LUNES, 7 DE FEBRERO DE 2011
Una ignorancia económica peligrosa

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No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Hay un error frecuente que cometen no pocos académicos y muchos, muchos periodistas y analistas. Más que ideológico, me parece un problema de profunda ignorancia en materia económica. Estos errores por desgracia terminan replicándose en la mayoría de los políticos que terminan violando libertades esenciales.”


Hay un error frecuente que cometen no pocos académicos y muchos, muchos periodistas y analistas. Más que ideológico, me parece un problema de profunda ignorancia en materia económica. Estos errores por desgracia terminan replicándose en la mayoría de los políticos que terminan violando libertades esenciales.

Con frecuencia se escucha decir que es necesario tener cobertura médica universal, vivienda y escuela para todos, seguridad social universal, ingreso mínimo “decente” para todos, seguros de desempleo y  un larguísimo etcétera de prestaciones sociales.

Y no me refiero a aquellos que creen que es sólo el Estado el que resuelve todos los problemas. No, no me refiero a los populistas incorregibles que pululan en México (esos que gobiernan localidades como el DF y que creen que hay que dar todo subsidiado ó de plano “gratis”). Me refiero a aquellos que reconocen que hay que tener una economía de libre mercado (reconocen la importancia de la propiedad privada), pero de acuerdo a estos mismos académicos, periodistas y analistas, sólo el Estado corregiría las desigualdades resultantes de un proceso capitalista. Hablan de lo deseable de tener un sistema social al estilo, alemán ó escandinavo. Están peligrosamente equivocados.

Países como Suecia lograron su desarrollo no gracias a su situación actual de amplio estado de bienestar combinado con altos impuestos (un estado ciertamente menos socialista que el de hace unas décadas), sino a su proceso de crecimiento económico previo. Un proceso de crecimiento previo caracterizado por sólidos derechos privados de propiedad, por un ambiente legal amigable con los negocios que hace que se respeten fielmente los contratos entre particulares en el proceso de intercambio, por un libre intercambio con el resto del mundo, por la existencia de impuestos muy bajos y fáciles de pagar (a veces sin existir ese impuesto socialista llamado ISR como en su momento fue el caso del estadio de desarrollo inicial de EU), por la ausencia de bancos centrales, ó en su defecto por bancos centrales muy profesionales para cuidar que la moneda no se pervirtiera como almacén de valor en el tiempo, por gobiernos con cero deuda ó muy pequeña y con muy poco-a veces nulo- intervencionismo en las economías, por gobiernos únicamente avocados a defender los derechos de las personas a vivir, a ser libres y a tener propiedades,  y en general procesos de alto crecimiento económico caracterizados por una plena libertad para intercambiar, ahorrar, emprender, invertir, producir, trabajar y consumir.

Luego, el resultado, altas tasas de crecimiento económico caracterizadas por la existencia de muchos emprendedores, muchas empresas, muchas innovaciones, mucha productividad y altos salarios (y por tanto más propietarios de casas con buena salud y educación, resultado del esfuerzo propio, de los mercados libres, no de la dádiva gubernamental, como erróneamente creen los políticos del PRI, PAN Y PRD), y lo que más le gusta a los gobiernos, mucha gente pagando impuestos. Aquí comienzan las aventuras socialistas de los gobernantes (que se vuelven locos con tanta lana en sus arcas) y que se traducen en “salud gubernamental para todos”, salarios mínimos, educación gubernamental gratuita, prestaciones y más prestaciones de la cuna a la tumba que se van traduciendo impuestos que van subiendo poco a poco para “redistribuir” la riqueza.

Inglaterra, que fue la potencia económica dominante en el siglo XIX, inició también con el proceso arriba descrito, y terminó en un socialismo a la latinoamericana,  con mucha burocracia y altos impuestos, con un gobierno propietario de muchas empresas con sindicatos burocratizados y poco productivos. Luego al ver el deterioro de su bienestar y estar al borde del colapso, corrigieron y regresaron a los mercados más ó menos libres.

Escandinavia no llegó a sufrir el estatismo inglés, pero construyó un sistema social demócrata (con altísimos impuestos desde luego) que luego fue asfixiando las innovaciones y la creación de nuevas empresas. También tuvieron que corregir.

Así las cosas, quienes desean un sistema social demócrata para México al estilo europeo, se olvidan que México no ha atravesado por las altas tasas de crecimiento económico que son un requisito previo al desarrollo pleno, que tenemos un gobierno altamente intervencionista a través de sus costosos e ineficientes monopolios estatales, múltiples regulaciones para el sector privado, un sistema tributario tercermundista que depende principalmente de ingresos provenientes de recursos naturales y una burocracia grandota e ineficiente llena de sindicatos corruptos.

Si algún día México realiza una seria reforma fiscal, ello debe redundar en menores impuestos, una amplia base gravable, y ojo, un gobierno más pequeño y menos regulador, que no asfixie la creación de riqueza.

Dos conclusiones entonces; el crecimiento mediocre de México de los últimos años y el endeble sistema tributario no alcanzan para tener prestaciones sociales al estilo europeo.

Aún si hubiera reforma fiscal seria, de nada sirve si el gobierno mexicano se lanza a crear más y más burocracias de oficina, de academia y de clínica.

Hay en el equipo del Presidente Calderón asesores que lo han convencido que es sólo el gobierno el que debe hacer frente a la atención de salud y a la educación en todos sus niveles. Que es sólo el gobierno el que debe dar crédito a las pequeñas empresas (por cierto en este sexenio, los bancos de desarrollo han acabado financiando a grandes corporativos, que falta de respeto para los contribuyentes). Estos soberbios están equivocados. Ese es el camino perfecto a la servidumbre.

Si el gobierno recibe más ingresos estos deberán ser exclusivamente para perfeccionar el sistema legal y mejorar las policías. No más. Por cierto, bien valdría la pena recortar dos terceras partes de la burocracia existente hoy. El problema es que esto ya es un negocio de todos los partidos que no cederán a menos que haya una verdadera crisis fiscal (no la deseo, pero me temo que esta situación es la única que funcionaría como factor de cambio).

En materia económica, el mejor camino a seguir para México es el de países como Hong Kong ó Singapur, el de zonas económicas totalmente libres de la injerencia gubernamental como ha señalado en este espacio Ricardo Valenzuela, no el de la social democracia europea con sus múltiples monopolios estatales, educativos y de salud.

A ver si aprendemos y corregimos nuestra peligrosa ignorancia económica.

• Libertad económica • Problemas económicos de México

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