LUNES, 21 DE FEBRERO DE 2011
El fascismo sanitario

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“La administración calderonista se ha caracterizado por imponernos una larguísima lista de controles y prohibiciones dignas de un verdadero fascismo sanitario. Ya sólo falta prohibirnos consumir palomitas y refrescos de cola en el cine.”


En la actual administración calderonista, hay algunos funcionarios que se comportan como verdaderos talibanes sanitarios. Sí, que son un verdadero peligro para las libertades de los mexicanos.

Hay en México personas que peligrosamente piensan que es el gobierno el que debe preservarnos de todos los males. Con este aval y en el nombre del “cuidado al ciudadano” se efectúan toda una serie medidas arbitrarias que atacan las libertades esenciales.

Desde hace años, por ejemplo, se ha atacado a los fumadores hasta arrinconarlos, y desde prohibición de anuncios televisivos, las medidas han llegado a la prohibición total de fumar en lugares cerrados.

Desde la Secretaría de Salud del gobierno federal (en particular desde la COFEPRIS) y desde el inicio del sexenio de la actual administración, se están tomando medidas que atentan contra la libertad de elegir; que si la prohibición de ventas de medicinas con tal ó cual sustancia, que si la prohibición de la venta de tales ó cuales alimentos en las escuelas, que si la prohibición de publicidad “peligrosa” en los medios de comunicación, que si quitar del mercado a los “productos milagro,” que si controlar la venta de antibióticos mediante receta médica, que si la prohibición del cigarro electrónico (que no produce humo y sustituye al tabaco tradicional), que si la prohibición de toda mercancía con tal ó cual derivado “peligroso,” y un larguísimo etcétera de controles y prohibiciones dignas de un verdadero fascismo sanitario.

Y no, no exagero, ya por lo pronto el titular de la COFEPRIS (Comisión Federal de Riesgos Sanitarios), Miguel Ángel Toscano, ha pensado en diversos esquemas para prohibir fumar en toda “plaza pública,” que incluye estadios, plazas, conciertos al aire libre… ¿Por qué no de una vez incluir calles y parques? Qué horror.

Ahora resulta que un burócrata desde un escritorio quiere controlarme como consumidor, que no sé distinguir de entre la buena ó mala calidad, que me creo todo lo que me dicen las empresas, que no investigo nada cuando consumo, que no sé distinguir a la publicidad chafa, que no tengo idea de lo que me hace daño, que soy un niñito para que me cuide mi papito gobierno. Otra vez qué horror.

Y lo peor, como diría un columnista, muchos medios de comunicación le abren la puerta a todo lo que diga el tal Toscano sin tomarse la molestia de investigar si tiene sustento científico las ocurrencias de este funcionario.

No señores periodistas, no le hagan el juego a cualquier charlatán que promueve prohibiciones sin ton ni son.

Yo me hago daño si: fumo y bebo demasiado, como carne diario y nunca verduras y frutas, si sólo consumo refrescos y nada de agua, si consumo demasiado café, si como hamburguesas a diario, si como tacos de cochinita a toda hora, si me la paso sentado todo el día frente a un escritorio ó la televisión, si me paso horas en el internet aislado del mundo real, si me receto medicinas sin consultar al médico, si hay frío y no me abrigo, etc.; todo esto yo lo sé, y no porque me lo dicte un burócrata, sino por la buena educación recibida desde mis padres.

Si no paramos esto, veremos al rato que el gobierno prohibirá consumir palomitas y refrescos de cola en el cine, vender hamburguesas, quesadillas y tacos en la “vía pública,” ver películas y jugar juegos de video “peligrosos,” caminar de noche (de hecho eso ya lo hacen al controlar el horario nocturno de cualquier bar ó cantina), y en general estableciendo controles y más controles que no son otra cosa que fascismo sanitario.

Que se entienda, el papel del Estado debe limitarse a sólo intervenir cuando con la acción de un agente económico se daña a terceros (externalidades negativas); jamás el Estado debe dictar mi conducta para no hacerle daño a mi cuerpo. Sólo en el Estado fascista se tiene tal control. Y ojo, jamás debe confundirse el concepto de externalidad con los efectos de competencia del mercado; si no se tiene cuidado, como le ocurre a académicos charlatanes, al rato se confunden externalidades con riesgos de desastres naturales, con que la competencia y los mercados abiertos son “externalidades negativas” para los campesinos y así una lista larga de falsedades para abrirle paso a los intervencionistas.

Hay que parar el fascismo sanitario, ó todos (hasta los intervencionistas) acabaremos siendo presa del mismo.

• Liberalismo • Totalitarismo • Intervencionismo

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