LUNES, 23 DE AGOSTO DE 2010
Combate y legalización de las drogas (III)

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“No es delito cualquier práctica que involucre voluntariamente a dos partes, a menos que una tercera sea perjudicada. La producción de drogas obedece a que hay personas que demandan la misma. Lo mismo pasa con la existencia de la prostitución voluntaria entre adultos y las apuestas en casinos.”


La expresión “crimen organizado” es confusa y no permite dilucidar las posibles soluciones en el debate sobre la legalización de las drogas.

 

Los gobiernos a lo largo y ancho del mundo han convertido en delitos distintas prácticas que en realidad no lo son. Tal es el caso de la producción de drogas, juegos en casinos y apuestas, prostitución voluntaria y hasta vender bolsas de plástico y corridas de toros.

 

No es delito cualquier práctica que involucre voluntariamente a dos partes, a menos que una tercera sea perjudicada. La producción de drogas obedece a que hay personas que demandan la misma. Lo mismo pasa con la existencia de la prostitución voluntaria entre adultos y las apuestas en casinos.

 

Delitos por naturaleza propia se dan cuando de manera involuntaria hay despojo, pérdida de libertad ó pérdida de la vida. Tal es el caso del robo ó fraude, secuestro, violación y asesinato. En el llamado crimen organizado hay pues que separar a delitos por su naturaleza propia y a los que no lo son.

 

El problema surge cuando los gobiernos se quieren convertir en ángeles de la guarda de todos y quieren dictar nuestra conducta para que nos comportemos de tal ó cuál manera. Así, en nombre de la salud pública se prohíben y vuelven delitos consumir alimentos mal llamados chatarra, en nombre de la salud pública se prohíbe comprar y vender drogas (algunos quisieran que también se prohibiera el consumo de alcohol), en nombre de la protección de animales se prohíben y vuelven delitos dar corridas de toros ó comprar y vender animales exóticos (irónico, porque este tipo de prohibiciones sólo lleva a la extinción de los mismos), en nombre de la protección del medio ambiente se prohíben y vuelven delitos dar bolsas en tiendas, en nombre de la protección de los jóvenes se dictan horarios en el consumo de alcohol así como de toda diversión nocturna, en nombre de la dignidad humana se prohíbe comprar y vender sexo, en nombre de la protección humana se usa cualquier pretexto para cancelar libertades individuales esenciales.

 

Este tipo de prácticas que se vuelven artificialmente delitos punitivos, sólo generan mercados negros y mafias que se enriquecen en la total oscuridad. Pero ojo, estas mafias no desaparecen con las prohibiciones, sólo hasta que la demanda de su mercado cae. Si el gobierno se mete a prohibir y combatir duramente las prácticas donde hay oferta y demanda, además de generar mercados negros, provoca asesinatos, enfrentamientos por ver quien se queda con el mercado una vez que algún líder mafioso cae, sobornos y sobornos multimillonarios que podrían llevar a la captura económica de policías, burócratas y hasta gobernantes. Tal es hoy el caso del narcotráfico en México.

 

No, los gobiernos jamás deben prohibir los actos voluntarios, aunque parezcan de mal gusto. No sirve. Debe entenderse que en estos casos la verdadera solución radica en la buena educación (con la misma evito ser alcohólico, drogadicto, jugador compulsivo, obeso, precoz en el sexo, e incluso ser aficionado de rituales en donde se maltratan ó asesinan animales) la cual que por cierto es responsabilidad directa de los padres, jamás de los gobiernos entrometidos hasta la cocina en nuestras vidas.

 

¿Pero qué sucede cuando los gobiernos subsidian sin ton ni son de la cuna a la tumba? Generan que las personas no se cuiden, que no emprendan, que sean irresponsables y sin pensar engendren hijos de los cuáles después no quieren hacerse responsables, ó peor aún, que descuidan, maltratan y hasta asesinan. Ahí está el origen penoso de niños de la calle, de personas con todo tipo de excesos, y lo peor, de la existencia de seres humanos con poco respeto a la vida humana y muy proclives a volverse delincuentes.

 

Dicho lo anterior, prosigamos con nuestro análisis de cuándo se pudrió la seguridad pública en México.

