LUNES, 29 DE NOVIEMBRE DE 2010
El caso Alejo: Replantear la lucha contra el narco

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El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Si el Presidente no cambia su estrategia, la violencia nos carcomerá más y más a los mexicanos. Ya muchos narcos probaron los beneficios de extorsionar y secuestrar, y mientras más se les ataque, más delitos como estos aumentarán.”


Antes que nada aclaro, este artículo refleja estrictamente mi opinión y no necesariamente coincide con la posición del editorial de Asuntos Capitales. Comienzo.

La muerte de Alejo Garza es una señal preocupante para el combate a las drogas de la actual administración. Y no se trata, como lo han interpretado algunos medios, de un acto heroico. Se trata de una verdadera tragedia, del acto desesperado de un hombre que con total impotencia  sufrió las amenazas de despojo de su propiedad por parte de grupos ligados al narco. Se trata de un acto de desesperación que terminó con la vida de Don Alejo al enfrentar directamente a los sicarios (y causarle bajas también). Otros empresarios, francamente por lo sano, han optado por huir y abandonar sus propiedades en el norte del país. Qué tragedia.

Ya antes ha habido señales preocupantes en materia de asesinatos de particulares inocentes, confundidos y asesinados ó agredidos y asesinados con total alevosía. Pero la reciente muerte de un particular que intenta defender la propiedad fruto de toda una vida de trabajo, es una muestra de la desesperación, de la impotencia con que cada vez más particulares ven cómo los sicarios amenazan, agreden y asesinan con total impunidad, en donde es una tragedia la ausencia del Estado para protegerlos.

Y digo preocupante porque puede ser el inicio de una serie de estrategias en donde los particulares, ante la ineficiencia e ineficacia del Estado para protegerlos, intenten tomar la justicia legítima de defenderse y enfrentar al narco fuera de la ley. Así sucedió en Colombia ante la ineficaz autoridad; los propietarios de ranchos decidieron formar grupos paramilitares que enfrentaran a la guerrilla terrorista. El riesgo es que también en esta estrategia mueran inocentes ó se violen flagrantemente los derechos humanos, como también sucedió en Colombia.

La estrategia presidencial si no cambia traerá más y más costos para los particulares. El problema es que el Presidente inició una guerra sin tener a la gente preparada. Se entiende que al inicio había que poner orden y límite al poder y violencia -enteramente entre ellos- de los narcos, pero conforme el tiempo ha pasado (ya poco más de 4 años), la violencia se ha intensificado, ó peor aún, ha surgido en lugares que antes vivían en paz y tranquilidad. Y no, no quiero caer en la posición simplista de retirar al ejército, pero sí señalo el problema de iniciar una guerra sin haber pensado si las policías estatales y municipales estaban preparadas. Ya hemos visto que no y estamos pagando los costos.

De continuar  la actual estrategia presidencial, no me queda duda, la violencia no bajará, se recrudecerá y terminará por infiltrar al ejército y a las policías nuevas, únicas ó como se llamen.

Cada vez que la actual administración confisca droga, atrapa ó asesina a un narco ó sicario, lo único que genera es más violencia. Eso parece que el Presidente no lo quiere entender.  

Una propuesta Señor Presidente:  Definitivo, de golpe no puede salir el ejército (en eso al Presidente Calderón le está pasando como cuando el ex presidente Bush intervino Irak, y luego vino una oleada de violencia, de asesinatos de civiles y soldados y la tremenda dificultad de retirar al ejército), pero sí paulatinamente, sólo que con un cambio de estrategia. No como lo hicieron en Ciudad Juárez cuando trataron de sustituir al ejército con la policía federal, lo que fue un rotundo fracaso. Sólo se recrudeció la violencia. Una vez que le pegamos al “panal de avispas” es un grave error huir.

Más bien el Presidente debe pasar de una estrategia de combate frontal del narco, a una de férrea defensa de la vida, libertades y propiedades  de los particulares. Con una estrategia bien hecha, los narcos que quieran salir de “su mercado” y violar derechos de particulares lo pagarían muy caro. Si en ello falla el Estado mexicano veremos a más Alejos actuando por su cuenta. Ello no pasa como dicen los gobiernistas por “pactar” con el narco. Pasa por defender los derechos naturales de las personas.

Se trataría más bien de bajar la intensidad  de las incautaciones (hacerlo simbólico como antes). Si los gringos no dejan de meterse chochos y drogas, las incautaciones del gobierno mexicano no sólo no detendrán el paso de drogas, sino recrudecerán los asesinatos entre mexicanos (lo que aunque todavía minoritario, ya incluye crecientemente a inocentes). Si el gobierno estadounidense testarudamente continúa con la exigencia de la prohibición de drogas, los mexicanos no tenemos por qué pagar  los platos rotos. No seamos tontos, tampoco se trata de enfrentarnos al poderoso vecino del norte (nos iría muy mal) sino de hacer política, y dejar claro que lo más importante es la integridad de los mexicanos, de los particulares inocentes. Si los gringos no arreglan sus vicios, los mexicanos no tenemos por qué jodernos.

Ya antes he dado otras sugerencias (ver mi serie de legalización y combate a las drogas en “asuntos económicos”), pero ahora, de momento, con la muerte de Don Alejo, no puedo dejar de expresar mi impotencia por más inocentes asesinados y despojados.

La nueva policía debe estar capacitada principalmente para combatir el secuestro, la extorsión y el asesinato. Al narco, en todo caso, hay que evitar que se infiltre en el gobierno y mantenerlo a raya con servicios de inteligencia evitando que agredan a inocentes. Si la nueva policía combate frontalmente al narco, insisto, va a acabar infiltrada. No soy adivino ni charlatán, ya experiencias previas nos lo indican.

Y ojalá se acaben los retenes y retenes en dónde ya uno no sabe si temer al narco ó a que los militares se equivoquen y lo baleen, como le ha pasado ya a algunas familias.

También es necesario eliminar todas las regulaciones -existentes y propuestas- financieras (como la  de limitar las operaciones en efectivo y el monto de transacciones en dólares) que lejos de combatir al narco, sólo burocratizan de manera onerosa los intercambios entre particulares.

Si el Presidente, como me temo, no cambia su estrategia, la violencia nos carcomerá más y más a los mexicanos. Ya muchos narcos probaron los beneficios de extorsionar y secuestrar, y mientras más se les ataque, más delitos como estos aumentarán (ojo, no es que esto no pasara antes de la llegada al poder de Calderón, pero se ha recrudecido espectacularmente). Y ahora el caso Alejo nos muestra otra señal de suma preocupación. Ojalá tomen nota los futuros candidatos a la presidencia.

• Drogas • Inseguridad / Crimen

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