DOMINGO, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2010
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“Los predicadores de catástrofes se ven demasiado en el espejo. ¿Sabe usted cuánto creció el ingreso por persona en México de 2000 a 2009? No es un dato para ponerse “locos de contento”, pero está muy lejos de las versiones apocalípticas que nos regalan algunos académicos, muchos políticos y numerosos comentaristas de la “realidad nacional”, que huyen como de la peste de las buenas noticias.”


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Los predicadores de catástrofes se ven demasiado en el espejo.

¿Sabe usted cuánto creció el ingreso por persona en México de 2000 a 2009? Cerca de 43 por ciento en dólares. No es un dato para ponerse “locos de contento”, pero está muy lejos –a años luz- de las versiones apocalípticas que nos regalan algunos académicos (que chapalean gustosos en los medios como si estuviesen en el lodo) muchos políticos (que cargan las tintas buscando llevar agua a sus respectivos molinos) y numerosos comentaristas de la “realidad nacional”, que huyen como de la peste de las buenas noticias.

Por cierto, la cifra de 43 por ciento de crecimiento del ingreso real por persona ($5,962 dólares corrientes al año en 2000 contra $8,135 dólares en 2009) está severamente castigada, para México, por la elección de los años inicial y final de la comparación. En 2000 México tuvo un crecimiento anual del PIB excepcionalmente elevado, producto en gran medida del efecto rezagado que, sobre la economía mexicana, tuvo el “boom” de la economía de Estados Unidos de 1998-1999; en tanto que en 2009, ya lo sabemos, se registró una de las más graves caídas del PIB anual, dado que México resultó particularmente afectado por la profunda recesión en Estados Unidos y por las consecuencias derivadas de la epidemia de influenza; a ello hay que agregar la depreciación del tipo de cambio peso-dólar. Así, no es aventurado pronosticar que el crecimiento del ingreso por persona para el periodo 2001-2010, en dólares corrientes, será superior a 46 por ciento para México.

Aun así, desde luego, es un crecimiento muy por debajo del potencial del país. Insatisfactorio a todas luces, sobre todo si se compara con crecimientos del ingreso por persona en dólares corrientes de más de 144 por ciento en 2000-2009 para Brasil, de más de 123 por ciento para Perú o de más de 100 por ciento para Chile.

Casi todo mundo sabe –salvo algunos políticos estridentes, varios falsos académicos que no han hecho la tarea y la legión de comentaristas catastróficos en los medios, que tampoco suelen hacer bien sus labores- qué es lo que le hace falta a México para crecer a tasas cercanas a su potencial: reformas a fondo, laboral, energética, en telecomunicaciones, educativa y fiscal. Con eso basta.

Nuestro problema es de productividad, sin darle más vueltas al asunto. Y a ese problema se suma el de la sobre-diagnosis acompañada de una parálisis desesperante de la clase política, empezando por el PRI que parece estar más preocupado de regresar a la Presidencia de la República (para lo cual adopta como estrategia la del quejumbroso consuetudinario) y se muestra totalmente ayuno de proyectos inteligentes y provechosos para México. Y siguiendo por los demás partidos que tampoco están para presumirse en sociedad.

He tomado un dato aislado, que dista de ser el más favorable para el argumento, que con todo sirve para mostrar que México dista de ser el desastre que algunos se han empeñado en propagar. Podríamos también destrozar, con datos objetivos, esa visión de que más de cien millones de mexicanos vivimos aterrorizados por los delincuentes. Visión enfermiza, de intelectuales de salón de té falsamente horrorizados, que definen con voz engolada: “México vive una depresión crónica”. Sólo tienen ojos para el espejo que les regresa la imagen de unos tipos que han envejecido, aburridos, en su zona de confort inmerecido.

• Problemas económicos de México • Política mexicana • Intelectuales iluminados

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