VIERNES, 24 DE FEBRERO DE 2006
MALO y los empresarios

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“El Sr. MALO se queja del enriquecimiento de los empresarios, pero sus propuestas de una política económica intervencionista no representan, bajo ninguna circunstancia, un impulso a la competencia y a la equidad.”


Manuel Andrés López Obrador (así se llama según su registro en el IFE), está pregonando casi al pie de la letra la doctrina marxista que aprendió durante su paso por la carrera de Ciencia Política en la UNAM y en la cual cree vehementemente. Su discurso electoral gira alrededor de un eje principal: la lucha de clases de pobres contra ricos enmarcada en la “maldad” de los empresarios. El Sr. MALO se ha negado a asistir a las reuniones que algunos de ellos han organizado no porque tenga temor que sus propuestas de política económica sean duramente cuestionadas, sino porque en el fondo los desprecia y ha centrado sus críticas a aquellos que, según él, se han enriquecido a la sombra del poder político y de la corrupción. Ante los continuos señalamientos y críticas del Sr. MALO hacia los empresarios y la división que ha hecho entre buenos y malos, hay que analizar el efecto que tendrían algunas de sus propuestas de política económica.

 

Sin negar que la historia de México está plagada de empresarios que se han enriquecido a la sombra del poder político y de la corrupción, hay dos elementos principales que explican la notoria inequidad en la distribución de la riqueza. Uno de ellos es la política de desarrollo económico basada en la sustitución de importaciones que se instrumentó en México a partir de la década de los cuarenta del siglo pasado y que perduró hasta mediados de la década de los ochenta. Bajo esta política, la protección comercial que se le otorgó al sector manufacturero nacional, generó para los empresarios un mercado interno cautivo que les permitió obtener una tasa de rentabilidad extraordinaria sobre su inversión a costa del bienestar de los consumidores, rentabilidad que se incrementó aun más por la política complementaria a la misma protección y que consistió en otorgar toda una serie de subsidios fiscales, financieros y en el precio de los energéticos y del agua, todos ellos subsidios a la utilización relativa de capital en la producción. A pesar de que éste fue un elemento importante para explicar el enriquecimiento de algunos empresarios, el Sr. MALO está dispuesto a volver a instrumentar una política económica sustentada en la protección y en los subsidios, generando con ello las condiciones para incrementar la tasa de rentabilidad del capital y una distribución más inequitativa de la riqueza. Si él estuviera realmente preocupado por que los empresarios obtuvieran una tasa de rentabilidad normal sobre su inversión, realmente preocupado por el bienestar de los consumidores, la política que debería estar proponiendo es exactamente la contraria: una mayor integración comercial y financiera de la economía mexicana a los mercados internacionales en todos y cada uno de los sectores de actividad económica, incluyendo obviamente el de los energéticos.

 

El segundo elemento para explicar el enriquecimiento que tanto critica el Sr. MALO es la existencia de una excesiva e ineficiente regulación de los mercados tanto de bienes como de servicios y de factores de la producción, en los tres niveles de gobierno, representa la existencia de significativa barreras de entrada a los mercados lo que se traduce, en consecuencia, en que estos no estén operando en un contexto de competencia. Tener una regulación que aleja a los mercados de la competencia, se refleja en que aquellos empresarios que están protegidos de nuevos competidores estarán obteniendo rentas extraordinarias, a costa naturalmente del bienestar de los consumidores, además de ser la principal causa de la corrupción que impera en el país. Sin embargo, y a pesar de lo anterior, y repitiendo lo que hizo en el D. F., las propuestas de política económica del Sr. MALO están plagadas de elementos de planeación centralizada de la actividad económica que implican una mayor participación del gobierno en la economía a través de la regulación, con burócratas decidiendo discrecionalmente a quién se le otorga una licencia o permiso y a quién no, decidiendo quién gana y quién pierde, todo mientras se enriquecen chantajeando a los empresarios. Si él estuviera realmente preocupado por el bienestar de los consumidores, sus propuestas deberían orientarse a lograr una efectiva desregulación de los mercados para inducir a las empresas a operar en un contexto de competencia.

 

El Sr. MALO se queja del enriquecimiento de los empresarios, pero sus propuestas de una política económica intervencionista no representan, bajo ninguna circunstancia, un impulso a la competencia y a la equidad.


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