Pesos y contrapesos
Ene 7, 2011
Arturo Damm

La odisea de una familia agripada (I)

Una odisea es una sucesión de peripecias desagradables que le ocurren a alguien, que bien puede ser, en estos tiempos del gobierno ángel de la guarda, una familia agripada, como fue el caso de la familia Damm Gómez.

Una odisea es una sucesión de peripecias desagradables que le ocurren a alguien, que bien puede ser, en estos tiempos del gobierno ángel de la guarda, una familia agripada, como fue el caso de la familia Damm Gómez. Les cuento.

La familia pasó el fin de año en Veracruz, puerto de nortes por estas fechas, mismos que pueden ser causa de gripes, mismas que atacaron a los miembros de la familia, que cayeron enfermos uno tras otro. ¿Qué hizo la jefa de familia? Lo lógico, llamó, a la Ciudad de México, a su médico de toda la vida, ¡que suma ya cincuenta años!, le explicó lo que pasaba, el doctor recetó por teléfono el antibiótico necesario para atacar el mal, ¡el mismo que la jefa de familia había supuesto que el doctor iba a recetar!, todo lo cual, en los tiempos anteriores al gobierno ángel de la guarda, hubiera bastado para que el jefe de familia se hubiera presentado en la farmacia, hubiera pedido la medicina, se la hubieran dado, la hubiera pagado, y la hubieran empezado a tomar su esposa, sus hijos y él.

Eso es lo que hubiera pasado en los tiempos anteriores al gobierno ángel de la guarda, que pretende preservarnos de todos los males, comenzando por aquellos que podríamos hacernos a nosotros mismos, entre otras muchas posibilidades, automedicándonos, lo cual nos lleva a la pregunta de si es tarea legítima del gobierno preservarnos de todos los males, comenzando por aquellos que podríamos hacernos a nosotros mismos, que son muchos, abarcando desde la falta de ejercicio hasta el exceso de trabajo.

El hecho es que, por obra y gracia del gobierno ángel de la guarda, que pretende preservarnos del mal que podríamos hacernos a nosotros mismos por obra y gracia de la automedicación (siendo que en el caso de la familia Damm Gómez no se trataba de automedicación puesto que, como ya se dijo, la jefa consultó al médico, quien recetó por teléfono), los miembros de la familia tuvieron que hacer hora y tres cuartos de antesala, antes de que el doctor que atiende, gratis, en los establecimientos de una de las cadenas de farmacias que operan a nivel nacional, los auscultara y recetara, receta con la cual la familia pudo obtener la medicina que no fue, porque el mentado doctor no la considero adecuada, la que el médico familiar mandó, pese a que se le informo, uno, que la jefa de familia se había puesto en contacto con él y, dos, que él había recetado el antibiótico X, y que ese, el X, y no el Y, era el que quería la familia. ¿Por qué? Porque, pese a que la consulta fue telefónica, ¡como lo ha sido docenas de veces!, los Damm Gómez confían más en su doctor que en cualquier otro, al tiempo que el gobierno ángel de la guarda no confía en los Damm Gómez, tratándolos como si fueran un conjunto de inconscientes e irresponsables, siendo que no lo son, ¡y aunque lo fueran!

Continuará.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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