista cuyo dominio era ya total en las áreas de ciencias sociales de las principales universidades públicas. El polvorín perfecto.

 

¿Qué saca a miles de estudiantes y profesores a protestar contra un sistema político rancio? Por un lado, los sesentas fueron un grito por más libertades (a nivel mundial), pero por otro fueron una etapa llena de excesos, drogas y libertinaje. Por supuesto, los comunistas no dejarían escapar la época y se aprestaron a, desde la Unión Soviética (¿por qué en ese imperio militar no supimos de rebeldía juvenil? Sencillo, cualquier movimiento era aplastado y ocultado, a diferencia de las democracias de occidente) planear el golpe para socavar a las democracias (ó a las dictaduras al estilo priísta) e imponer la dictadura comunista.

 

El conflicto llevó al enfrentamiento entre estudiantes (algunos de ellos armados) y grupos paramilitares entrenados por Luis Echeverría (irónicamente era un dictador priísta que simpatizaba con el socialismo; su época fue de “socialismo a la mexicana”). También está el hecho de varios de los líderes del movimiento universitario, que recibían instrucciones desde la Habana y Moscú. El resultado final acabó en una tragedia con estudiantes asesinados (el número es aún polémico). De los líderes estudiantiles nada, como lo ha señalado Luis Pazos.

 

Esos aciagos días ya pasaron, pero el veneno comunista, el sofisma marxista se sigue impartiendo en algunas normales para maestros y en áreas de ciencias sociales de la mayoría de las universidades públicas de México y América Latina. La revolución socialista sigue en pie y es un verdadero peligro para la libertad. Increíble, pero aún hay fanáticos marxistas que siguen testarudos, sin entender que en donde se ha abolido la propiedad privada, en donde se ha coartado la libertad de expresión, en donde se ha mutilado la libertad de intercambiar, en donde se han implantado los “paraísos socialistas,” al final sólo miseria y pobreza imperan. Increíble, pero cierto.

 

Ahora que el gobierno quiere cobrar más y más impuestos es hora de eliminar financiamiento público que va dirigido a las causas subversivas. El apoyo chavista a grupos comunistoides debe perseguirse con labores policiales de inteligencia.

 

Aunque estos grupos son minoritarios, por su agresividad no dejan de ser un peligro para la libertad de los mexicanos. Ahí está el estudiante de la UAM (y al parecer con vínculos con Lucía Moret) involucrado en recientes ataques a empresas privadas.

 

Una tragedia para México (y peligro latente) sería que llegara al poder presidencial un político al estilo de López Obrador, y en general de la izquierda mexicana, que simpatizan con los enemigos de la libertad.

 

Hay que terminar con estos grupos subversivos. Una manera es la inteligencia policial. La otra está en las aulas. Hay que persistir en educar, reformar a las mentes jóvenes que son presa fácil de la doctrina marxista. El marxismo en las aulas es el mayor peligro contra la libertad.

• 2 de octubre

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