JUEVES, 27 DE MAYO DE 2010
11. En el asiento de los Himalayas

¿Usted cree que la economía mexicana crecerá este año 2% como asegura López Obrador?
No
No sé



“La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria.”
Alberto Benegas Lynch (h)

Fernando Amerlinck







“Salimos de Varanasi, India, a través de un pésimo aeropuerto, donde sufrimos los embates de la implacable burocracia india y de su manera de interpretar los controles de seguridad al turista.”


Katmandu, Nepal — Salimos de Varanasi, India, a través de un pésimo aeropuerto, donde sufrimos los embates de la implacable burocracia india y de su manera de interpretar los controles de seguridad al turista. Pero nada que ver con Katmandú, donde para salir nos cachearon físicamente nada más tres veces, vaciaron mi equipaje de mano dos veces luego de haberlo visto con rayos X una vez, y pasaron todo el equipaje bajo rayos X. A un escalador de montañas delante de mí le deshicieron su mochila, incluso su tienda de campaña, ante la atónita mirada de su dueño. Y antes de subir a la escalerilla al avión pusieron un tejabán para una nueva revisión a equipajes de mano. No sé si por cosas así, todos los vuelos originados en India y Nepal salieron con retraso.

¿Pero qué importancia tiene eso si se puede entrar a un país budista con templos y pagodas únicos en el mundo? ¿Qué importa, si estamos pisando el mismo suelo que se convierte en la cordillera que es cima del planeta?

Un agrimensor inglés recibió la consigna de hacer un levantamiento topográfico de aquella tremenda cordillera llamada Himalaya, y encontró gigantescas alturas. Hay 14 picos que rebasan los 8,000 m, y de ellos, 8 están en Nepal. Aquél topógrafo encontró que uno de esos picos, llamado Sagarmatha, era el más alto de todos.

Eventualmente se sabría que la altura del Sagarmatha (que curiosamente quiere decir “cabeza del mar”) era de 8,848 m pero como la cordillera sigue creciendo, y oficialmente se ha determinado que ya mide 8,850. El topógrafo llamado George Everest se hizo famoso porque los ingleses decidieron cambiar el nombre de esa tremenda y picuda montaña en homenaje a uno de los suyos.

Esta cifra me impresionó, a mí que leía con emoción de muy niño las historias del neozelandés Edmund Hillary y su hazaña de escalar el Everest: en febrero y marzo de 2010, doscientos sesenta escaladores de ambos sexos llegaron a la cima. ¡260! La técnica de ascensión está tan dominada que el gobierno de Nepal cobra un mínimo de 50,000 dólares de impuesto a quien quiera escalarlo en grupos de siete o menos, incluyendo a los sherpas (alguno de los cuales ha llegado 16 veces arriba). Es una raza especial, los sherpas, cuyos pulmones está científicamente probado que son de mucha mayor capacidad.

Los impuestos sirven, entre oras cosas, para disuadir a los escaladores bisoños, que estorban a los alpinistas serios además de que dejan basura deportiva en las alturas. Como no quieren cargar tanto, van dejando recuerdos y equipo que a la postre acaba resultando un serio problema para futuras expediciones.

Tuvimos la fortuna de conseguir un vuelo para mirar desde bastante cerca la cordillera de los Himalayas, con un sol envidiablemente claro y un cielo azulísimo, a diferencia del generalmente neblinoso Katmandú. El Everest, el cerro más picudo, se ve desde arriba entre dos cumbres inmensas, todas ellas con nombre nepalés.

Nepal es como México: un país con magníficos monumentos históricos, y pésimo gobierno. Cuando depusieron al rey hace apenas año y medio, luego de que un miembro de la familia real enloqueció y los mató casi a todos de un jalón incluyéndose él mismo, nombraron a 601 diputados que se dedican a pelearse por el queso y el poder, 26 partidos políticos y sólo 44 ministros; ¿de qué nos quejamos en México?

Claro, los servicios urbanos son terribles.  Se nota que, como en México, funcionaba mejor la franquicia constructiva anterior porque las obras modernas simplemente no funcionan en términos de basura, calidad de los edificios, baches, señalización y para qué seguir. Nepal procura modernizarse y parcialmente lo logra, pero los conflictos de tránsito son espantosos (una manifestación nos detuvo más de una hora y nos hizo llegar tarde al mayor templo budista de Katmandú).

A Nepal se va a visitar los monumentos antiguos, y de estos los hay a mansalva en zonas específicas. En el centro de Katmandú, y en las vecinas ciudades de Bakhtapur y Patan, los monumentos tienen una peculiaridad extraordinaria: están cubiertos de madera de teca, exquisitamente tallada; oscura, finísima, y generalmente centenaria. Hay un templo en Bakhtapur, el más alto de todos, que siguen llamándolo de los hippies, porque aquellos extraños contemporáneos míos iniciaron la costumbre de viajar a Nepal para allegarse drogas que en esos tiempos se conseguían allí con suma facilidad. Probablemente también entusiasmaban a los hippies, como a quien mire de cerca, las imágenes del Kamasutra que aparecen talladas en la madera y que recuerdan a las tallas de piedra en Kahjuraho.

Los nepaleses son gente amable, y como en todos los países que hemos visitado, muy religiosa, fundamentalmente budista pero con una gran presencia hindú. Como el 20% de la población es de indios, que han llegado del norte de su país buscando mejorar un poco su nivel de vida.

Los monumentos budistas son con mucho los más espectaculares, porque acá sí creen en Buda como un dios que mira para todas partes, y cada uno de los cuatro lados de las pagodas tiene un par de ojos pintados, para dejar encima la típica forma de pagoda con trece círculos concéntricos que se elevan al cielo como parte de la vía budista para la liberación.

Alrededor de las pagodas hay cilindros llenos de oraciones, que los caminantes giran en el sentido del reloj para que esas oraciones asciendan hacia el infinito y sean escuchadas mejor. Se reza girando cilindros, o dando vueltas a un cilindro enorme en otra pagoda, con diámetro de más de un metro. Y tocando una campaña. Los centros ceremoniales están llenos de campanas para que la gene las toque, y también están llenos de monjes que van recitando un mantra:

OM MANI PADME HUM

Hay una pagoda budista controlada por tibetanos que llegaron desde la misma ocasión en que el terrible gobierno chino invadió las pacíficas alturas de Tibet, y se ve allí a hombres y mujeres vestidos a la usanza de ese país secuesrado por China, que controlan la pagoda de observantes ojos, y la tienen impecablemente cuidada, rodeada de las tienditas donde venden artesanías de primera calidad, como todo lo que se produce en esta zona del mundo.

Y entre los comercios, uno notabilísimo: una casa de cambio repleta de billetes de varias denominaciones, atendida a ratos por una niña de 10 años, y a ratos sin atención alguna. A nadie se le ocurre robarse los billetes que están en montoncitos, a la vista de todo el mundo, sin siquiera una piedra que los sostenga en un lugar donde hay muy poco viento.

Hay en Katmandú un templo hindú, en las márgenes de un río, desgraciadamente repleto de basura, donde vimos otra ceremonia de cremación parecida a las del Ganges, tomando agua de ese río para los rituales de los cinco elementos: bañan allí a los cadáveres antes de cremarlos. Y a diferencia de Varanasi, aquí sí permiten hacer fotografías.

Está ese templo repleto de santones con su cuerpo lleno de ceniza, barbones y desaliñados, pintados del cuerpo, vestidos de color azafrán, blanco o rojo, o semidesnudos. Y lleno también de monos, animales que tienen algo de sagrado. Y todo oliendo a incienso de sándalo, o a leña quemada.

 

• India

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus