LUNES, 1 DE MARZO DE 2010
Es hora de decidir: Planificación central, libre mercado ó tercera vía

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Es crucial que los gobernantes de México den una clara señal del sistema económico que quieren: planificación central, economía de libre mercado ó la llamada tercera vía.”


Es crucial que los gobernantes de México den una clara señal del sistema económico que  quieren: planificación central, economía de libre mercado ó la llamada tercera vía.

 

Recordemos en qué consisten estos tres arreglos económicos.

 

El sistema de planificación central es inspirado por el socialismo marxista. En un sistema de planificación central son los burócratas del gobierno quienes planean toda la actividad económica. Desde un escritorio se decide qué producir, cuánto producir y para quien producir. No existe un sistema libre de precios, pues es el gobierno quien los impone arbitrariamente. Ello origina sobreproducción, ó su extremo, escasez.

 

En un sistema de planificación central los gobernantes le dictan a los gobernados cómo  ahorrar, invertir, producir, distribuir y consumir. Así las cosas, ningún particular es libre de emprender, producir e intercambiar, pues no existe la propiedad privada sobre los medios de producción. Cualquier intento de acumulación de capital y/o propiedad por parte de un particular es condenado y brutalmente aplastado por el gobierno.

 

Los países que se han regido por este sistema han resultado severamente dañados no sólo económicamente, sino en las libertades más esenciales, pues los burócratas disponen de todos los medios de comunicación y dan ó no permiso a las personas de opinar, pensar o moverse de un lugar a otro. Irse a otro país es virtualmente imposible, pues los burócratas otorgan rara vez permiso para viajar, incluso dentro de la misma nación en la que rige la planificación centralizada. Tener una opinión distinta a los burócratas dictadores puede costar la vida misma.

 

La Unión Soviética fue el modelo a seguir dentro de este tipo de sistema económico. De lo poco que este imperio militar dejaba ver, se sabía de algunos los cuellos de botella creados por los burócratas. Por ejemplo, si los burócratas planeaban maximizar la producción de alimentos, muchas veces el resultado era la pudrición (si es que lograban producción máxima) por falta del transporte adecuado. Asimismo, la calidad de los bienes de consumo era un desastre. Piezas mal ensambladas, tallas no adecuadas para los consumidores, colores horribles y en general productos defectuosos, mal hechos y escasos. Por ejemplo, conseguir papel sanitario, sacar unas copias fotostáticas, llevaba varios días. Tener buena calefacción ó conseguir una buena televisión sólo era privilegio de los altos jerarcas del partido comunista. Éste fue el pan de cada día de los entonces soviéticos.

 

El colapso de la Unión Soviética dejó claro el fracaso de los sistemas económicos centralizados: hambrunas, millones de asesinados, desastre ambiental profundo (por cierto, quienes critican al capitalismo por ser contaminante, se les olvida que fueron los países de planificación central quienes más dañaron al medio ambiente; les pegó la llamada tragedia de los bienes comunes, en donde como  la naturaleza es de “todos,” nadie se ocupa de cuidarla, y si en cambio de usarla y abusarla) y seres humanos mediocres, conformistas, acostumbrados a que el Estado tomara todas las decisiones por ellos.

 

Otros ejemplos de mediocridad de planificación central son las dictaduras cubana y de Corea del Norte; éste último país padece de hambrunas cíclicas. Eso sí, como todas las naciones socialistas, armada hasta los dientes; poco importa si la gente se muere de hambre.

 

En base a la experiencia histórica es que con seguridad lo afirmamos, países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua no van rumbo al socialismo del siglo XXI, sino al abismo y a la miseria.

 

López Obrador, el PT y Convergencia, y no pocos perredistas, son partidarios de este nefasto sistema económico. Que no les de vergüenza y que lo digan abiertamente a los mexicanos.

 

Vayamos ahora a la economía de libre mercado.

 

En una economía de libre, libre mercado, son los particulares, las personas las que deciden ahorrar, emprender, producir, distribuir  y consumir. Esta es la esencia del llamado capitalismo libre. No confundir con el capitalismo de estado (planificación central finalmente) ó el capitalismo de compadres (oligarquías que se traducen en colusiones entre el poder económico y político y que aplastan el derecho de elección de los consumidores). El gobierno se limita a proteger a los derechos naturales de los seres humanos como el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad privada. Asimismo, hay una sólida arquitectura institucional que garantiza que los contratos que rigen a los intercambios entre los agentes económicos sean plenamente respetados. En caso contrario, el sistema jurídico es eficiente para castigar cualquier asesinato, robo, fraude y abuso en general.

