JUEVES, 15 DE OCTUBRE DE 2009
Carter, cómplice del socialismo del siglo XXI

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“La democracia y los demócratas, en vez de ser tratados con respeto, deberían ser abiertamente despreciados y ridiculizados, pues son verdaderos fraudes morales.”
Hans-Hermann Hoppe

Johana Vera







“Es preocupante que para el proceso de restablecimiento de las relaciones entre Ecuador y Colombia se haya decidido por la OEA y el Centro Carter en calidad de mediadores, cuando un hecho que ambas organizaciones no representan garantía de imparcialidad. Su cercanía con los gobiernos afines al socialismo del siglo XXI ha resultado demasiado evidente, convirtiéndolas en verdaderos cómplice del debilitamiento de la democracia y la pérdida de libertades en varios países.”


Como parte del restablecimiento de las relaciones entre Ecuador y Colombia se ha aceptado la propuesta de mediación de la OEA y del Centro Carter en el nombre de la “imparcialidad” y la búsqueda del diálogo. Se apela entonces a la intervención de entidades que han perdido toda credibilidad para poder llevar un proceso de esta naturaleza. Sólo basta recordar el pésimo manejo que ha dado la OEA, liderada por José Miguel Insulza, a la crisis política en Honduras, donde siguió el juego dirigido por Hugo Chávez y sus amigos del socialismo del siglo XXI. El centro Carter tampoco ha sido un referente de “imparcialidad” y aunque en recientes declaraciones Jimmy Carter haya admitido sentirse “decepcionado” de Hugo Chávez, para los venezolanos es demasiado tarde, su omisión en objetar eventos electorales de gran relevancia lo ha hecho cómplice de la implementación del régimen autoritario en el vecino país.

 

El Centro Carter, fundado por el ex presidente de los Estados Unidos, se ha convertido en cómplice de quienes hoy imponen el socialismo del siglo XXI en toda América latina. Pese a su abierta simpatía con personajes de la calaña de Fidel Castro, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales, pocos analistas han objetado el pretendido rol de Carter como “garante de la transparencia” de elecciones que tienen lugar en naciones esclavizadas por sus amigos personales.

 

Según la descripción de su página web, el centro Carter tiene la misión de prevenir y resolver conflictos fortaleciendo la libertad y la democracia. A través de su programa de las Américas, el centro ha extendido sus tentáculos en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador; es decir, en todos y cada uno de aquellos países en los que a través de fraudulentos procesos electorales e impresentables artimañas políticas, la izquierda ha necesitado desnutrir las instituciones políticas y consolidar “democráticamente” el socialismo del siglo XXI, enmascarando gobiernos con instituciones doblegadas ante la figura presidencial.

 

Son varias las ocasiones en las que Carter ha participado “avalando” los procesos electorales en América del Sur. Uno de los casos más recordados por los venezolanos fue el proceso de referéndum revocatorio que se realizó el 15 de agosto del 2004, en donde a pesar de que las encuestas a boca de urna daban un claro triunfo a la oposición, Hugo Chávez pudo ratificarse en el cargo. El centro Carter se encargó de certificar la legalidad de dicho proceso haciendo caso omiso a las denuncias de que el sistema de voto electrónico no había sido validado. Investigaciones posteriores de consultores independientes avalados por el International Statistical Institute (ISI) demuestran con rigurosidad científica la imposibilidad del triunfo del chavismo en el referéndum del 2004. Carter terminó avalando un proceso en el que se aplicó el recuento electrónico de votos contratado con Smartmatic Corporation, cuyos principales accionistas son cercanos al gobierno del presidente Chávez.

 

En lo que respecta a Bolivia, Carter no ha ocultado su simpatía con el mandatario Evo Morales, de quien incluso ha aceptado una invitación personal a cosechar hojas de coca durante su próxima visita. La fundación Carter ya ha firmado un convenio para asistir como “observador” en el proceso de empadronamiento biométrico para las elecciones de diciembre próximo, donde el presidente boliviano se postula a la reelección. El modelo que se implementará está basado en la experiencia venezolana, y la empresa adjudicada para el proceso de implementación fue NEC de Argentina, la que curiosamente tiene una “alianza estratégica” con Smartmatic Corporation. La presencia del padrón biométrico, la falta de independencia del Tribunal Nacional Electoral y el vínculo con Smartmatic de Venezuela, constituyen por sí mismas una certera garantía de fraude electoral que Carter ha sido contratado para disipar.

 

En Ecuador, el centro Carter ha avalado los procesos para el referéndum constituyente en septiembre del 2008, y las últimas elecciones del 2009, donde como nunca en la historia se tardaron más de dos meses en proclamar los resultados oficiales. Aunque en Ecuador aún no se ha instalado totalmente el voto electrónico, miembros del consejo electoral han confirmado que en caso de implementarse, tendrá como base el modelo venezolano. De acuerdo a los estudios posteriores realizados por la Escuela Superior Politécnica (EPN), en las últimas elecciones presidenciales, la tecnología utilizada por el Consejo Nacional Electoral (CNE) fue inadecuada, favoreciendo en su mayoría a los candidatos del movimiento oficialista Alianza País. Entre las muchas recomendaciones, los técnicos de la EPN sugirieron no contratar a la empresa Smartmatic para la lectura electrónica de votos.

 

Está claro que Jimmy Carter y su fundación no representan una observación imparcial de los procesos electorales en América Latina, ya que a pesar de las denuncias realizadas y las demostraciones científicas, no ha sido capaz de poner en tela de duda la “transparencia” con la que se han llevado a cabo los comicios electorales y en las que sus “amigos” han logrado consolidar el poder para imponer la agenda del socialismo del siglo XXI.

 

Por lo anteriormente expuesto, resulta verdaderamente preocupante que para el importante proceso de restablecimiento de las relaciones entre Ecuador y Colombia se haya decidido por este tipo de organizaciones en calidad de mediadores.

 

Es un hecho que tanto la OEA como el Centro Carter no representan garantía de imparcialidad. Aunque ahora Jimmy Carter pretende mostrar cierta “decepción” con el mandatario Venezolano, su cercanía con los gobiernos afines al socialismo del siglo XXI ha resultado demasiado evidente, convirtiéndolo en verdadero cómplice del debilitamiento de la democracia y la pérdida de libertades en los mencionados países.

• América Latina

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