LUNES, 14 DE JUNIO DE 2010
Un análisis económico del deporte

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“El gobierno sudafricano ya ha invertido cantidades millonarias para construir estadios de futbol. Bravo. Ahora no habrá mejor futbol, pero sí habrá más impuestos y deuda para los sudafricanos.”


El mundial de futbol es una fiesta que reúne a millones de seres humanos en el planeta. A quienes les gusta este deporte (incluso a alguno que otro profano) disfrutan de la intensidad de los juegos. Les recuerda una de las esencias fundamentales del ser humano para poder prosperar: competir y ganar.

 

Los equipos que suelen ganar con frecuencia los mundiales (no más de 12 en la historia) poseen ventajas comparativas en lo físico y en materia de habilidades sicomotrices. Por supuesto, los equipos que suelen ganar, uno, ó exportan una gran cantidad de jugadores que juegan en las mejores ligas del mundo (lo que les da roce internacional), ó dos, son países con ligas poderosas que importan a los mejores jugadores del mundo, lo que eleva la competencia y productividad de los nativos receptores.

 

Ahora bien, ¿qué diferencia económica hay entre un mundial de futbol y las olimpiadas? Que el futbol es, desde el punto de vista de la economía, un bien privado. Un bien privado es aquel cuya rentabilidad incentiva a los agentes económicos a producirlo. No se necesita del gobierno. Las olimpiadas, aunque reúnen a deportes con carácter privado, en conjunto difícilmente generan interés en los particulares para invertir, pues por ejemplo, el atletismo, no tiene los millones de fans que el futbol. Pero, ¿qué sucede cuando los gobiernos intervienen como lo hacen en todas las olimpiadas y en algunos mundiales de futbol? Un desastre financiero.

 

Sí, cuando el futbol es únicamente producido por agentes privados en un país, entonces se vuelve un éxito económico, ojo, siempre y cuando los habitantes de dicha nación tengan preferencias mayoritarias por ese deporte. Por ejemplo, en EU, los principales estadios no son para futbol soccer, sino para futbol americano y beisbol. Ambos son bienes privados (el gobierno no se mete, más que para cuidar el orden en los estadios) y dejan millones de dólares en ganancias gracias a que hay demanda. No se olvide esto, la demanda causa oferta. Si no hay demanda para estadios de soccer, para qué demonios invertir en ellos. Por eso me da risa oír a personas decir, “ay, el futbol es ya un negocio.” Por favor, más cultura económica señores, claro que el futbol es un negocio y que bueno que lo sea, pues qué perverso sería que fuera un deporte con pérdidas y subsidios por parte del contribuyente (como sí es el caso de las olimpiadas).

 

Un estudio de una universidad norteamericana concluye que el Super Bowl -futbol americano- es un gran negocio debido a que se trata de un deporte interno (exclusivo de EU) y a que hay infraestructura. Perdón pero no; esa es una conclusión aventurada. El super Bowl es un rotundo éxito debido a que es organizado por particulares que satisfacen las preferencias de millones de seres humanos que gustan de dicho deporte. La infraestructura es pues consecuencia y no causa.

 

La FIFA es una organización de futbol espontánea, privada, que agrupa a más países que la mismísima ONU. Ello es un ejemplo de cómo los agentes privados se coordinan para brindar un gran espectáculo al mundo. Un gran espectáculo que genera riqueza para sus organizadores y que a veces, incluso, contribuye al crecimiento del PIB.

 

Las olimpiadas, por el contrario, son un evento que alientan y financian los gobiernos (aunque haya patrocinadores privados) y que siempre deja perdidas millonarias a las naciones que las organizan. Por ello, quien organice una olimpiada debería ser de preferencia una ciudad que pertenezca a una nación desarrollada sin problemas fiscales. Cuando alguna ciudad del tercer mundo decide organizarlas, los gobiernos se meten en graves problemas de deuda pública que el contribuyente acaba pagando con más impuestos (ahí está el caso griego que organizó las olimpiadas en 2004 y en buena medida es el comienzo de la debacle fiscal griega). No sé de qué se congratulan los brasileños de las próximas olimpiadas (serán en Río de Janeiro). Las olimpiadas sólo dejarán pérdidas millonarias al contribuyente brasileiro.

 

Lo malo está cuando en el futbol se entrometen los gobiernos. Por ejemplo, en el actual mundial, el gobierno sudafricano ya ha invertido cantidades millonarias para construir estadios de futbol. Esto es una actividad que debería ser llevada a cabo exclusivamente por particulares, pues como ya mencionamos, el futbol es un bien de naturaleza privada. Deuda y más impuestos enfrentarán los sudafricanos después del evento de futbol.

 

Por cierto, esa palabra que tanto gusta a muchos como “la derrama económica” es una soberbia melonada. En economía no hay derrama económica. En economía hay costos y beneficios. Por ejemplo, cuando se construye una carretera, todo mundo se congratula de que “habrá derrama económica”. Y por el contrario, podría haber pérdidas. Para empezar, la mayor afluencia de autos conlleva una mayor demanda de gasolina, lo que encarece su precio (si los mercados funcionan adecuadamente-no como en México en que opera un monopolio petrolero); asimismo, más autos en carretera, significa menos personas en el ferrocarril (bien sustituto) y ello trae perdidas para los dueños de trenes. Por ello, la carretera podría, en su conjunto, traer más perdidas que beneficios. Es por ello que la palabra “derrama” está mal empleada para analizar los costos y beneficios en un mercado.

 

En los mundiales se suele ver “la derrama” del turismo, pero se omiten los negocios que pierden producto de la concentración de “todo mundo” en el futbol (por ejemplo, la gente que deja de ir al trabajo, ó a los teatros y cines por ir al estadio). Por ello, al menos hay que exigir que el evento sea exclusivamente pagado con dinero de los particulares, jamás de los contribuyentes.

 

Por desgracia los deportes desde hace años se han vuelto parte del terreno de los políticos. Es el triste caso de las olimpiadas. Ojalá los mundiales no corran en el futuro la misma suerte (ya hay intervencionismo, pero aún menor que las olimpiadas).

 

Si México quiere organizar un mundial que paguen los particulares en la ampliación de la infraestructura. Eso es lo correcto, pero me temo que siempre no faltarán los políticos que quieran meter su cuchara (más bien la cuchara del contribuyente). Es increíble, pero hay gobiernos de diversos estados en México que subsidian a empresarios futboleros. Ello debería estar prohibido y el castigo debería ser la cárcel.

 

En fin, amigo lector, por lo pronto disfrute del mundial. Y recuerde, no está en juego la patria. Si la selección mexicana gana el mundial (cosa que dudo mucho y más ante el horrendo empate con Sudáfrica), el ángel será destrozado y créame los problemas estructurales de la economía mexicana no cambiarán. Sólo sería borrachera de un día. Si no que le pregunten a los brasileños y argentinos, dos potencias futboleras, pero al fin y al cabo países del tercer mundo, incluso con peores problemas que México.

 

El futbol es un bien privado y no deben entrometerse jamás los políticos con dinero de los contribuyentes. Por supuesto, pueden asistir, inaugurar los eventos, pero hasta ahí.

• Deporte y economía

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