LUNES, 1 DE NOVIEMBRE DE 2010
Una ingenuidad fiscal

¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“¿De veras creen señores analistas que el gobierno mexicano es un ente bondadoso que por primera vez ataca agresivamente un vicio entre los jóvenes? De lengua me como un taco.”


Antes que nada debo decir (y lo atestiguan amigos y algunos de mis lectores que me conocen personalmente), no fumo. No consumo tabaco y derivados. Dicho esto, entro en materia.

Parece increíble la ingenuidad de algunos analistas (incluyo a algunos que yo considero serios) que celebraron con bombo y platillo la aprobación del impuesto al tabaco (7 pesos a la cajetilla; al menos no fue la locura de 10 y 14 pesos que querían algunos). Según unos, esto es una medida para combatir de una vez por todas al hecho de que muchos jóvenes se vuelvan adictos al tabaco (se contradicen, pues hablan de mayor recaudación y menos consumo de tabaco; ambas cosas no pueden ser por aritmética elemental). Para otros, los más ignorantes, sería bueno que incluso las tabacaleras se fueran del país. Vamos por partes.

Para empezar esa posición pro impuestos no representa a la posición liberal clásica. Lo menciono porque algunos de los opinadores que apoyan este impuesto gubernamental se dicen liberales clásicos. No lo son. “Por sus actos serán conocidos.”

Para un auténtico liberal clásico no es papel del gobierno estarla haciendo de ángel de la guarda (concepto de Arturo Damm). Son los individuos adultos quienes deben ser responsables de qué consumir y qué no. El papel del gobierno exclusivamente debe centrarse en contener a las externalidades negativas (daño a terceros) que pueden derivarse de consumir el llamado “vicio.”

Las consecuencias de quien consume el llamado “vicio” deben centrarse exclusivamente en el individuo que lleva a cabo dicha acción. La desgracia de nuestro sistema de salud socializado es que pagamos justos por pecadores. En un sistema de seguros e instituciones de salud privados cada quien paga por la calidad de vida que lleva (como sucede en el envidiable sistema de salud privado suizo). Eso es lo justo. Pero como el socialismo se ha enfermizamente impuesto, entonces estamos revueltos todos, incluso los que llevan una vida irresponsable. Lo afirmo y confirmo, el socialismo (todo para todos, en teoría; salud, vivienda alimentación y un larguísimo etcétera) sólo fomenta la pereza y la irresponsabilidad.

Ahora bien, tampoco se trata de un impuesto científico, un impuesto pigouviano diseñado para combatir una disociación entre el beneficio social (menor) y el beneficio privado (mayor), es decir, un impuesto para combatir el consumo de lo socialmente indeseable como el “vicio.” Esa conducta es antiliberal, pero está aceptada en casi todos los países; se acepta que el gobierno la haga de ángel de la guarda. Aún así, insisto, no es el caso de éste impuesto al tabaco que se aprobó en el congreso mexicano. Si éste impuesto se aplica en Escandinavia, lo acepto, es pigouviano, pues además de ser sociedades desarrolladas y educadas, sus gobiernos tienen estructuras tributarias trasparentes, ordenadas y eficientes que garantizan que los impuestos pigouvianos sean bien asignados y cumplan con su cometido (combatir externalidades negativas). Si me dicen que un impuesto en Escandinavia es para combatir el vicio y que irá parar a un fondo de prevención y/o tratamiento de adicciones me la creo, pues es demostrable. No es el caso mexicano. ¿De veras creen señores analistas que el gobierno mexicano es un ente bondadoso que por primera vez ataca agresivamente un vicio entre los jóvenes? De lengua me como un taco.

No, el gobierno mexicano autorizó este nuevo impuesto simple y sencillamente porque necesita más lana, simple y sencillamente porque se trata de un gobierno recaudatorio. Me dicen que el impuesto irá a parar a un fondo de tratamiento de adicciones. Já, ¿quién me lo garantiza? Ya antes he sido testigo de cómo la falta de rendición de cuentas jamás garantiza el uso correcto de los impuestos. No tengo por qué creérmela ahora. Muchos de los impuestos al llamado “vicio” que impone el gobierno mexicano no son para combatir externalidades negativas (eso es lo que menos le interesa al gobierno), sino para darle más lana a los gobiernos gastalones de los estados, así como para compensar a la compleja, burocrática, ineficiente y llena de huecos estructura fiscal mexicana.

Y cuidado, porque se ha sentado un precedente muy peligroso para en el futuro igualmente abusar de los impuestos mal llamados pigouvianos. Mañana será la carne, los refrescos de cola, las garnachas, los tacos y lo que se les ocurra a los legisladores socialistas.

Y perdón, qué irresponsabilidad afirmar que si una tabacalera quiere irse del país, mejor. Eso sólo demuestra ignorancia pura en materia económica. Quien afirma esta melonada debería informarse sobre la interacción de los mercados. Le pido al lector analizar qué está detrás de un cigarro, además del complicado proceso utilizado para preparar el tabaco; papel arroz, plástico envolvente, cajas (y toda la compleja materia prima que se usa para producir una cajetilla), gravados, colores y tinta, etc.). Le pido al lector analizar uno de mis artículos anteriores. Una industria como el tabaco mueve a toda una economía de estados como Nayarit en México. Una desinversión en tabaco afectaría al empleo y producción de otros sectores económicos. Me impresiona que superficialmente se olvide esto.

De acuerdo a una investigación académica, se sabe que las tabacaleras han usado y comprado la voluntad de diputados y senadores para que se legisle a favor de ellas. Lamentable hecho. Pero ello no justifica fastidiar a las inversiones multimillonarias en tabaco que significan miles de empleos. Y no, que no me vengan con que estoy pagado por alguna multinacional del tabaco, como seguramente ya lo piensan mis enemigos estatólatras. Además, no sólo las tabacaleras cabildean y sobornan a los legisladores, hay varias empresas de distintos ramos que hacen esto, sólo que dichas acciones no se han documentado. Lo triste es que estas prácticas son como un deporte del capitalismo mexicano. La solución no es hacerle la vida imposible en materia fiscal a una industria, sino poner candados al congreso para evitar la manipulación y el mal uso del cabildeo.

Y por cierto, la solución eficiente es realizar una reforma fiscal seria, de IVA generalizado y reducciones agresivas al ISR (ó sólo dejar al IETU). Lo demás, como el impuesto al tabaco, es demagogia fiscal.

• Demagogia • Política fiscal • Impuestos • Moralina autoritaria

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