MARTES, 28 DE DICIEMBRE DE 2010
Fracasa “enchilada” migratoria

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“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
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“La posición de Castañeda es la típica del acomplejado y siempre fracasado estereotipo mexicano que defiende “sus principios e ideales” a sabiendas que será derrotado, en lugar de priorizar los objetivos que desea alcanzar.”


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La semana pasada me referí al debate en Estados Unidos sobre inmigración y los medios por los que nuestro gobierno puede obtener las mayores ventajas para sus ciudadanos en este asunto, y si exigirle a EU que lo incluyera en la negociación comercial que culminó en el TLC hubiera conseguido ese objetivo.

Esto último lo afirma el ex-canciller de Vicente Fox, Jorge (Little George) Castañeda al acusar a Carlos Salinas de cobarde por aceptar sumisamente la decisión de EU de excluir los flujos de personas de esa negociación, a diferencia de él, su jefe y otros burócratas que con gallardía lo intentaron.

La posición de Castañeda es la típica del acomplejado y siempre fracasado estereotipo mexicano que defiende “sus principios e ideales” a sabiendas que será derrotado, en lugar de priorizar los objetivos que desea alcanzar, que en el caso en cuestión era el tratado comercial con EU que entró en vigor en 1994.

Vale la pena recordar que desde el anuncio que entablaríamos pláticas con nuestros vecinos septentrionales, Castañeda y otros cuantos mexicanos opuestos a ese proyecto, iniciaron una incansable campaña en Estados Unidos para intentar derrotarlo.

En su cruzada, Castañeda y sus amigos se aliaron con muy diversos grupos de EU opuestos al convenio comercial con México, por las más contradictorias razones:

1. Los sindicatos, aludiendo que el libre comercio con nosotros extinguiría fuentes de trabajo para sus socios pues las empresas se trasladarían masivamente hacia el sur. El sindicato de choferes de camiones de carga, los poderosos y corruptos Teamsters, sigue hasta la fecha bloqueando el acceso de camiones mexicanos, en flagrante violación al TLC tolerada por el gobierno de EU.

2. Nativistas y populistas de derecha, como Ross Perot y Pat Buchanan, que sumaban a la imputación de los empleos perdidos, que no se debía negociar con un gobierno autoritario y antidemocrático como el de México. Esta posición ganó tal apoyo político que Perot, un enanito tejano, gangoso y muy rico, se postuló a la presidencia como candidato independiente y le costó la reelección a George Bush padre.

3. Populistas de izquierda como Richard Gephardt, líder demócrata en la Cámara de Representantes y Jesse Jackson, vividor del movimiento de emancipación política negra encabezado por Martin Luther King en los años sesenta. En esta oposición había también un trasfondo de racismo pues los negros se sienten desplazados por los “cafés” de origen, sobre todo, mexicano.

4. Fanáticos ecológicos, como el perenne candidato presidencial independiente  Ralph Nader y el Sierra Club, con la tesis que abrir el libre comercio con México conduciría a una hecatombe ecológica devastadora para Norteamérica.

Estos enemigos en EU del libre comercio con nuestro país, celebraron tener aliados como Castañeda y compañía que les permitían presumir que había una vigorosa oposición al TLC también en México, como si la acción de un puñado de conjurados realmente representara a la mayoría de nuestros paisanos.

La lección realmente importante de las acciones del gobierno de México para conseguir la aprobación del TLC, fue no sólo priorizar lo que se podía conseguir políticamente y desechar lo que hundiría el proyecto, sino trabajar con talento y concentración notable para ganar adeptos dentro y fuera del país.

En EU, esta campaña, coordinada por la Secretaría de Comercio, incluyó salir a vender a sus pobladores las virtudes del libre comercio con México, de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, enfatizando los distritos electorales en los que sus representantes no tenían una posición bien definida frente al TLC.

En estas reuniones, que se organizaban semanalmente con grupos de votantes en innumerables localidades, asistíamos oradores de todos los niveles del gobierno de nuestro país –según el sapo la pedradada, como reza el dicho popular- y les pedíamos su apoyo para que sus diputados votaran a favor.

El esfuerzo de cabildeo del gobierno mexicano en EU se sumó así al de los sectores privados de ambos países, de gran efectividad y, por supuesto, al propio trabajo que emprendió la Casa Blanca de Bill Clinton, que después de su victoria electoral en 1992 se sumó al proyecto con gran vigor y talento.

Una campaña como ésta, en estrecha coordinación con los aliados potenciales y con mucha paciencia y trabajo, es lo que nunca han hecho quienes proponen la reforma migratoria. Little George se dio por satisfecho con incluir el tema en la agenda, regañar a los gringos por no aceptar su “enchilada” migratoria completa y largarse a su casa cuando previsiblemente fracasó en el intento.

• Globalización / Comercio internacional • Migración • México - Estados Unidos

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