LUNES, 22 DE MARZO DE 2010
Por quién doblarán (pronto) las campanas

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Mercado significa libertad para producir y libertad para consumir. Atacarlo es atacar la autonomía de la voluntad.”
Antonio Escohotado


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“En la época de Franco decía una nova cançó catalana más o menos así: “A veces es necesario y forzoso que un hombre muera por un pueblo, pero jamás será admisible que un pueblo muera por un hombre solo. Recuerda siempre esto, Sefarad.””


En la época de Franco decía una nova cançó catalana más o menos así: “A veces es necesario y forzoso que un hombre muera por un pueblo, pero jamás será admisible que un pueblo muera por un hombre solo. Recuerda siempre esto, Sefarad.”

 

Conforme a los más elementales principios que ordena la ética de la doblez, y siguiendo sus usuales y clamorosos mandatos, sólo se vale criticar al que no es de mi religión, mi ideología o mi partido. Según esa simple norma, se podía criticar a Franco y a su dictadura de 37 años pero no a Fidel y Raúl Castro con su dictadura de 51.

 

No sé si Granma o Juventud rebelde llamen pirrurris a las damas de blanco golpeadas por la policía cubana, siguiendo la señera tradición de deturpar a los opositores, como merecimos más de un millón un domingo de 2004. En el DF contra la inseguridad, en Cuba por la libertad. Algún opinador supondrá que ellas merecen los golpes si critican a un régimen que —como también la República Democrática (sic) Popular de Corea— no acata al imperio. Además, los derechos humanos no son para los gusanos. O las gusanas.

 

Tiene mucho de cómico contemplar las reacciones de alguna senadora de impronunciable nombre y de la prensa afín a la antigua práctica política que sigue la ética de la doblez. Los opinólatras y comunicadores que aprendieron el catecismo de 1848 y 1917 no pueden aceptar imperfección alguna en él. Necesitan justificar lo que jamás aceptarían si lo hiciese su adversario.

 

¿Muere en huelga de hambre Bobby Sands en 1981, y luego varios compañeros suyos presos en Belfast? Fidel Castro monta en cólera e indignación y declara esto que hace inscribir en un monumento en La Habana a aquellos miembros del IRA:

 

“La tozudez, la intransigencia, la crueldad, la insensibilidad ante la comunidad internacional del gobierno británico frente al problema de los patriotas irlandeses en huelga de hambre hasta la muerte, recuerda a Torquemada y la barbarie de la inquisición en plena Edad Media. ¡Tiemblen los tiranos ante hombres que son capaces de morir por sus ideas, tras 60 días de huelga de hambre! Al lado de este ejemplo ¿que fueron los tres días de Cristo en el calvario, símbolo durante siglos del sacrificio humano? ¡Es hora de poner fin, mediante la denuncia y la presión de la comunidad mundial, a esa repugnante atrocidad!”

 

Ante idéntico suceso en una cárcel de La Habana, hoy no opinan igual los fanáticos religiosos marxistas y los menopáusicos de la revolución cubana. Raúl Castro (emulando a Díaz Ordaz y a Margaret Thatcher) declara que Orlando Zapata no era preso político sino criminal común. Quienes critican a los tiranos Castro por su crueldad, intolerancia, tozudez y barbarie, son agentes del imperialismo.

 

El gobierno mexicano, no sé por qué, teme a esos opinadores cuando apapacha a Raúl Castro en Cancún mientras moría Orlando Zapata. Aunque muevan a risa los devaneos de nuestra “izquierda” justificando los crímenes de su compadre, mueve a vergüenza ver un gobierno con miedo de tocar a ese gobierno con su curiosa manera de exigir autodeterminación y no intervención y de aplicar el derecho ajeno a la vida y a la libertad.

 

Los Castro bien harían en remojar barbas y bigotes y temer al encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con su vida, al alumbrarse con pálidos reflejos el fin de hondas horas de dolor para su pueblo. Son 51 años de realidades visibles al contemplar los edificios ruinosos en el centro de La Habana, la abiertísima y muy batistiana prostitución, los transportes por vía animal, la generalizada pobreza y la nueva división en clases sociales —turistas y cubanos—. Pero sobre todo, la palpable y visible ausencia de libertad.

 

Ah, pero lleva el pueblo obrero y guajiro 51 años en el poder. Bien se sabe que cuando la clase obrera llega al poder, el derecho de huelga no es necesario. Tampoco la libertad para opinar o votar. Lo ha dicho Gabriel Zaid: “Cuando el pueblo está en el poder, ya no hace falta consultar al pueblo. Basta consultar al poder.”

 

Conviene a los cubanos recordar a Rumania. Cuando la gente no regresó a casa y siguió protestando en la calle, la también stalinista y carnicera pareja dictatorial Nicolae y Elena Ceausescu cayó bajo el mismo paredón que tantas veces (como Fidel) habían utilizado. Hoy, con la huelga de hambre de Guillermo Fariñas y más presos políticos, si siguen reprimiendo gente en las calles, los esclavistas no podrán subsistir por mucho tiempo. Doblarán campanas por tantos caídos en el paredón y por dos generaciones perdidas a cambio del enriquecimiento y poder de un solo hombre. Y repicarán porque un pueblo podrá ya respirar libremente.

 

• Cuba

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