JUEVES, 25 DE NOVIEMBRE DE 2010
Revolución olvidada

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“Quizá sea bueno que el 20 de noviembre haya quedado olvidado. En muchos casos los revolucionarios fueron simples bandoleros que saqueaban ranchos, fusilaban a los dueños y violaban a las mujeres. Lo peor de todo es que los objetivos del movimiento no se lograron. México no se hizo más próspero, más justo, ni más democrático. La Revolución Mexicana retardó de manera muy importante el desarrollo del país.”


El centenario de la Revolución Mexicana pasó sin pena ni gloria. El Congreso movió el feriado al lunes inmediato anterior, el lunes 15 de noviembre, cuando nadie se acordó del aniversario. Los diputados lo conmemoraron el 18 de noviembre, para no perder su sábado de asueto. Un desfile militar del gobierno federal resultó deslucido en comparación con el del bicentenario de la independencia. El gobierno de la ciudad de México anunció que realizaría un desfile cívico-deportivo el 20 de noviembre por el Paseo de la Reforma; pero a sólo dos días de la fecha postergó el desfile hasta el sábado 27 de noviembre por “razones de seguridad”.

Pero así como en este 2010 se olvidó el 20 de noviembre, lo mismo ocurrió en 1910. Pese a lo que mucha gente piensa, ese día no comenzaron los combates de la Revolución. El 20 de noviembre era la fecha programada por el Plan de San Luis, de Francisco Madero, para el inicio del levantamiento armado. Si bien hubo un enfrentamiento en Puebla el 18, cuando las autoridades actuaron en contra de los hermanos Serdán que encabezaban el movimiento revolucionario en esa ciudad, nada sucedió el día 20. Tuvieron que pasar varias semanas para que empezaran a surgir algunos levantamientos aislados, los cuales sólo empezaron a cuajar en los primeros meses de 1911.

La Revolución llegó tarde a su propia fecha de inicio. En esto fue muy mexicana. Sin embargo, apenas con una batalla importante, la toma de Ciudad Juárez, logró en mayo de 1911 el derrocamiento de Porfirio Díaz.

Si la Revolución hubiera terminado ahí, otro sería su legado. Pero a partir de entonces empezó a gestarse una turbulencia que le hizo un enorme daño al país. Emiliano Zapata en Morelos se levantó en armas contra Madero casi en el momento mismo en que éste asumió la presidencia. Nadie quiso darle al nuevo presidente una oportunidad. La prensa, a la que Madero le quitó la mordaza de don Porfirio, arremetió implacable en contra del presidente y lo debilitó al grado de hacer posible el cruento golpe en su contra de Victoriano Huerta.

Distintos caciques se levantaron contra Huerta y, cuando lo derrotaron, se pelearon entre sí para disputarse lo que Zapata llamó la “silla embrujada”. Hubo momentos en que los revolucionarios se convirtieron en simples bandoleros que saqueaban ranchos, fusilaban a los dueños y violaban a las mujeres.

La población mexicana bajó de 15.2 millones en 1910 a 14.3 en 1921. Mucha gente murió de hambre o enfermedades y mucha también cruzó la frontera para buscar refugio en Estados Unidos. La economía tardaría dos décadas para recuperarse del desastre revolucionario.

Lo peor de todo es que los objetivos del movimiento no se lograron. México no se hizo más próspero, más justo, ni más democrático. La Revolución retardó de manera muy importante el desarrollo del país.

Quizá sea bueno que el 20 de noviembre haya quedado olvidado. De nada sirve seguir pretendiendo que la Revolución fue una lucha gloriosa que permitió construir un mejor país. Ha llegado el momento en que, en vez de celebrar, nos lamentemos de los males que trajo al país.

• Historia no oficial • Centenario y bicentenario

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