MARTES, 1 DE MARZO DE 2011
Gasto público deficitario

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“Todavía no está claro cómo va a terminar esta historia, pero lo que es evidente es que las frenéticas acciones emprendidas por los burócratas de los países desarrollados para reformar todo con tal de evitar la siguiente debacle financiera, atacan las causas que condujeron a la última crisis y son totalmente inútiles para impedir la siguiente.”


La sesión que me habían encargado moderar en la Conferencia Álamos XVIII, a la que hice referencia la semana pasada, tenía el evocador título de La insidiosa tentación del financiamiento deficitario, pero las fallidas conexiones aéreas entre Washington y Álamos me forzaron a remplazar a los ponentes que no llegaron.

A diferencia de años previos, en esta ocasión nos concentramos en Álamos en lo que a mi juicio será el tema económico más importante de la actual década: las enormes deudas de gobiernos, empresas y personas, y como interactúan entre sí difuminando fronteras que solían separarlas con nitidez.

¿Cómo es que los gobiernos se vuelven adictos a “vivir de fiado”? ¿De qué manera aprenden a sobrellevar el peso de sus deudas? Y, finalmente, ¿qué hacen ante la culminación natural de un endeudamiento público excesivo que lleva a la moratoria en su pago y a la devaluación de la moneda?

Concentrarse sólo en temas alusivos a la deuda se derivó del convencimiento de que su enorme magnitud plantea problemas muy serios para la economía mundial por los enormes desequilibrios que genera entre países acreedores y deudores, y que no parece haber prisa para hacer los ajustes que los corrijan.

Desde el inicio de la más reciente crisis financiera en 2007 algunos desequilibrios se empezaron a enmendar, como es el caso del ahorro de los habitantes de EU que pasó de ser virtualmente cero a representar un 6% del PIB el año pasado, pero otras variables siguen creciendo de forma insostenible.

Tal es el caso de la deuda del gobierno de EU que audazmente hizo explotar su gasto deficitario de manera sin precedente, con el ostensible fin de reanimar a la economía de su país con más gasto público, a pesar de que su peor recesión económica en medio siglo fue causada justamente por…¡una deuda excesiva!

Una de las más fascinantes paradojas de esta historia es que por primera vez en muchos siglos, los villanos del drama de la deuda son los países desarrollados y no los “emergentes.” Japón, la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, cada uno con sus propias y peculiares características, son ahora los grandes deudores.

Mientras tanto, los endrogados de siempre, las naciones que como México se vieron obligadas a suspender el pago de su deuda en multitud de ocasiones, ahora están en la virtuosa posición no sólo de tener pasivos moderados y unas finanzas públicas en equilibrio, sino también de financiar con sus ahorros a los países ricos.

Todavía no está claro cómo va a terminar esta historia, pero lo que es evidente es que las frenéticas acciones emprendidas por los burócratas de los países desarrollados para reformar todo con tal de evitar la siguiente debacle financiera, atacan las causas que condujeron a la última crisis y son totalmente inútiles para impedir la siguiente.

Vale la pena analizar la situación de la deuda de los países ricos para definir por dónde va a brincar la liebre que desate la siguiente catástrofe, pues, como escribió Charles Kindleberger en su texto clásico Manias, Panics and Crashes[1], lo único seguro es que habrá una futura crisis, aunque no sepamos ni cuándo y ni cómo.

Japón, hasta hace dos meses la segunda economía del mundo –posición de la que fue desplazado por China-, tiene la mayor deuda pública de los países desarrollados, pero no planteaba ningún problema crediticio dado que los pasivos del su gobierno están en manos de los propios japoneses, que son excepcionalmente frugales y ahorrativos, hasta que Standard & Poors degradó la categoría de su crédito hace una semanas.

La Unión Europea, que enfrenta su mayor reto desde la creación del euro, sufre en la medida que el crédito de sus muy endeudados miembros caen, como fichas de dominó en cámara lenta, en lo que empezó con la tragedia griega, se extendió a Irlanda y pone en entredicho la solvencia de Portugal, España, Italia y sólo Dios sabe quién más.

¿La quiebra y rescate del bajovientre mediterráneo (más Irlanda) significará el fin del euro? Es difícil afirmarlo, pues el sendero de pólvora que conecta a los países con problemas con las economías en el centro de Europa, se encuentra en sus deudas, públicas y privadas, con los principales bancos de Alemania, Francia e Inglaterra.

La próxima semana terminaré esta historia sobre la frágil situación financiera que enfrentamos debido al excesivo endeudamiento de los principales países desarrollados.


[1] Robert Z. Aliber reescribió en 2005, ya muerto su autor, este excelente libro publicado en 1978, para incorporar la creciente complejidad del sistema financiero.
• Finanzas internacionales • Crisis / Economía internacional

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