DOMINGO, 5 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Más ingenieros, menos palabreros

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“Prometí a un amigo, en un arrebato impensado, que escribiría un par de artículos acerca de un documentillo que anda circulando bajo el ampuloso título de: “México frente a la crisis. Hacia un nuevo curso de desarrollo. Memorándum de política económica y presupuestal hacia 2011” (¡uf!). Ya leí las 19 cuartillas del asunto. ¿Dije un par de artículos? No perdamos el tiempo, la propuesta se puede despachar en dos palabras: “No sirve”.”


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Prometí a un amigo, en un arrebato impensado, que escribiría un par de artículos acerca de un documentillo que anda circulando bajo el ampuloso título de: “México frente a la crisis. Hacia un nuevo curso de desarrollo. Memorándum de política económica y presupuestal hacia 2011” (¡uf!). Ya leí las 19 cuartillas del asunto. ¿Dije un par de artículos? No perdamos el tiempo, la propuesta se puede despachar en dos palabras: “No sirve”.

Diré más, sólo en abono de mi irresponsable promesa: Es pura palabrería nostálgica proponiendo políticas económicas que en el pasado condujeron a México a tremendas crisis empobrecedoras. No en vano entre sus autores se cuentan un par de viejos secretarios de Hacienda (David Ibarra Muñoz y Jesús Silva Herzog Flores) que mejor harían en ofrecer cuentas de su desastroso desempeño o, en todo caso, de las razones (si las hay) para la pasmosa docilidad con la que aplicaron, en detrimento de millones de mexicanos, las ocurrencias disparatadas de su jefe, el entonces Presidente José López Portillo.

Repito: no perdamos el tiempo.

El abogado López Portillo fue un Presidente palabrero. Excepcionalmente palabrero. Y sus economistas de cabecera, los ya citados más otros de infausta memoria, también fueron palabreros. Curiosamente, cuando economistas menos palabreros con mejor preparación técnica, formados en sólidas escuelas de economía del extranjero, se hicieron cargo de las finanzas públicas las cosas empezaron a corregirse.

Curiosamente también, uno de los mejores secretarios de Hacienda de México en el siglo XX fue ingeniero: Alberto J. Pani.

Todo esto me lleva a lo que sí interesa y a lo que es realmente productivo y que es la escasez de ingenieros no sólo en México, sino en Estados Unidos.

Hace un par de días, el Financial Times daba cuenta del problema citando las declaraciones de Francisco D’ Souza, presidente de “Cognizant Technology Solutions”, una empresa de origen indio dedicada precisamente a identificar talento ingenieril en Estados Unidos. El equipo de reclutamiento de la Cognizant –57 personas dedicadas de tiempo completo a buscar ingenieros talentosos en Estados Unidos- cada vez más tiene que recurrir al complicado trámite de importar dichos profesionales de la India misma o de otros países. El 70 por ciento de quienes hoy día cursan doctorados en ingeniería en prestigiosas universidades de Estados Unidos no son estadounidenses.

Y el colmo: la torpe xenofobia que se ha impuesto en las políticas migratorias de ese país hace cada día más difícil que esos doctores en ingeniería o en ciencias, que no nacieron en Estados Unidos pero que ahí estudiaron, puedan trabajar en empresas estadounidenses. Las pocas visas especiales disponibles para reclutar a esos especialistas las acaparan algunas corporaciones de Silicon Valley o grandes entidades gubernamentales como la NASA.

Dato adicional que aporta D’ Souza: “A pesar de que el alto desempleo caracteriza hoy a la economía de Estados Unidos, el desempleo en IT –Tecnologías de la Información- es muy bajo”.

La clave del desarrollo no está en la palabrería (verbigracia: “estímulos” fiscales y monetarios o reedición de retóricas nostálgicas), sino en la productividad. Todo esto, con tintes aún más dramáticos, es aplicable a México. Por eso, y dicho con todo respeto para esos ilustres palabreros: No perdamos el tiempo. Ya no hay.

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