LUNES, 14 DE FEBRERO DE 2011
Los vividores agropecuarios

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“Un buen comienzo para derrotar a los vividores de la ubre es abrir las economías completamente al resto del mundo; así lo demuestra la experiencia manufacturera.”


La semana pasada diversas organizaciones “campesinas” manifestaron en distintos medios su total desacuerdo para que México firme un tratado comercial con algunos países de Sudamérica.

Dichas organizaciones son encabezadas por  Confederación Nacional Campesina, Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, Confederación Nacional de Propietarios Rurales, Asociación Mexicana de Secretarios de Desarrollo Agropecuario y Consejo Nacional Agropecuario.

Todas estas agrupaciones además de gozar de amplios privilegios fiscales (esos que envidiamos los contribuyentes  cautivos, los contribuyentes mexicanos “de segunda”), recibir subsidios multimillonarios año con año (en el año en curso recibirán la “frijolera” cantidad de 300 mil millones de pesos y han chillado por no recibir más) y gozar de barreras arancelarias para tener mercados cautivos (evitarse nuevos competidores dañando flagrantemente a nosotros los consumidores), ahora blanden el machete y amenazan con armarla en el Senado para evitar que haya un comercio más libre en materia agropecuaria con países como Perú, Colombia y Brasil.

A continuación le resumo al lector algunos de sus justificaciones (pretextos) que exponen para evitar a “la competencia salvaje.”

Alegan con respecto a Colombia:

Es un país con presencia de fiebre aftosa, lo que representa un serio peligro de que se mueran miles de cabezas de ganado mexicano.

Con respecto a Perú:

Contribuiría a desordenar los mercados (¿?), además de que el tema fitosanitario es delicado, pues existen plagas y enfermedades ausentes en México.

Con respecto a Brasil:

México y Brasil no son economías complementarias desde el punto de vista agropecuario (¿?), por lo que un acuerdo significaría la pérdida de millones de empleos y la quiebra total de los sectores productivos.

Vaya el cinismo de estos vividores agropecuarios de la ubre gubernamental.  ¿Pero qué se espera de quien durante décadas ha vivido bajo el amparo estatal con millonarios subsidios y mercados cerrados a la competencia?

Cómo recuerdo el chillido de los entonces vividores manufactureros cuando se estaba negociando el acuerdo de libre comercio entre México, EU y Canadá; se parecen tanto sus “argumentos” a los de los vividores agropecuarios; argumentos falaces como que no podía ser posible  el comercio entre vecinos ricos y pobres, que el libre comercio llevaría a la quiebra de miles de empresas y al desempleo de millones (como les encanta éste mitote a los proteccionistas), que los pobres se multiplicarían, que se colapsaría la planta productiva, que terminaríamos siendo invadidos por mercancías gringas, y así un larguísimo etcétera para proseguir con subsidios y subsidios y mercados cerrados al resto del mundo.

Por fortuna no se impuso el interés de unos cuantos y el acuerdo de libre comercio con los vecinos del norte en realidad convirtió a México en una potencia exportadora, con acceso del consumidor mexicano a bienes antes no disponibles, entre ellos bienes de alta tecnología.

El libre comercio beneficia a millones de consumidores, y por cierto, una de sus consecuencias No es la desaparición de miles de empresas (se van las deficientes, lo que es justo para el consumidor) y el desempleo de millones. Al contrario, con mercados abiertos se multiplican las oportunidades de negocio, se multiplica el empleo (éste proceso ha sido lento en México, pero no es culpa del TLC, sino de la crisis cambiaria de 1995, y del histórico rezago legal de los mercados laborales) y los salarios suben (no por nada en México los salarios pagados más altos están en el sector exportador).

Por cierto, afirmar que no es posible el comercio entre economías que no son complementarias es otro de los ridículos argumentos de los vividores agropecuarios.  Bajo un esquema de libre comercio el intercambio se da entre bienes complementarios (se aprovechan las ventajas comparativas) y sustitutos, siendo éste un punto crucial que asegura que habrá competencia entre los oferentes para ganarse a los consumidores y no sólo territorios, mercados repartidos a modo, que sólo beneficia a los oligopolistas vividores (es en todo caso lo que aceptarían los vividores agropecuarios).

Lo mismo sucede con el “argumento” de los aspectos fitosanitarios. Esto no es más que pretextos para imponer las llamadas barreras no arancelarias, esas que no son de cuota, ó porcentaje de impuestos, sino que implica toda una maraña burocrática para imponer reglas estorbosas al libre comercio y prohibiciones a nombre de “la salud de los mexicanos.” Cuando hay una epidemia animal, ya hay diversos mecanismos para detectarlo y evitar lo más posible se interrumpa el intercambio. Así que éste es un pretexto más de los vividores agropecuarios.

Finalmente, ojo, la competencia no “desordena” (vaya palabreja usada por los vividores) los mercados, al contrario, los agranda, reduce los precios y aumenta el poder  adquisitivo de los consumidores. Lo que en realidad no quieren los vividores agropecuarios es que se les desordenen sus privilegios.

Yo la verdad ya no deseo una seria reforma fiscal. Lo reitero, aunque la hubiera, si no corregimos los incentivos perversos con que operan los vividores de la ubre gubernamental, mañana el gobierno tendría más recursos, y su contraparte lamentable e inevitable, más y más subsidios para los vividores de la teta estatal.

Los vividores de la ubre gubernamental están infiltrados en el Congreso, así que mientras esto se dé así, los contribuyentes cautivos veremos con desesperación y tristeza como abusan de nuestros recursos año con año.

Un buen comienzo para derrotar a los vividores de la ubre es abrir las economías completamente al resto del mundo; así lo demuestra la experiencia manufacturera.

Por lo pronto ahí están los vividores agropecuarios, como viles chupamirtos presionando para mantener sus privilegios. Qué lamentable.

• Competencia • Subsidios • Problemas económicos de México

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