LUNES, 30 DE AGOSTO DE 2010
Combate y legalización de las drogas (IV)

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Dejamos aquí algunas ideas que podrían enriquecerse...”


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Cuando un gobierno la hace de capitalista privado en agua, luz, petróleo, gas, combustóleo, diesel, petroquímica, turismo, banca, televisión, radio, etc., y de mal proveedor de educación, cuidado de niños, salud, etc., y esto se combina con un deteriorado estado de derecho, se crea un ambiente fértil para el surgimiento de la violencia y delincuencia. Este es el drama mexicano.

Antes de la era de Salinas de Gortari, el gobierno mexicano estaba metido-además de las actividades arriba señaladas- en minería, aviación, satélites, ferrocarriles, banca comercial, sector automotriz, producción de acero, y un larguísimo etcétera que incluía hasta cines, restaurantes y cabarets. Increíble. Y más increíble que haya académicos, periodistas y políticos estatólatras como el peje que añoran esta nefasta época económica de México.

A los políticos estatistas se les olvida que cuando un gobierno invade la esfera de la empresa privada, además de hacerlo mal y terminar en la quiebra, se distraen recursos esenciales para defender las garantías individuales de los mexicanos como el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad privada.

La crisis de los ochentas del siglo pasado, que no se nos olvide, fue resultado del desastre financiero de las empresas del gobierno y de irresponsables políticas fiscales y monetarias también instrumentadas desde el gobierno. Las consecuencias fueron un altísimo endeudamiento externo (hoy controlado, pero que aún pagamos los mexicanos con impuestos), inflaciones de dos y hasta tres dígitos, devaluaciones continuas y, claro, miseria de millones de mexicanos.

Luego, al tener un ligero respiro, vino la crisis de mediados de los años noventas-también del siglo pasado- cuya causa no es como alegan los estatistas, resultado de implementar reformas de mercado (ó del neoliberalismo como despectivamente le llaman). Al contrario, la causa fue una reforma de mercado mediocre. La corrección del estatismo enfermizo se hizo con privatizaciones de todo tipo; a veces bien y muchas de las veces mal (activos vendidos muy caros, monopolios de gobierno que se volvieron monopolios privados, proteccionismo en áreas como alimentos, bebidas, y cemento, monopolios televisivos que sólo se volvieron duopolios, etc.); asimismo el fijar arbitrariamente el tipo de cambio creó una bomba de tiempo que le estalló al gobierno en la mano. La realidad es que las reformas de mercado fueron a medias y se mantuvieron intactos los monopolios energéticos, es decir, sin privatizarse y abrirse a la libre competencia, así como se dejaron intactas distintas barreras a la entrada a nuevas empresas lo que garantizó mercados cautivos a diversos oligopolios privados mexicanos, todo ello contra la soberanía que realmente cuenta, la del consumidor.

Sobra decir que se dejaron también intactos-lejos de la transparencia- a distintos grupos de poder como partidos políticos y sindicatos.

En este contexto de crisis, se incubó desde hace varios años el narcotráfico. Con una economía golpeada constantemente, con clases medias también golpeadas, con una mediocre libertad económica, con trámites y más trámites para hacer negocios, con un federalismo enfermizo en donde los gobiernos de los estados la hacen de parásitos del gasto público sin rendir cuentas de ningún centavo recibido, con mafias sindicales incrustadas en algunos partidos políticos, etc., se crea el ambiente perfecto para el crecimiento económico mediocre, que es terreno propicio para un altísimo desempleo.

Si agregamos una deficiente regla de la legalidad en donde se violan además de los derechos naturales-vida y libertad-, los derechos privados de propiedad, tenemos el caldo de cultivo para una delincuencia creciente. Impunidad es el camino que le facilita las actividades al narcotráfico.

El Presidente Calderón golpeó el panal del narco, y ahora todo mundo huye de su violencia.

