Ideas al vuelo
Ene 8, 2011
Ricardo Medina

Propuesta disparatada: “usar” las reservas

Quien propone usar las reservas de divisas para un propósito de gasto público sólo está proponiendo un disparate mayúsculo.

Con cierta regularidad aparecen en los medios de comunicación declaraciones de algunos políticos proponiendo “usar” parte (o la totalidad, incluso) de las reservas de divisas para fines tan encomiables como construir escuelas, hospitales e infraestructura de transporte o tan demagógicos como subsidiar (aún más) el precio de las gasolinas o la producción de películas mexicanas no comerciales (es decir: tremendamente aburridas). Estas propuestas revelan mucho acerca de la ignorancia, en materia económica, contable y financiera, de quienes las emiten.

Hay, entre otros, dos errores básicos en estas propuestas. El primer error es creer que las reservas de divisas son una especie de “guardadito” que tiene la Nación –esto es: todos los mexicanos– para enfrentar necesidades apremiantes o satisfacer demandas emergentes. No es así. Las reservas de divisas pertenecen al Banco Central, no al gobierno, ni siquiera a la Nación. El Banco Central, de hecho, se endeuda para adquirir las reservas. Las reservas no son un excedente que haya logrado el Banco Central, mucho menos el país, son la contrapartida de la moneda nacional en circulación o depositada por otros en el Banco Central. Lo cual nos lleva al segundo error, que proviene del desconocimiento de un principio contable básico aplicable también a los bancos emisores de moneda.

El principio básico de contabilidad al que me refiero se puede expresar de manera simple así: el activo (aquello que tengo o que me deben) es siempre equivalente a la suma de los pasivos (aquello que debo) más el capital contable.

Para un banco emisor de moneda –que eso es un Banco Central- sus pasivos son los billetes y monedas que emitió más los depósitos que otros agentes económicos, el gobierno y/o intermediarios financieros, le han confiado; en tanto que la mayor parte de su activo son precisamente las reservas de divisas (es decir, valores nominados en monedas distintas a la que emite el propio Banco). Tomemos, como ejemplo, los datos del estado de cuenta del Banco de México al 31 de diciembre de 2010: Su activo fue de 1 millón 518, 485 millones de pesos (esto es: más de un millón de millones de pesos) que es exactamente lo mismo que el valor de sus pasivos más su capital contable. El 92.3 por ciento del activo fue, en dicha fecha, la reserva internacional o las reservas de divisas (1 millón 402, 872 millones de pesos) equivalentes a 113,597 millones de dólares.

Para que ese activo disminuya (a eso equivale “usar” las reservas al tenor de las propuestas de algunos políticos) tendría que disminuir exactamente en la misma cantidad el pasivo (pesos en circulación o depósitos del gobierno federal o de otros agentes económicos en el Banco Central) y/o el capital contable del propio Banco de México. Alguien tendría que pagar en pesos al Banco Central las divisas que se deseen usar y esos pesos sólo podrían salir o del dinero circulante (que obviamente tiene dueños que no son el Banco Central) o del dinero depositado por otros agentes en el Banco Central.

El gobierno federal podría usar sus depósitos en el Banco Central para adquirir divisas de las reservas, volverlas a cambiar a pesos y gastar ese dinero; pero ésa sería una operación absurda por innecesaria: ese dinero, en pesos, ya lo tiene el gobierno.

Así, quien propone “usar” las reservas de divisas para un propósito de gasto público sólo está proponiendo un disparate mayúsculo.



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