MARTES, 3 DE AGOSTO DE 2010
Diplomacia cara e inútil

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“Uno de los temas recurrentes en esta columna a lo largo de muchos años ha sido el enorme desperdicio de recursos en el que incurren los dirigentes de los países al participar en incontables reuniones "en la cumbre" con sus contrapartes del resto del mundo.”


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Uno de los temas recurrentes en esta columna a lo largo de muchos años ha sido el enorme desperdicio de recursos en el que incurren los dirigentes de los países al participar en incontables reuniones “en la cumbre” con sus contrapartes del resto del mundo.

Al paso del tiempo, este fenómeno se ha venido agravando con la proliferación de más y nuevos grupos de países con afinidades múltiples –lenguaje, etnicidad, ubicación- o sin afinidad alguna, como el G-20 que reúne a los países poderosos y a los más o menos grandes de los continentes pobres.

Se ha llegado al despropósito de crear grupos inventados por la febril mente de algún analista bancario, como Jim O’Neill de Goldman Sachs que ideó a los BRICs agrupando a Brasil, Rusia, India y China, y que dócilmente se reunieron ya (¿a qué?) en su primera “cumbre” en Ekaterimburgo, sitio tristemente célebre donde el último Zar de Rusia y su familia fueron vilmente asesinados.

Un disparate aún mayor acaba de ocurrir en febrero pasado con la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en Cancún, en cumbre convocada nada menos que por el Presidente Felipe Calderón y a la que asistieron los mandatarios de casi todos los países de la región.

La intención de crear este nuevo foro fue la de reunir a los países de América, con la ostensible ausencia de Estados Unidos y Canadá, para, de acuerdo a la declaración oficial plagada de un incontinente bla, bla, bla, promover:
“…la unidad y en la integración política, económica, social y cultural, avanzar en el bienestar social, la calidad de vida, el crecimiento económico y promover nuestro desarrollo independiente y sostenible, sobre la base de la democracia, la equidad y la más amplia justicia social.”

Si la Canciller Patricia Espinoza si hubiera molestado en estudiar un poco el asunto, se habría percatado que ya existe el organismo que agrupa a los mismos países, que tiene exactamente las mismas piadosas intenciones y que fue instituido a instancias de México: El Sistema Económico Latinoamericano, SELA.

El SELA fue formalmente creado hace 35 años en Panamá, en remembranza del Congreso Anfictiónico de 1826 convocado por los liberadores Simón Bolívar y Antonio Sucre en ese mismo sitio cuando pretendieron crear la confederación de pueblos iberoamericanos.

El copatrocinador de México en la concepción y promoción del SELA fue Venezuela, en cuya capital sigue estando su sede, y que, como se puede apreciar en su sitio cibernético (www.sela.org/sela2008), sigue involucrado en los temas geopolíticos y económicos fundamentales para la región.

Hay una diferencia no trivial entre el SELA y la Comunidad que se acaba de inventar. En aquella ocasión se trataba de que estuvieran presentes todos los países independientes de Iberoamérica y el Caribe, sin excepción alguna, a pesar de que en Chile se acababa de instalar la dictadura militar.

México había roto relaciones diplomáticas con Chile, por lo que correspondió a Venezuela hacer las gestiones para asegurar su presencia en Panamá, mientras que a México tocó invitar a Cuba dado que Venezuela apenas estaba restableciendo relaciones con la Habana.

En la Cumbre de Cancún se excluyó a Honduras aunque sí estuvo presente Cuba, a pesar de que entre los piadosos deseos del nuevo grupo está “consolidar valores comunes como…la democracia y el respeto a los derechos humanos” que no son precisamente actividades que se practiquen allí con mucho entusiasmo.

La vergonzosa exclusión de Honduras se debió a que al demagogo venezolano Hugo Chávez y sus aliados populistas en la región, les molestó la salida forzada de la presidencia hondureña de su cófrade Manuel Zelaya y no reconocen la validez de la subsecuente elección democrática de Porfirio Lobo.

Sin entrar a juzgar la legitimidad de la salida de Zelaya o de la elección de Lobo, está claro que en el proceso de crear el SELA se usaron los buenos oficios diplomáticos para incluir a todos los países del área y que nunca se hubiera aceptado el chantaje de algún país exigiendo la ausencia de otro.

En cualquier caso, se crea ahora un organismo más que calca las funciones de otro que ya existe, y que seguirá el mismo destino que ese y todos los demás, muy numerosos, por cierto: promover el turismo burocrático, generar conmovedores y cuantiosos discursos de fraterno amor regional, y no desaparecer jamás, aunque no sirva para nada útil.

• Burocracia • América Latina

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