Ya demostré en artículos anteriores, por qué el narcotráfico no es delito por naturaleza propia y el peligro que implica confundirlo y mezclarlo con delitos como el asesinato, la extorsión y el secuestro. Dado que ahora hay grupos de narcotraficantes violentos ya de plano secuestrando, arrojando bombas, reclutando a jóvenes a veces por la fuerza, y hasta asesinando a indocumentados de países centroamericanos, a continuación expongo propuestas de reformas de corto y mediano plazo.

Reformas urgentes de corto plazo:

  • Privatización de cárceles comenzando por las federales. Ello no elimina al Estado de su responsabilidad de impartir justicia, sólo pone en manos de particulares el manejo de cárceles. Así se ha hecho en Colombia y EU y el resultado es un abatimiento de la corrupción y violencia dentro de las prisiones. No olvidar que en México las cárceles lejos de rehabilitar a jóvenes-buena parte de la población encarcelada- los prepara, les da contactos con otros delincuentes, y los perfecciona para delinquir de un modo más profesional y peligroso. Las cárceles mexicanas son fuente esencial de oferta de delincuentes que luego reclutan los cárteles de la droga.

 

  • Reestructuración y fortalecimiento de las policías. Lo de menos es el nombre (policía única, etc.). En el caso federal es de vital importancia separar los delitos. El secuestro, el robo y el asesinato sofisticados deben ser combatido por policías que no estén al mismo tiempo metidos en la lucha contra el narcotráfico. El robo y asesinato del fuero común deben estar a cargo exclusivamente de las policías locales. Volver a revivir a la AFI -aunque sea con otro nombre- y dejar de reclutar a profesionistas desempleados para policía federal también sería un buen comienzo.
  • Fortalecimiento de los grupos de inteligencia que combatan todo tipo de terrorismo, incluso el nuevo narcoterrorismo. Más que soldados y soldados en las calles, la mejor manera de combatir al narco es infiltrarse en sus organizaciones, y preparar el camino para su desmembramiento. Ya ha pasado así con algunas operaciones de inteligencia militar. Los narcos ya lo hacen, infiltran y compran gente con éxito en el gobierno. Los soldados sólo se justifican cuando se presenta un combate grande de fuego cruzado. La permanencia total del ejército sólo le conviene a largo plazo a los cárteles. No olvidar que muchos de los miles de soldados que han desertado se han pasado y unido a los traficantes y hoy constituyen buena parte de los grupos de narco asesinos como los llamados zetas. El CISEN debería encaminarse para formar civiles altamente preparados en materia de inteligencia y no pasárselas grabando conversaciones no autorizadas de políticos en decadencia. Tal vez lo mejor sea desmembrarlo y sustituirlo por un nuevo organismo de inteligencia; éste proyecto debe empezar ya, pues por tiempo, el Presidente Calderón simplemente lo empezaría.

 

  • Al gobierno mexicano le da tirria hablar de tribunales especializados para combatir al narco. Colombia creó un equipo de fiscales para juzgar a los traficantes de drogas. Así se evitó con éxito el asesinato de jueces. El anonimato evita las tentaciones de venderse a los traficantes como ya hacen jueces mexicanos. Si se niegan simplemente los asesinan.
  • Las policías municipales no están capacitadas para combatir al narco. Por ello, son fácilmente comprados y asesinados. Por tanto si existe la llamada policía única, ésta debe estar a cargo de la federación-con refuerzo estatal- con múltiples candados para evitar la infiltración. Coincido con quien aduce que los estados deben involucrarse más en la seguridad y no dejar todo a la federación. Cierto, pero hoy muchas de las policías locales ya están infiltradas e insisto, carecen de la preparación adecuada y son mal pagados. Son carne de cañón fácil para los narco asesinos.

A continuación expongo medidas que urge se instrumenten, pero que por razones políticas tristemente ya no creo que se den en el actual sexenio calderonista. Por ello las llamo propuestas de mediano-y tal vez- largo plazo:

  • Una reforma fiscal seria que haga más responsables de la recaudación a los estados y municipios. Hoy hay total opacidad en el uso de los recursos, y lo peor, no existen incentivos a gastar bien como sería asignar recursos a la seguridad pública. Dicha reforma de federalismo haría en el largo plazo tener en los estados a policías estatales y municipales mejor pagados y preparados.

