LUNES, 14 DE FEBRERO DE 2011
¿Las ventajas de la técnica?

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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Arturo Damm







“La creencia, es que la técnica, entendida como los recursos y procedimientos de que se sirve un arte para lograr sus objetivos, ha llegado para facilitarnos la vida, comenzando por el ahorro de tiempo, lo cual supone el incremento en la productividad de lo que se hace. ”


La creencia (y lo escribo así porque muchas veces es eso, una creencia, en el sentido de verdad revelada, no de certeza confirmada), es que la técnica, entendida como los recursos y procedimientos de que se sirve un arte (por ejemplo: la venta de boletos en las taquillas de los cines) para lograr sus objetivos, ha llegado para facilitarnos la vida, comenzando por el ahorro de tiempo, lo cual supone el incremento en la productividad de lo que se hace (por ejemplo: vender más boletos en menos tiempo).

La creencia con relación a la técnica, pese a la evidencia empírica en contra, es que la misma llegó, y lo hizo para quedarse, con el fin de facilitarle la vida al ser humano (por ejemplo: el cinéfilo que compra su boleto en taquilla), lo cual no necesariamente es cierto, tal y como lo comprobamos, precisamente, los cinéfilos.

Hace tres décadas y media, a mediados de los años setenta del siglo pasado, una vez superada la cola, y ya frente a frente con la taquillera (por lo general eran mujeres), ¿cuánto tiempo tardaba, sin toda la técnica con la que se cuenta hoy en día, comenzando por la imprescindible pantalla del ordenador, la impresora y expendedora automática del boleto, y la caja registradora, ¡también automática!, pedir el boleto, pagarlo, recibir el cambio, y obtenerlo? No más de treinta segundos. Hoy, con toda la parafernalia técnica, ese tiempo no baja, en el mejor de los casos, de dos minutos, sobre todo si, además de pedir y pagar el boleto, y de recibirlo junto con el cambio, uno quiere que le acrediten, en su tarjeta de miembro distinguido, miembro habitual, miembro platino, ¡o lo que sea!, los puntos acumulables por dicha compra, lo cual supone entregar la tarjeta al taquillero, que este la introduzca en el aparato lector de la misma, que el mentado aparato lleve a cabo la susodicha lectura, que el taquillero la retire del aparato lector y la entregue al bienaventurado tarjetahabiente. Y si de la taquilla pasamos a la dulcería, toda ella tecnificada, el tiempo de espera se alarga, y se alarga, y se alarga…

Sin duda alguna que el uso de la técnica en la venta de boletos beneficia al cine, si no no se entiende por qué la usan, pero perjudica al cinéfilo, lo cual trastoca el orden natural de las cosas, que en este caso supone que todo lo que el oferente de algún bien o servicio haga, o deje de hacer, debe de hacerse, o dejar de hacerse, en beneficio del consumidor, beneficio que, con el uso de la técnica en la venta de boletos, brilla por su ausencia, y lo hace porque desde el momento en el cual todos los cines hacen uso de la misma técnica en la venta de boletos, el cinéfilo no tiene la libertad para elegir el cine que, ceteris paribus, le ahorre más tiempo a la hora de comprar el boleto.

La técnica no siempre es mejor para el consumidor.

• Productividad / Competitividad

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