 

La producción de drogas está, contrario a lo que dicen políticos, analistas y periodistas distraídos, muy arraigada en distintas poblaciones en México, especialmente en las zonas con alta marginación en donde el cultivo de marihuana es lo único que da de comer a la gente. Tal es el caso de estados como Michoacán, Guerrero y Oaxaca, así como en distintas zonas pobres de estados ricos del norte del país. En esas tierras, es muy común que los lugareños conozcan al capo en turno y hasta a los lugartenientes.

 

Durante mucho tiempo los narcotraficantes gozaron de la protección de distintas administraciones priístas. Asimismo, gozaron de alta popularidad entre la gente que además de verlos como protectores, tenían simpatía por hacerlos partícipes en el negocio y por incluso llevar drenaje, pavimentación de calles y agua potable en lugares remotos en donde el gobierno brillaba por su ausencia. No se puede entender al narcotráfico sin la participación de lugareños y autoridades.

 

Con las crisis económicas de los años ochentas y noventas, en muchos lugares pobres el colchón económico fue la producción de drogas. No así en el caso de las zonas urbanas en donde comenzó a florecer la delincuencia organizada en delitos como el robo, asalto, secuestro y asesinato. Pero ojo, no perdamos de vista el pasado priísta.

 

Al salir del poder la dictadura priísta, fue evidente el débil estado de derecho que siempre privó en México. No hubo una estructura jurídica y policíaca que sustituyera el inmenso poder priísta al llegar a la presidencia la oposición. Así, comenzó a florecer a finales del siglo XX, el asalto (a transeúntes, bancos, etc.), el robo de autos, el secuestro y el asesinato.

 

La impunidad dio pie a grandes delincuentes. Muchos de estos empezaron robando algún monedero, luego estéreos de coche y de ahí fueron evolucionando hacia ladrones de casas y coches y hasta pudieron llegar a ser secuestradores y asesinos profesionales (ver la historia del delincuente apodado “mocha orejas”).

 

Como dice Gary Becker, la impunidad es un paraíso perfecto para que quien se dedique a delinquir piense como cualquier otra persona que se dedica a trabajar legalmente, en su costo de oportunidad. Los delincuentes no vienen del infierno, ven, analizan, estudian la probabilidad de arresto, así como las penas en caso de ser aprehendidos. Luego, también analizan todas las formas de escape, desde el soborno hasta la salida física del penal. A mediados de los años noventas y principios del siglo XXI, México padeció de una impunidad absoluta: policía mal preparada, poco presupuesto a seguridad pública y penas que daban risa a los delincuentes.

 

Ya en la etapa panista, y con numerosa presión ciudadana se empiezan a corregir distintos errores de seguridad pública. Se amplían las penas por secuestro, se asignan más recursos a la seguridad pública y se crea una agencia policial especializada llamada AFI (Agencia Federal de Investigación creada en 2001).

 

Para ser agente federal de la AFI no sólo había que tener educación universitaria (que a veces incluía posgrados especialmente en los profesionales de química y ciencias de la computación), sino pasar un duro curso de entrenamiento físico e intelectual (había que asegurar la vocación policial), así como probar cero adicción a drogas y pasar por un minucioso estudio patrimonial. Una vez aceptados, algunos agentes comenzaban a operar inmediatamente y, los más especializados, empezaban cursos formales con el FBI en EU.

 

Mucha gente se reía cuando se decía que la AFI sería el “nuevo FBI mexicano,” la nueva Scotland Yard en México.” El tiempo puso a cada quien en su lugar. La AFI comenzó a dar golpes exitosos, cada semana se atrapaba a una banda de secuestradores, defraudadores ó asaltantes.

 

En teoría la AFI atendía todo tipo de delitos federales, pero el narco no era la prioridad. En buena medida por la AFI fueron desmanteladas muchas bandas y hubo posibilidad de ver el secuestro a la baja.

