LUNES, 22 DE MARZO DE 2010
7 mitos laborales muy arraigados en los políticos

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“Al momento de escribir este artículo, he revisado un poco de la propuesta de reforma laboral panista. Por un lado aparecen cosas deseables como el evitar los abusos que hacen líderes sindicales con los salarios caídos, lo que incentiva el perversamente recurrir a huelgas injustificadas. ”


 

Al momento de escribir este artículo, he revisado un poco de la propuesta de reforma laboral panista. Por un lado aparecen cosas deseables como el evitar los abusos que hacen líderes sindicales con los salarios caídos, lo que incentiva el perversamente recurrir a huelgas injustificadas. En este tenor aparecen también como deseables la exigencia de rendición de cuentas por parte de los sindicatos, especialmente los corruptos y mafiosos que pertenecen al gobierno.

 

Por otro lado aparecen propuestas de prohibición de trabajo de menores y “regular” el trabajo doméstico. Se proponen modificar más de 400 artículos sin dañar “los derechos” de los trabajadores. Se proponen cambios sin afectar el artículo 123 referido al trabajo.

 

También se incluye eliminar la aberrante la llamada cláusula de exclusión (declarada ilegal por la propia corte) que obliga a las empresas a contratar a trabajadores miembros de un solo sindicato.

 

No sé, no me queda claro que haya una verdadera reforma sino se modifica el socialista artículo 123. Sin embargo, creo que hay aspectos positivos que pueden mejorar el funcionamiento del mercado laboral mexicano. Ojalá no terminen creando los legisladores algún tipo de “monstruote laboral.” Siempre que legislan me da escalofrío. Ya tendremos espacio para discutir la propuesta con más detalles.  Por lo pronto aprovecho para esclarecer algunos mitos laborales:

 

Mito 1. El salario mínimo es necesario para garantizar un nivel de bienestar digno de los trabajadores. Este mito está muy arraigado entre los políticos de todo el mundo. Se trata, como de costumbre, de ignorar los principios básicos de cómo funciona una economía de mercado. Los salarios jamás deben fijarse por decreto. Si un burócrata desde un escritorio decide cuál es la remuneración correcta mínima de un trabajador, la probabilidad de equivocarse es prácticamente de 1. Por ejemplo, aquellos legisladores que se quejan tanto de lo bajo del salario mínimo mexicano (de poco menos de 1600 pesos, dependiendo de la región del país), ¿por qué no crean un decreto para que no suba uno, dos ó tres pesos, sino algo “decente,” digamos que suba a 3000 pesos? Ups, no quiero dar ideas perversas. Para empezar, en México  más de dos terceras partes de la población gana más del mínimo. Sólo aquellas personas con baja escolaridad ganan el salario mínimo, por lo que tienen que verse obligados a realizar otro trabajo para subsistir (puede ser en la economía informal). Dado que más del 80% del trabajo es demandado por pequeñas y medianas empresas (la papelería de la esquina, el taller mecánico, la tortillería, la pequeña zapatería, el changarro de la cuadra, el súper de la colonia, etc.) obligarlas a pagar 3000 pesos sería contraproducente para el empleo de los que menos estudios tienen. Salarios mínimos altos, que inflan los costos laborales, provocan desempleo. Para el pequeño comerciante ó productor, pagar por encima de la productividad de una persona no es negocio, por lo que es mejor no contratar a más personas ó de plano despedir. La evidencia empírica en economía es abundante; los salarios mínimos causan desempleo y terminan afectando a los que menos estudios tienen. Por cierto eso de “regular” al trabajo doméstico ojalá no incluya obligaciones de salario mínimo y carga de “seguridad social” para los empleadores. O peor aún, la creación de un nuevo sindicato de trabajadores domésticos. Ello afectaría a la clase media y provocaría el despido de miles de personas asalariadas con el trabajo doméstico, tal y como sucede en Francia, en donde es un verdadero lujo tener a alguien que lave ó planche.

