El Econoclasta
Oct 27, 2009
Isaac Katz

La tragedia

La propuesta que envió el Presidente a los diputados en materia tributaria consistió en parches para cuadrar las cuentas. Si la propuesta carecía de esta visión de largo plazo, lo que se vio en la Cámara de Diputados es realmente para preocuparse; éstos eliminaron una de las pocas propuestas con sentido que era el impuesto del 2% a las ventas, sustituyéndolo con una variedad de gravámenes adicionales y un mayor déficit que lo único que generan son mayores distorsiones. Lo que observamos en la Cámara de Diputados es una absoluta falta de visión de Estado, una verdadera irresponsabilidad que amerita que los corramos a todos. Cuando los senadores le corrijan “la plana” a los diputados, ¿no sacarán algo todavía peor?

México es el país de las oportunidades perdidas y por eso estamos como estamos, experimentando año tras año un desempeño económico notoriamente mediocre.  Y ahora, nuevamente, se nos fue la oportunidad de realizar una profunda reforma fiscal.

 

Todos sabemos que los ingresos tributarios que el gobierno federal recauda a través de los diferentes impuestos vigentes son estructuralmente débiles y que es necesario fortalecerlos, más aun cuando los ingresos generados por la explotación del petróleo serán cada vez menores. El diagnóstico del por qué esa debilidad estructural es muy claro, como es igual de claro qué reformas son necesarias hacer para que el gobierno tenga una base tributaria más sólida y menos dependiente del petróleo. A pesar de ello, y de entrada, la propuesta que envió el Poder Ejecutivo a la Cámara de Diputados en materia tributaria consistió básicamente de parches con el único objetivo de lograr que las cuentas presupuestales cuadraran para el próximo año; nada con una visión de largo plazo. No había prácticamente nada en la propuesta que eliminara todos los huecos y distorsiones que tiene el diseño tributario vigente, particularmente los regímenes especiales de tributación tanto en el ISR como en el IVA y lograr ampliar la base de contribuyentes; la propuesta prácticamente no tenía nada que fortaleciera estructuralmente los ingresos tributarios, nada que alineara los incentivos que surgen del diseño tributario con el objetivo de promover el trabajo, el ahorro y la inversión, nada que alineara los incentivos con el objetivo de incentivar el crecimiento económico.

 

Y si la propuesta carecía de esta visión de largo plazo, lo que se vio en la Cámara de Diputados es realmente para preocuparse. Habiendo tenido la propuesta desde el 7 de septiembre la dejaron dormir y, como ya es habitual, la dictaminaron, modificaron y aprobaron en el último momento, eliminando una de las pocas propuestas con sentido que era el impuesto del 2% a las ventas, sustituyéndolo con una variedad de gravámenes adicionales y un mayor déficit que lo único que generan son mayores distorsiones. Lo que observamos en la Cámara de Diputados es una absoluta falta de visión de Estado, una verdadera irresponsabilidad que amerita que los corramos a todos.

 

Y ahora viene el tercer acto en la tragedia tributaria mexicana: lo que vayan a hacer en el Senado de la República. En esta tragedia, el público (los contribuyentes) que observan desde las tribunas, han mostrado su enojo y están a punto de convocar a una revuelta tributaria. ¿Qué van a hacer los senadores? Si rechazan el aumento del IVA así como el impuesto a las telecomunicaciones, ¿con qué van a cubrir el faltante? ¿Se irán por un mayor aumento en el ISR, matando prácticamente a los contribuyentes cautivos? ¿Se irán por un déficit todavía más elevado que con certeza implicaría una degradación de la calificación de la deuda del gobierno mexicano hasta quizás perder el grado de inversión? Cuando le corrijan “la plana” a los diputados, ¿no sacarán algo todavía peor?

 

Y falta todavía el acto final: la discusión del presupuesto, en donde lo que menos le importará a los diputados es la eficiencia del gasto público. Como cualquier tragedia, está para llorar.



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