Pesos y contrapesos
Nov 4, 2010
Arturo Damm

Legalizar, por principio

Consumir drogas es una acción dañina para la salud, pero no es una acción delictiva por su propia naturaleza. Siendo así, ¿cómo justifica el gobierno su prohibición? ¿Cómo justifica el uso arbitrario del poder, no el ejercicio de un derecho?

Untitled Document

Muchos, ¡muchísmos!, disparates se han dicho en torno al tema de la legalización del uso de la mariguana en California, tanto de parte de quienes se oponen a la misma, como de parte de aquellos que la apoyan. Dentro de este último grupo encontramos muchos subgrupos, definidos a partir de la razón por la cual consideran que el consumo de mariguana debe legalizarse, razones que van, desde las prácticas (la guerra contra el narcotráfico está perdida), hasta las fiscales (la recaudación que supondría gravar la compra – venta de la droga), todas ellas razones equivocadas para defender la legalización de la mariguana, misma que debe defenderse, no por razones, desde prácticas hasta fiscales, sino por principio: que el gobierno prohíba que uno se haga daño, mismo que uno puede hacerse de múltiples maneras, es una arbitrariedad, un abuso de poder, que encuentra su razón de ser, no en el derecho del gobierno para imponer tal prohibición, ¡derecho que no tiene!, sino en el poder con el que cuenta para imponerla, ¡algo muy distinto! Se trata del gobierno ángel de la guarda, que intenta preservarnos de todos los males, comenzando por aquellos que podemos hacernos a nosotros mismos.

Usted, lector, ¿cree que el gobierno tiene el derecho para prohibirle hacerse daño a sí mismo, siempre y cuando al hacérselo no dañe a terceros? ¿Tiene derecho el gobierno a prohibirle fumar tabaco, siempre y cuando no lo haga frente a un segundo que pueda salir perjudicado? No. ¿Tiene derecho el gobierno a prohibirle fumar cigarros, puros o pipa frente a un segundo que puede verse afectado? Sí, pero lo que hay tener claro es que el gobierno no le prohíbe hacerse daño a sí mismo, sino hacerle daño a otro, prohibición que es, dicho sea de paso, la única justificación para la existencia del gobierno y para el cobro de impuestos, es decir, para la obligación que tiene el contribuyente, so pena de castigo en caso de no cumplirla, de entregarle al recaudador parte del producto de su trabajo, lo cual viola el principio que afirma que el ser humano tiene derecho al producto íntegro de su trabajo.

Se puede argumentar que no es lo mismo fumar tabaco que mariguana, siendo mucho más dañino fumar la segunda que el primero, razón por la cual el gobierno debe prohibir el consumo de mariguana y permitir el de tabaco, como si la prohibición fuera un asunto de grado y no de principio. En una sociedad de personas libres, que enfrentan responsablemente las consecuencias de sus actos, ¡sin pasarle la factura a terceros!, la tarea del gobierno es prohibir que unos dañen a otros y, de fallar la prohibición, castigar a quien dañe a otro, no la de prohibir que uno se dañe a sí mismo.

Consumir drogas es una acción dañina para la salud, pero no es una acción delictiva por su propia naturaleza. Siendo así, ¿cómo justifica el gobierno su prohibición? ¿Cómo justifica el uso arbitrario del poder, no el ejercicio de un derecho?

 

• Drogas


Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
Entrar
Encuesta de la semana
Durante el 1T de 2020 el PIB se contrajo -2.2 % en comparación anual y -1.2% vs trimestre anterior, esto antes de la crisis por el COVID-19. Con esto son 4 trimestres consecutivos con caída, ¿cuándo volveremos a observar crecimiento económico en México?
Artículos recientes...
Ricardo Valenzuela
• La economía cósmica
Arturo Damm
• Decrecimiento, preocupante
Arturo Damm
• Cifras
Víctor Hugo Becerra
• México: ¡Exprópiese!
Arturo Damm
• ¡Ya basta de abusos!
Manuel Suárez Mier
• Liderazgos funestos