 

Mito 2. Las personas de “antes” eran más trabajadores, por eso hoy estamos jodidos. Falso de toda falsedad. Nuestros abuelos tenían ciertamente jornadas laborales promedio de 12 horas. Hoy la jornada promedio es de 8 horas. A ver, en primer lugar no son los decretos gubernamentales los que han reducido la carga laboral. Es la productividad, es decir, producir más en un tiempo determinado. Hoy día con el ordenador en la mano, una hora de trabajo de una persona rebasa por mucho a lo realizado por un trabajador “de antes” que necesitaba varias horas para lograr el mismo resultado. Las sociedades que más prosperan no trabajan más, al contrario, dado el bienestar que han alcanzado, sus horas de esparcimiento (ocio) dedicado a viajar ó entretenimiento es mayor. Hoy hay personas que en el internet ganan en 2 horas lo que una persona en algún sector tradicional de la economía que trabaja reglamentariamente 8 horas al día. En EU después de las 5 de la tarde es raro ver a alguien trabajando (en el sector servicios). En México no es raro ver a personas trabajando hasta las 10 de la noche. No es que seamos más trabajadores que los gringos, la razón es que somos menos productivos. Las horas de trabajo deben ser libremente seleccionadas por empleador  y empleado y en donde el criterio que domine sea el de la productividad.

 

Mito 3. Los sindicatos garantizan salarios más altos. Si esto se compara con los trabajadores no asalariados la conclusión puede ser verdadera. Sin embargo, cuando esto sucede, como en México, el costo es el de menor creación de empleos. Los costos laborales altos, resultados de las jugosas prestaciones sindicales encarecen los precios de las mercancías y provoca que las empresas contraten a menos personas.  Asimismo, si comparamos los ingresos promedio de los trabajadores estadounidenses con los europeos, veremos que la productividad y los ingresos son mayores en EU. Aunque en EU existen algunos sindicatos muy poderosos, sólo el 18% de la fuerza laboral está afiliada a un sindicato; en Europa la afiliación a un sindicato promedia el 70% de la fuerza de trabajo (en algunos países hasta el 80%). No son pues los sindicatos la causa de que se generen mayores ingresos. Al contrario, los sindicatos contribuyen a inflar los costos laborales lo que crea desempleo e inflación. 

 

Mito 4. Es necesario que los gobiernos se aseguren que haya salarios “justos.” Otra vez un mito parecido al de los salarios mínimos. No existen salarios “justos” (al igual que precios justos). Los salarios en un mercado libre se determinan por interacción de la oferta y demanda de trabajo. Sólo hay dos maneras correctas de que los salarios suban. Que haya escasez de mano de obra, ó que haya muchas empresas demandando trabajadores de todo tipo de calificación.  Por supuesto, la educación y la capacitación en conjunción con la innovación tecnológica crean un círculo virtuoso que incentiva que haya más y más salarios altos. Así ha sido el caso de India, China y los llamados tigres asiáticos. Es la productividad estúpidos, no el gobierno determinando qué salarios son los correctos.

 

