LUNES, 14 DE JUNIO DE 2010
Futbol, producción y productividad

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“Qué pasa con aquellos que, ya porque gane la selección, ya porque pierda, matan, laboralmente hablando, el día entero: si gana el equipo mexicano, porque hay que festejar, y sí pierde ante equipos extranjeros, porque hay que lamentarse, lamento y festejo que, sobre todo si se practican a la mexicana, no van con el trabajo. ¿Qué hacer en tales casos? Correrlos.”


Está en marcha el Campeonato Mundial de Fútbol y no han faltado quienes han comentado en torno a las consecuencias que, sobre la producción (cuánto se produce) y la productividad (cómo se produce), tendrá el mismo, ya que, suponen quienes tales comentarios hacen, más de uno descuidará sus obligaciones laborales, lo cual dará como resultado una caída en la productividad y una menor producción.

 

Yo no creo, por más que una buena cantidad de mexicanos vaya a ver una buena cantidad de partidos, comenzando, ¡obviamente!, por los de la selección mexicana, que ello se vaya a traducir en menor producción y menor productividad, lo cual podremos saber el 20 de agosto y el 27 de septiembre, días en los que el INEGI dará a conocer el Indicador Global de la Actividad Económica para los meses de junio y julio, meses que serán los del Mundial.

 

Pero además hay que tener en cuenta que la producción y la productividad deben estar al servicio del ser humano, y no al revés, lo cual quiere decir que de vez en cuando, y el Mundial es cada cuatro años, el ser humano puede subordinar producción y productividad a la consecución de un fin que, en ese momento (por ejemplo: de nueve a once de la mañana, del viernes 11 de junio, tiempo del partido México Sudáfrica), considera más valioso, tiempo de trabajo que puede darse por perdido o recuperarse a lo largo del día.

 

Llegados a este punto se puede preguntar qué pasa con aquellos que, ya porque gane la selección, ya porque pierda, matan, laboralmente hablando, el día entero: si gana el equipo mexicano, porque hay que festejar, y sí pierde ante equipos extranjeros, porque hay que lamentarse, lamento y festejo que, sobre todo si se practican a la mexicana, no van con el trabajo. ¿Qué hacer en tales casos? Correrlos, ya que una cosa es dedicar un par de horas, de la jornada laboral, a ver un partido de fútbol, y otra muy distinta tener tan poco carácter como para que el resultado del mismo, favorable o desfavorable, genere festejos o lamentos desproporcionados, que impliquen, laboralmente hablando, matar el día entero. ¿Cuántos caen en esta categoría, la de los débiles de carácter, incapaces de sobreponerse de manera inmediata al resultado, favorable o adverso, de un partido de fútbol?

 

Las fiestas hay que festejarlas como vienen, y queda claro que para millones de mexicanos el Campeonato Mundial de Fútbol es eso, una fiesta, cuya función es, precisamente, romper la rutina, sobre todo la laboral, lo cual, mientras se mantenga como la excepción, y dentro de los márgenes que dicta la prudencia, no tiene nada de malo, ¡al contrario!

 

Aclaro, uno, que el fútbol me tiene sin cuidado, y que no considero que en cada partido de la selección esté jugando México, sino once mexicanos de calidad futbolística por demás dudosa (Sudáfrica 1, México 1) y, dos, que repruebo todo el nacionalismo ramplón que se genera en torno a cada juego de esos once.

• Deporte y economía

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