 

Los sistemas de libre mercado son superiores en la asignación eficiente de recursos a cualquier sistema inventado por el hombre, como lo es la planificación central. La razón es que en los sistemas de libre mercado la propiedad privada se respeta plenamente. Así, y en un contexto de buen funcionamiento de los precios, el libre mercado castiga cualquier exceso. Si alguien decidió mal y produjo en exceso una mercancía (no previó bien cómo satisfacer las necesidades de sus semejantes), en vez de podrírsele, enfrentará una caída en el precio, lo que le obligará a ajustar su producción. Caso contrario, si alguien produce una  mercancía en cantidad insuficiente, el mercado le dará la señal y se le pagará un precio elevado, lo que incentivará a ajustar la producción al alza.

 

El sistema de libre mercado es muy sencillo, pero los economistas matemáticos lo han vuelto difícil de entender, lo que ha beneficiado a los socialistas y social demócratas.

 

El sistema de libre mercado es el más compatible con la libertad humana. En los países en donde han florecido dichos sistemas hay progreso y altos niveles de vida. Los ciudadanos pueden viajar a cualquier país y en general son educados para ser emprendedores.

 

Las personas inteligentes (lo que incluye a marxistas arrepentidos) ya se dieron cuenta de que la planificación central no sólo no funciona, sino que es un atentado contra la libertad humana como lo es el acto espontáneo de intercambiar y poseer. Algunos marxistas arrepentidos y conscientes del daño que han causado a la humanidad se han vuelto liberales y ahora son celosos predicadores de las bondades del libre mercado. Bien por ellos.

 

El problema es que hay tercos, intelectuales y políticos, que aunque ya les “cayó el veinte” de que la planificación central lleva al fracaso económico, no confían en el libre mercado, en el capitalismo libre; la razón, no le entienden al intercambio económico que se realiza en los mercados libres. Así, proponen soluciones tramposas como las llamadas “terceras vías” en donde si bien se respeta la propiedad privada sobre los bienes de producción, hay un súper intervencionismo, en materia de salud, educación y seguridad social.

 

Los países que han seguido este modelo son los europeos en general y algunos asiáticos como Japón. Estos países se caracterizan por brindar protección de la cuna a la tumba. Se caracterizan por tener estados obesos, altísimos impuestos y toda una red burocrática que asfixia el hacer negocios. Los mercados laborales son súper rígidos, de tal modo que el desempleo es también altísimo. La “tercera vía” es una patraña que obstaculiza la libertad económica.

 

Quienes defienden la llamada cobertura médica  universal, salario mínimo universal, más redistribución del ingreso (más limosnas para los pobres que para nada los hará superar su miseria), más hospitales y escuelas de gobierno, más y más bancos de desarrollo, son seguidores de la tercera vía ó social demócratas (la palabra correcta debería ser social burócratas).

 

Éste es el modelo que sigue el PAN desde que gobierna México hace 10 años. Si bien el PAN es menos estatista que el PRI y PRD (por eso sigo sin entender las alianzas perversas del PAN) está claro que no persigue una economía de libre, libre mercado. Y lo peor, tampoco ha combatido el capitalismo de compadres que le heredó el PRI en sus más de 70 años de poder presidencial.

 

Como dice un liberal clásico, “ni en la cartera ni en la bragueta.” El PAN prosigue en su terquedad de redistribuir la riqueza (bolsearme vía impuestos para darle dinero a un parásito, ó peor aún, a una trasnacional) y metiéndose en la relación amorosa entre las personas.

 

Si el Presidente Calderón se regocija de juntarse con asesinos socialistas como los hermanos Castro, Chávez u Ortega, allá él. El problema es que detrás de estos gestos en realidad se oculta un izquierdista al estilo de Zapatero ó Lula. Nada que ver con la derecha al estilo de Uribe y recientemente Piñera.

 

Es hora de que el PAN se pronuncie por lo que quiere para México: libre mercado, planificación central ó tercera vía en combinación con capitalismo de compadres. Como sospecho que es esto último lo que el PAN desea (se siente muy cómodo), que lo declare sin vergüenza alguna, y ya los electores decidiremos qué hacer.

• Libertad económica • Intervencionismo • PAN

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