MARTES, 19 DE OCTUBRE DE 2010
Chile y México

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“Ojalá que a partir de 2012 nos decidamos en México a retomar el camino de las reformas económicas y políticas que requiere el país.”


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La notable hazaña del impecable rescate de los 33 mineros chilenos atrapados por más de dos meses en la mina San José, es emblemática del éxito que ha tenido Chile en virtualmente todos los ámbitos en las pasadas casi cuatro décadas en las que ha logrado avanzar como ningún otro país de América Latina.

Quizá lo más extraordinario es que lo conseguido en Chile en este lapso parecía sumamente improbable hace cuarenta años, cuando el país iba en una dirección desastrosa con un gobierno marxista, fatídica culminación de muchos años de polarización política y letargo económico.

Mi primer contacto con chilenos ocurrió cuando llegué a estudiar economía en la Universidad de Chicago en 1970. Había un numeroso grupo de estudiantes de ese país gracias al convenio que había hecho el departamento de Economía de Chicago con la Universidad Católica de Chile.

Tuve la enorme fortuna de que los chilenos me adoptaran en su grupo de estudio lo que me permitió avanzar en mis conocimientos de las disciplinas esenciales de la economía mucho más rápido, dado que ellos traían una preparación excelente y trabajaban con un ahínco verdaderamente notable.

Algo que me llamó poderosamente la atención de ese grupo eran las profundas divisiones que había entre ellos cuando hablaban de política chilena, a pesar que todos eran de ideología liberal y ninguno apoyaba al régimen marxista del Presidente Salvador Allende.

Cuando regresé a México en 1973 con la primera fase de mis estudios doctorales terminada, pronto habría de intimar con otro grupo de chilenos que llegaron a México buscando refugio político después del golpe de Estado que llevó a una junta militar al poder en su país.

Como resulta obvio, esta segunda camada de chilenos eran todos de izquierda, y me volvieron a sorprender sus desavenencias y las terribles discusiones en las que se enfrascaban echándose la culpa unos a otros de los fracasos de la estrategia política y económica adoptada por el gobierno de Allende.

Entonces llegué a la conclusión de que la extremada polarización política de los chilenos era tal que ese país no tenía mucho futuro, mientras que México, por el contrario, venía creciendo aceleradamente por más de dos décadas, con una gran estabilidad de precios y una apreciable mejoría en los niveles de vida de la población.

Lo notable fue que después de un inicio desastroso, los militares en el gobierno chileno empezaron a hacer bien las cosas cuando se decidieron a seguir las políticas recomendadas por los economistas de Chicago, con Sergio de Castro a la cabeza, contenidas en lo que se llamó popularmente El Ladrillo.

El amplio programa de enmiendas económicas comprendido en El Ladrillo, constituye un modelo de una agenda reformista ejemplar que empieza por hacer un acertado diagnóstico de las causas del estancamiento económico chileno, que tuvo sus orígenes desde la Gran Depresión de los años treinta.

En tanto los chilenos empiezan a hacer bien las cosas, México se mueve en la dirección opuesta, empezando por la docena trágica de populismo desastroso entre 1970 y 1982, seguido por los intento de empezar a poner la casa en orden e iniciar la ruta reformista requerida.

Parecía que México retomaba el camino del crecimiento acelerado en el lapso 1988-94, sólo para volverlo a abandonar en los tres desastrosos gobiernos que siguieron, que no solo dejaron de lado la agenda reformista indispensable sino que tiraron por la borda los preciosos recursos que nos dio un petróleo que está por agotarse.

Mientras tanto, Chile abandonaba la dictadura, retomaba un sistema democrático competido y transparente que ha generado ya cinco administraciones públicas de todos los tonos políticos, que tuvieron la enorme virtud de no haber cambiado el modelo económico del éxito en lo fundamental.

La metáfora que representa el impecable rescate de los mineros contrasta de manera notable con nuestra propia metáfora desastrosa, de una minería en crisis, con el sinvergüenza de Napito Gómez Urrutia viviendo plácidamente en Canadá, dirigiendo a larga distancia un sindicato minero impresentable que heredó de su papá.

Ojalá que a partir de 2012 nos decidamos en México a retomar el camino de las reformas económicas y políticas que requiere el país. Por cierto, El Ladrillo está disponible para todos en el sitio del Centro de Estudio Públicos de Chile, una institución excepcional. http://www.cepchile.cl/dms/lang_1/cat_794_pag_1.html.

• Problemas económicos de México • América Latina

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