JUEVES, 1 DE JULIO DE 2010
La paradoja de Sudáfrica

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“África y el mundo entero desean, y necesitan, que disminuya el contraste entre la apariencia y la realidad y que Sudáfrica pueda alcanzar su fabuloso potencial.”


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Miami (AIPE)- La República de Sudáfrica, sede de la Copa Mundial de Fútbol, es un país de enormes contrastes. Al llegar, los visitantes pueden tener la impresión de encontrarse en un país desarrollado. Del lujoso Aeropuerto Internacional O. R. Tambo son llevados a Johannesburgo por el Gautrain, el primer tren bala de África, y muchos de los hoteles y restaurantes son de clase mundial. Sudáfrica tiene fabulosas riquezas mineras, con el 90% de las reservas mundiales de platino, 80% del manganeso, 70% del cromo y 40% del oro, así como enormes yacimientos de carbón. Acaba de anunciar planes para desarrollar un programa de satélites y es el principal candidato para sede del mayor proyecto científico del mundo: el radio telescopio Square Kilometre Array. Por otra parte, su Constitución garantiza plena igualdad de derechos a sus 49 millones de habitantes, 79% negros, 9% blancos, 9% mestizos y 3% asiáticos-indios.

La historia de Sudáfrica es complicada. Los holandeses llegaron al extremo meridional de Sudáfrica en 1652, fundando la ciudad de Capetown como una parada comercial entre el Lejano Oriente y Holanda. Cuando los británicos capturaron el Cabo de Buena Esperanza en 1806, muchos de los colonos holandeses (los Boers) se desplazaron al norte y fundaron sus propias repúblicas. El descubrimiento de diamantes (1867) y oro (1886) intensificó la inmigración así como el sometimiento de los nativos. Los Boers resistieron la penetración británica, pero fueron derrotados en la Guerra de los Boers (1899-1902). Sin embargo, los británicos y los Afrikáners --como se llamaron los Boers-- gobernaron juntos a partir de 1910 bajo la Unión de Sudáfrica. En 1961, ésta se convirtió en una república tras un referendo sólo para blancos. En 1948, el Partido Nacional (afrikáner) llegó al poder e instituyó una política de apartheid, el desarrollo separado de las razas, que favorecía a la minoría blanca a costa de la mayoría negra. El Congreso Nacional Africano encabezó la lucha contra el apartheid y muchos de sus líderes, como Nelson Mandela, pasaron décadas en las cárceles sudafricanas.

Protestas internas, así como los boicots de algunas naciones occidentales, obligaron al gobierno a negociar una transición pacífica a la democracia. Las primeras elecciones multirraciales de 1994 llevaron al gobierno de la mayoría encabezado por el Congreso Nacional Africano, fundamentalmente negro, que ha estado gobernando desde entonces. En este tiempo, Sudáfrica ha tenido 4 presidentes y 4 elecciones, consideradas justas y transparentes. La prensa, el poder judicial, los sindicatos y las organizaciones no gubernamentales son robustos e independientes. El país también cuenta con una empresa privada poderosa y dinámica. En abril de 2009, Jacob Zuma ganó las elecciones y se convirtió en presidente. Lo solemos ver presidiendo los juegos.

Paradójicamente, sin embargo, 43 por ciento de la población gana menos de $2 diarios y la tasa oficial de desempleo es 25%, la más alta del mundo. Fuera de las grandes ciudades, la mayoría de los negros sudafricanos vive en zonas de alta criminalidad, alojados en míseros barracones sin adecuados servicios sanitarios. Frecuentemente, sus escuelas y hospitales están en pésimas condiciones. En un país donde hay muy poco transporte público, la mayoría de los negros carece de automóvil. Y aunque es la 24 mayor economía del mundo, está en un pésimo 129 lugar entre los 182 países del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Sudáfrica es uno de los países más violentos y de mayor índice de criminalidad y se ha vuelto más desigual desde que el CNA está en el poder.

La epidemia de sida ha sido devastadora para Sudáfrica, un fenómeno agravado porque el ex presidente Mbeki alegaba que la enfermedad no era causada por el VIH. La enfermedad ha provocado la muerte de unas tres millones de personas y 350,000 mueren de ella cada año. Actualmente se calcula que hay unos seis millones de infectados, uno de cada ocho sudafricanos. Las encuestas muestran que la población negra es más sexualmente promiscua: 14 por ciento está infectada, en comparación con 1.4 por ciento de los mestizos y sólo 0.3 por ciento de los blancos y los indios.

El CNA heredó un país en bancarrota y unos 500,000 blancos han abandonado el país desde que llegara al poder. Esto ha agravado una terrible falta de cuadros calificados en todos los sectores. Sin embargo, se perciben síntomas de mejoría. Recientemente, ha bajado su índice de asesinatos a la mitad; prácticamente ha erradicado la malnutrición entre los menores de cinco años, ha elevado la matrícula de los niños entre 7 y 15 años a casi el 100 por ciento; está proveyendo seguridad social a 15 millones de personas y ha establecido el mayor programa mundial para el tratamiento del VIH/sida.

Zuma, que lleva menos de un año en el poder, está librando una dura batalla contra la corrupción, rampante a todos los niveles del gobierno. Ha establecido un Comité Nacional de Planificación para asesorar en temas complejos y a largo plazo, como la energía, el medio ambiente y los recursos hidráulicos, y está elaborando planes para reformar los fallidos sistemas de educación y salud. El 77 por ciento de los sudafricanos piensa que está haciendo un buen trabajo. África y el mundo entero desean, y necesitan, que disminuya el contraste entre la apariencia y la realidad y que Sudáfrica pueda alcanzar su fabuloso potencial.

* Periodista cubano.
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