Mito 5. Una parte del salario se lo apropia el capitalista (plusvalía), por lo que es necesario redistribuir el ingreso ó bien obligar a las empresas (caso México) a ceder parte de sus utilidades a sus trabajadores. Esta interpretación falaz pertenece a la escuela marxista, y es compartida por la enorme mayoría de los políticos socialistas mexicanos y latinoamericanos. En México el socialista artículo 123 atenta contra los derechos de propiedad de los empresarios. La remuneración del factor capital es la tasa de interés pagada; la remuneración del factor trabajo es el salario; la remuneración del factor tierra es el pago por arrendamiento; la remuneración del empresario (que es quien arriesga) se llama utilidad. Cuando un empresario es bueno, las utilidades son altas y viceversa. Cuando un empresario es bueno, alienta a sus empleados uno, con alzas salariales, ó dos, con bono por resultados. Los empresarios malos no suelen hacer esto, por lo que pierden a los empleados más eficientes; muchas veces terminan quebrando (a menos, claro, que el gobierno los rescate como suele suceder en México). Obligar al empresario a ceder parte de sus utilidades es  aberrante, y el reparto de utilidades no es más que un vil impuesto. Los salarios más altos siempre han sido parte de los países de libre mercado. Los países con regímenes marxistas, al contrario, sólo  han generado salarios paupérrimos (ver el caso de Cuba ó Corea del Norte). Los países en que no existe “reparto de utilidades,” pero sí una “alta redistribución del ingreso,” se caracterizan por impuestos altísimos que terminan castigando a los más pobres a través de desinversiones, transferencias de fábricas a otros países (como está ocurriendo en EU y que se exacerbará por el socialismo de Obama), y despidos masivos. Los salarios más altos siempre se encontrarán en los mercados libres (donde es la productividad la que manda y no la antigüedad ni la grilla) y jamás se alcanzan por la intromisión de los políticos y burócratas.

 

Mito 6. El factor trabajo es lo más importante en el proceso productivo. Pensar que el factor trabajo es lo que más valor agregado genera, es pensar como en el siglo XIX, que es la época a la que Marx perteneció. El factor más importante en la generación de valor agregado es el capital humano, lo que no se circunscribe al factor trabajo sino a  las personas, que van desde el trabajador motivado, hasta el empresario talentoso, por supuesto, también están incluidos los aciertos de los gerentes e ingenieros. Alguna vez un torpe candidato a la presidencia en México (el peje pues) comentó que si llegaba al poder, decidiría que las carreteras la construyeran en su mayor parte trabajadores con un mínimo de máquinas. A nuestro político le faltaría más leer al Capital de Carl Marx. El factor capital (máquinas, herramientas e infraestructura) es un bien complementario al factor trabajo. Esa percepción de que las máquinas desplazan a los trabajadores es un viejo mitote decimonónico que no se cumple. Hoy los países con más acervo de capital (más capital por trabajador) son los que más empleo y salarios altos registran. La maquinaria y el equipo jamás  son un bien sustituto del factor trabajo. Al contrario, entre más capital, más productivo son los trabajadores. Piense el lector en la productividad de un maestro que usa como herramienta la computadora y uno del siglo pasado que no tenía acceso a bienes como el ordenador y el internet. ¡Con el peje una carretera se hubiera construido en un siglo!

 

Mito 7. Lo más importante es el empleo. No, lo más importante no es el empleo, sino las personas. Lo que implica que son las personas a las que se debe proteger mediante leyes que hagan fácil el despido y contratación de las mismas. Querer-como los políticos creen- mantener pleno empleo permanente es una aberración económica. En la economía las preferencias de los consumidores y la tecnología cambian con el tiempo. Querer a toda costa que el empleo no cambie es una estupidez. Hoy por ejemplo, con la llegada de la computadora hay menos gente empleada en el sector de máquinas de escribir. La razón es que hoy se demandan más computadoras y por ello ha disminuido el empleo en la producción de máquinas de escribir y ha aumentado en el sector de la informática. Que no se olvide, el incentivo de contratar disminuye a medida que aumente el costo de despedir. Por ello es bueno dar un plazo a las empresas para que evalúen si el empleado es adecuado ó no. No hacerlo, por la vía de liquidaciones onerosas e injustas para el empresario, sólo propicia contrataciones por “abajo del agua” ó peor aún, una menor creación de empleos respecto del potencial de la economía.

 

Por razones de espacio aquí concluyo. Pero no se nos olvide, mitos laborales que propician leyes que inhiben la creación de empleos, perjudican severamente el crecimiento económico y el costo es para generaciones enteras, el costo es para los más jóvenes y los que menos tienen. Los ricos ó emigran ó tienen palancas para las mejores chambas. Que no lo olviden los legisladores

 

• Reforma laboral

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