 

  • Una reforma jurídica total que acorte el tiempo que duran los juicios. Ya hay en camino algunas como juicios orales, pero que aún cargan con múltiples defectos. Asimismo, una reforma jurídica integral que haga verdaderamente autónomos a jueces y magistrados especialmente en las distintas entidades que componen a México. Ello implica quitarle el poder absoluto a los gobiernos estatales para imponer a todo el poder judicial.
  • Reformas energéticas y laborales serias que apuntalen la inversión privada y estimulen el crecimiento económico. Ello, aunado a un sistema jurídico fuerte, eficiente, elimina incentivos perversos a los jóvenes para delinquir ó meterse al narco.

 

  • Reforma política seria que incluya la reelección del Congreso y revisión de la asignación de recursos monetarios a los partidos y a la propaganda política. Con ello se crean incentivos para que los políticos cooperen y coadyuven a la solución de los diversos temas de política pública.
  • Candados para que no haya grupos económicos que se beneficien del gasto público como hoy ocurre. Que se entienda de una vez, hacer negocios de manera ética excluye recibir dinero del contribuyente. Ni subsidios, ni proteccionismo arancelario. Quien quiera ganar dinero que se gane a los consumidores y no que se escude en el erario.

 

  • Crear una agenda de política exterior para acercarse a EU e insistir en las bondades de una legalización de ciertas drogas a nivel de toda Norteamérica. Insistir que legalizar no es anarquía, que legalizar es conocer a los participantes del mercado, y crear leyes que protejan a menores de edad, que legalizar es invertir menos recursos en policía y armas y más en programas preventivos que adviertan del uso de las drogas. Incluso, hoy sería mejor que los gobiernos atiendan la rehabilitación de drogadictos a que sólo esté luchando a muerte con las armas para frenar al narco. Prohibiciones y prohibiciones, ya lo hemos atestiguado, sólo conlleva más mercados negros de droga, más consumo, más jóvenes involucrados, y lo peor, más y más derramamiento de sangre.

La violencia del narcotráfico en México sólo se acabará con algunas de estas propuestas y ello es de largo plazo. México debe fortalecer su arquitectura jurídica e institucional y ello pasa por aumentar la libertad de hacer negocios, por mayor protección a los derechos privados de propiedad, a menor gobierno y más mercado, y por supuesto, por una revolución en la manera de juzgar y castigar los delitos.

La solución sería legalizar todas las drogas, pero ello está aún lejano. Asimismo, me queda claro que los narcos de hoy no serían los empresarios de la droga de mañana. Así pasó con el alcohol en EU. Los delincuentes se tuvieron que dedicar a otros mercados negros, pero tenían siempre enfrente un fuerte estado de derecho. No es hoy el caso de México. Tenemos que construir un serio estado de derecho para una futura legalización de las drogas. La de la marihuana está cercana y la mayoría de los políticos siguen sieguen dormidos en medio de una brutal violencia. Si el estado de derecho falla y aumenta la violencia del narco, empezarán a ver grupos anti narcos privados, seguramente más eficientes que la actual policía, pero el riesgo es que se salgan de control, como pasó con los grupos paramilitares en Colombia. Ése es el riesgo, y si el Estado falla en su función principal de proveer seguridad (no de andar de capitalista privado, incursionando hasta en la televisión), la gente tiene derecho a defenderse.

Termino aquí, amigo lector, esta serie. Sé que hay cosas pendientes pero ya las abordaré en su momento. Por lo pronto que no se nos juzgue de sólo criticar y criticar. El Presidente llamó a dialogar con la sociedad. Órale, le entramos. Ahí están algunas propuestas, que por cierto para su instrumentación no sólo incluye al Presidente sino a todos los legisladores que hasta ahora sólo han actuado de manera irresponsable y sólo en función en función de sus intereses.

Dejamos pues aquí algunas ideas que podrían enriquecerse.

• Drogas • Reformas estructurales

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