 

A la llegada a la presidencia de Calderón, empiezan a suceder cosas raras en la AFI. Se empiezan a cambiar mandos sin ton ni son. Muchos de los agentes empiezan a ser forzados a involucrarse en operativos anti narco. De hecho hay gente muy preparada -como fue el caso de un amigo que hoy labora en inteligencia en el extranjero- que deserta ante las crecientes arbitrariedades. Empieza a crecer el número de comandantes cooptados por el narco. Empieza a ser usual la traición y el asesinato de agentes de AFI. Luego, lo peor, el desmantelamiento de esta policía especializada que es sustituida por una mega policía que incluía a la llamada policía federal preventiva (cuyos integrantes contaban con estudios no mayores a bachillerato y de origen militar).

 

Y después lo peor. Tras continuos asesinatos de agentes federales por parte del narco, surge la desesperación calderonista. Comienzan a reclutar a agentes federales con estudios profesionales, pero sin importar si hay ó no vocación. Vaya, hasta en el metro de la Ciudad de México reclutaron a gente con estudios universitarios, desempleados y sin vocación policial. Muchos de ellos han acabado siendo carne de cañón del narco. Antes fueron a reclutar a las universidades y había que demostrar vocación y talento policial, luego de plano se ofreció reclutar agentes federales-personas desempleadas- de manera inmediata hasta en el metro. Qué desastre.

 

No olvidar las medidas foxistas que por darle gusto a la izquierda mexicana, comenzaron a debilitar al órgano de inteligencia del Estado mexicano, el CISEN. Todo Estado necesita de órganos de inteligencia especializados para combatir crímenes como el terrorismo. Fox creyó que era más importante aclarar el conflicto de 1968.

 

Luego entonces, no me sorprende que nuevamente en la primer década del siglo XXI el crimen y la violencia (ésta más provocada por el narco) vaya nuevamente al alza.

 

Definitivo, hay que volver a crear una policía altamente especializada que, ojo, no esté ocupada en combatir al narco. Con una policía especializada, actividades como el secuestro ó cobros de piso que hoy hacen narcotraficantes pueden abatirse. Es más fácil aprehender a un delincuente -aunque sea narco- robando ó secuestrando que en un mercado negro en donde hay intercambio voluntario. El FBI es un organismo estadounidense especializado que se ocupa de delitos que sí lo son por su naturaleza, como asesinatos complejos, pornografía forzada, fraudes cibernéticos, secuestros, y en general en crímenes que no involucran al narcotráfico (para ello está la DEA).

 

Hoy se habla de crear una policía única. Se habla de mejorar la coordinación policial entre todos los niveles de gobierno. De nada servirá si no se aprovechan las ventajas comparativas de las personas, las ventajas que da la especialización policial. Un agente que se especializa en combatir secuestros ó fraudes y de repente -arbitrariamente como empezó a suceder en la AFI- se le envía a combatir a los narcos, es talento que se perderá y acabará en su muerte. Los delitos no son iguales como ya hemos visto. El narcotráfico puro no cede mientras no ceda la demanda. Los golpes al narco, sólo suben los precios de las drogas y estimulan más producción futura. Asimismo, cooptan, sobornan fácilmente a policías y funcionarios.

 

Nadie niega lo deseable de una mayor coordinación policial. Sin embargo, una policía única (todóloga, que supuestamente castigará todo crimen federal bajo un mando en cada estado) sin policía bien preparada y entrenada no sirve. Una policía única sin armas y equipo adecuados no sirve. Sólo será cooptada por el narco con costos mayores para los ciudadanos.

 

Además, mientras no haya una seria reforma fiscal que incluya un también serio federalismo, no habrá incentivos para que estados y municipios gasten mejor y más en policías y equipos especializados. Siempre será más fácil para los gobernadores culpar a la federación que revisar minuciosamente la corrupción que impera en sus policías estatales y municipales. Recordar sólo el caso de un penal en Durango en donde funcionarios y policías involucrados dejaban salir en la noche a reos -narcos- para asesinar gente inocente.

 

Y los partidos, en especial el PRI, como siempre nada de aportar ideas, sólo chantajear y creerse ya en la presidencia. Del plato a la boca se cae la sopa.

 

La próxima semana abordaremos la responsabilidad de los políticos y propuestas para abatir la violencia del narcotráfico. Por razones de espacio aquí le dejo amigo lector. Hasta entonces.

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