MARTES, 6 DE OCTUBRE DE 2009
La mano peluda

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
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No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“El gobierno tiene que sacar su “mano peluda” de la economía y limitarse a garantizar los derechos privados de propiedad y que los mercados, todos, sean competitivos. Ya es tiempo de reconocer que la “mano peluda” siempre será más ineficiente que la “mano invisible”.”


Uno de los grandes principios de la teoría económica, establecido con claridad por Adam Smith en su obra Investigación sobre la Naturaleza y Causa de las Riqueza de las Naciones, es que dada la escasez de recursos a la que se enfrenta cada uno de los individuos que componen la sociedad, está en el interés de cada uno de ellos asignarlos a aquella actividad en la cual se espere obtener el mayor rendimiento posible ya que ello es lo que permite generar el ingreso que a su vez será utilizado para adquirir aquellos bienes que permitirán satisfacer algunas de las necesidades de los individuos y de sus familias. La persecución de este interés egoísta, en donde cada quién asigna los recursos de su propiedad en función de las ventajas comparativas que posean, es lo que lleva a que sea a través del mercado que los diferentes individuos cooperen entre sí.

 

Es esta “mano invisible” la que permite, cuando los derechos privados de propiedad están eficientemente definidos y protegidos y los mercados de bienes, servicios y factores de la producción operan en un contexto de competencia, que se maximice el bienestar individual y se tienda a maximizar, simultáneamente, el bienestar de la sociedad en su conjunto. La evidencia internacional al respecto es abrumadora. Aquellos países en donde impera la libertad que tienen los individuos para asignar los recursos de su propiedad en mercados competitivos, son simultáneamente los países en los que se observan los mayores niveles de desarrollo económico.

 

Al respecto, en el Índice de Libertad Económica elaborado por la Fundación Heritage, México tiene un puntaje de 65.8 de 100 posibles, situándose en el lugar 49 de entre 179 países. Los límites a la libertad económica en nuestro país se derivan, básicamente, del excesivo intervencionismo del gobierno. La “mano peluda” del gobierno impide que la “mano invisible” opere eficientemente.

 

Esta “mano peluda” queda claramente establecida en la aberración que es el artículo 25 de la Constitución que establece que corresponde al Estado (sic) la rectoría del desarrollo nacional, señalando que “el Estado (nuevamente sic) planeará, conducirá y orientará la actividad económica nacional y llevará a cabo la regulación y fomento de las actividades que demande el interés general”. Es esta visión, en donde se le otorga primacía al gobierno por sobre los individuos, por sobre la libertad individual, en la búsqueda de una quimera que es el “interés general” que ha llevado a que el gobierno intervenga en áreas que efectivamente no le competen, ha derivado en que el gobierno, con esa idea equivocada de que puede planear y conducir la actividad económica haya distorsionado prácticamente todos los mercados, estableciendo todo un conjunto de incentivos que inhiben la creación de riqueza y el desarrollo económico. La consecuencia está a la vista de todos: una economía que no crece, un país con una altísima incidencia de pobreza y con una de las distribuciones del ingreso más inequitativas del mundo.

 

El gobierno tiene que sacar su “mano peluda” de la economía y limitarse a garantizar los derechos privados de propiedad y que los mercados, todos, sean competitivos. Ya es tiempo de reconocer que la “mano peluda” siempre será más ineficiente que la “mano invisible”.

• Intervencionismo

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