MARTES, 28 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Populismo en Estados Unidos III

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“Parte importante de la agenda populista de la primera mitad del Siglo XX en EU fue la creación de empresas paraestatales, empezando por la Compañía de la Flota Mercante y la Corporación para la Venta de Alimentos y Granos, fundadas en 1917 con fines bélicos, pero que siguieron vivas por muchos años.”


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Presenté la semana pasada la historia del populismo en EU a fines del siglo XIX y principios del XX, y cómo, a pesar de que el principal candidato presidencial populista en esa época, William Jennings Bryan, perdió las tres veces que fue nominado, se infiltró en el poder político buena parte de su agenda.

El nombre que se le dio a este activismo gubernamental que pretendía extender la ingeniería social a los más diversos ámbitos de la comunidad, fue el de “progresismo” e infectó a toda la esfera política estadounidense, trayendo cambios radicales en la forma en que la sociedad había estado organizada hasta entonces.

El primer presidente “progresista” fue Theodore Roosevelt, quien había sido elegido vicepresidente en 1900 representando al Partido Republicano pero al ser asesinado el Presidente William McKinley el año siguiente, ocupó la primera magistratura y empezó a ejercitar los poderes implícitos en la Presidencia como nunca antes.

Roosevelt emprendió una persistente campaña legal contra el sector privado y creó numerosas agencias regulatorias que pretendían normar los más diversos ámbitos de las actividades económicas, al tiempo que en la escena internacional extendía las ambiciones neo-imperiales de su país en las recién arrebatadas colonias españolas y despojaba a Colombia de Panamá, donde procedió a construir el canal interoceánico.

La marcha incesante hacia un creciente involucramiento del gobierno en todos los aspectos de la vida económica y social de Estados Unidos tuvo un breve respiro entre 1909 y 1913, solo para reanudarse con renovado vigor al llegar a la presidencia el candidato Demócrata Woodrow Wilson en el último de los años citados.

Wilson procedió a ampliar aún más la intervención burocrática en la economía y por primera vez en la historia de su país creó un impuesto progresivo al ingreso, elemento esencial para modificar la Constitución y prohibir la producción y venta de bebidas alcohólicas, dado que hasta entonces los impuestos sobre el alcohol eran la segunda fuente más importante de los ingresos públicos, después de las tarifas al comercio exterior.

Wilson creó pesados mecanismos burocráticos para subsidiar la agricultura, vieja propuesta populista, al tiempo que legislaba nuevos reglamentos en materia laboral. A pesar de su plataforma pacifista, se vio obligado a entrar en la Primera Guerra Mundial al hacerse públicos los designios belicosos de Alemania hacia EU.

Quizá el más grave error político de Wilson fue haber apoyado el Tratado de Versalles al término del conflicto bélico, que impuso condiciones imposibles a una Alemania recién derrotada, lo que habría de generar desastres económicos y sociales mayúsculos y crear el caldo de cultivo en el que habría de surgir la Segunda Guerra Mundial.

El “progresismo” retorna a la Casa Blanca entre 1929 y 1933 con el Presidente Republicano Herbert Hoover y su sucesor, el Demócrata Franklin Roosevelt (1933-45). Durante el mandato del primero el gasto federal por habitante en términos reales creció 88% mientras que en los primeros siete años del segundo, lo hizo en 74%.

Parte importante de la agenda populista de la primera mitad del Siglo XX en EU fue la creación de empresas paraestatales, empezando por la Compañía de la Flota Mercante y la Corporación para la Venta de Alimentos y Granos, fundadas en 1917 con fines bélicos, pero que siguieron vivas por muchos años.

La proliferación de empresas paraestatales y regulaciones públicas llegó a su punto máximo con el segundo Presidente Roosevelt, un populista radical que con el pretexto de combatir la Gran Depresión, fallidamente por cierto, extendió los tentáculos de la burocracia en todas las direcciones, incluyendo la fijación de precios por decreto.

Para ilustrar a los extremos a qué se llegó en la larga presidencia de Roosevelt, está la historia de Jacob Maged quien fue a la cárcel en 1936 por planchar pantalones en su tintorería de Nueva York por 35 centavos de dólar, por abajo del mínimo de 40 centavos que había fijado la Administración para la Recuperación Nacional (NRA).

La peregrina teoría económica detrás de esta barbaridad era que decretando precios mínimos, se podría combatir la deflación –definida como una caída generalizada en el nivel de precios- y de esa manera restaurar la prosperidad de la economía, lo que evidentemente no sucedió.

Según lo acredita Amity Shlaes en su magnífico libro The Forgotten Man, “la NRA generó más papel que toda la actividad legislativa del gobierno federal (de EU) desde 1789.

La semana próxima relataré expresiones más recientes del populismo en Estados Unidos.

• Populismo • Estados Unidos

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