JUEVES, 25 DE NOVIEMBRE DE 2010
IED, aumento de 21.1%

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“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
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“No estamos mal, pero tampoco bien, todo lo cual da coraje porque, si estando como estamos, al final de cuentas se invierte en México, ¿cuánto más no se invertiría si, de una buena vez por todas, los encargados de hacerlo, comenzando por los legisladores, pusieran la casa en orden?”


Entre enero y septiembre pasados la Inversión Extranjera Directa, IED, canalizada hacia México sumó 14 mil 362 millones de dólares, 21.1 por ciento más, en términos reales, que en el mismo periodo de 2009, a lo largo del cual la IED sumó 11 mil 440 millones, lo cual indica que la misma se está recuperando después de la recesión del 2009, pero que todavía está lejos de recobrar los niveles que había alcanzado antes de la misma: entre enero y septiembre de 2007 y 2008 la IED sumó, respectivamente, 22 mil 431 y 17 mil 661 millones de dólares, por arriba de los 14 mil 362 alcanzados en el mismo periodo de este año.

La pregunta que debemos hacernos es, hasta qué punto, ese crecimiento del 21.1 por ciento, que como tal, es decir, como crecimiento, no está mal, es el resultado de lo atractiva que resulta la economía mexicana para los inversionistas extranjeros o, dicho de otra manera, de la competitividad del país, definida como la capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones, sobre todo directas, y hasta qué punto es consecuencia del “efecto rebote” después de la caída del 2009: entre enero y septiembre de 2009, con relación a enero y septiembre de 2008, la IED se contrajo, en términos reales, 40.8 por ciento, consecuencia de la recesión. ¿Hasta qué punto, ese crecimiento del 21.1 por ciento, en la captación de IED, es el resultado de la competitividad de la economía mexicana, y hasta qué punto es consecuencia del “efecto rebote” después de la caída del 2009?

Lo que es un hecho es que, después de resultados malos, como lo fueron los de 2009, y una vez que las presiones recesivas comienzan a ceder, los resultados, por lo general, resultan mejores de lo acostumbrado, tal y como lo hemos visto, por ejemplo, en materia de producción: durante el tercer trimestre de 2009, en plena recesión, la producción se contrajo 5.5 por ciento y un año después, a lo largo del tercer trimestre de 2010, creció 5.3 puntos porcentuales, muy por arriba de lo acostumbrado, ya que el crecimiento promedio anual de la producción, entre 1982 y 2009, ha sido de 1.9 por ciento.

Lo que también es un hecho es que, en materia de competitividad, las cosas dejan mucho que desear en México. Según el Índice de Competitividad Global 2010 – 2011, del Foro Económico Mundial, México ocupa, entre 139 naciones, en materia de competitividad, el lugar 66, con una calificación, en escala de 0 a 10, de 5.9, todo lo cual se resume con una palabra: mediocridad, lo cual quiere decir, que no estamos al final, pero tampoco al principio o, dicho de otra manera, que no estamos mal, pero tampoco bien, todo lo cual da coraje porque, si estando como estamos, al final de cuentas se invierte en México, ¿cuánto más no se invertiría si, de una buena vez por todas, los encargados de hacerlo, comenzando por los legisladores, pusieran la casa en orden? ¿Cuánto, cuánto más?

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