Pesos y contrapesos
Oct 19, 2009
Arturo Damm

¿Y la monetaria? (IV)

Estoy consciente de que la reforma monetaria ideal seguirá pendiente, y que el sistema monetario actual seguirá vigente, pero ello no quiere decir que, dentro de los límites de ese sistema, no se puedan introducir cambios que apunten en la dirección correcta. Propongo dos...

Mucho se habla de las reformas fiscal, laboral y energética, pero poco se habla de la monetaria que, ante los pobres resultados en materia de inflación, resulta indispensable. Cierto, hoy la inflación es menor que hace diez años, y hace diez años ya era menor que hace veinte, pero una cosa es que la inflación sea menor y otra que se haya logrado la preservación del poder adquisitivo del dinero: entre enero de 2001 y agosto de 2009 se acumuló una inflación del 46 por ciento.

 

La reforma monetaria ideal debe dar como resultado la sustitución del sistema monetario actual, basado en el dinero fiduciario, ofrecido monopólicamente por los bancos centrales, e impuesto por ley como único dinero de curso legal, por aquel del dinero – mercancía, ofrecido de manera competida por emisores privados, con la libertad de los agentes económicos para elegir el dinero que más le convenga. La reforma monetaria ideal debe sustituir el papel por la plata, el monopolio por la competencia, la imposición por la libertad.

 

Estoy consciente de que la reforma monetaria ideal seguirá pendiente, y que el sistema monetario actual seguirá vigente, pero ello no quiere decir que, dentro de los límites de ese sistema, no se puedan introducir cambios que apunten en la dirección correcta. Propongo dos.

 

Primero, quitarle al Banco de México la triple tarea de fijar la meta de inflación, practicar la política monetaria para conseguir esa meta, y medir la inflación, debiendo de ser uno (un consejo monetario) el que defina dicha meta, otro (el banco central) el que practique la política monetaria, y otro más (el INEGI) el que mida la inflación.

 

Segundo, eliminar la discrecionalidad del banco central para manipular la cantidad de dinero que se intercambia en la economía, para lo cual conviene adoptar la regla monetaria de Milton de Friedman que, sin ser lo ideal desde el punto de vista absoluto,  sí lo es para los sistemas monetarios basados en el dinero fiduciario, ofrecido monpólicamente por bancos centrales, e impuesto por ley como único dinero de curso legal, ya que dicha regla determina el porcentaje en el que, año tras año, debe aumentar la cantidad de dinero, con el fin de preservar su poder adquisitivo, para lo cual se requiere que la misma no aumente más de lo que se incrementa la oferta agregada, compuesta por la producción interna (PIB) más las importaciones. A partir de esta condición para la preservación del poder adquisitivo del dinero Friedman propuso que la cantidad de dinero aumente (o disminuya), cada año, en un porcentaje igual al que aumentó (o disminuyó) la oferta agregada, por ejemplo, en los últimos cinco años, con lo cual la tendencia será hacia la preservación del poder adquisitivo del dinero: algunos años habrá inflación, otros deflación, contrarrestándose unos con otros. Y lo más importante: se elimina la discrecionalidad del banco central en materia de política monetaria.

 

No todo es reforma fiscal, laboral o energética. La monetaria también es importante y, en una de esas, más importante.



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