MARTES, 29 DE MARZO DE 2011
Un torpedo de plata al imperio del dólar

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“Ideologías hay varias, ciencia económica solo una, cuyas leyes, como la de gravedad, funcionan en todo el mundo, no seguirlas genera miseria y escasez.”
Luis Pazos

Fernando Amerlinck







“Hay que afirmar y dar sustancia a esa auténtica soberanía. Adoptar un sistema monetario paralelo cuyo sustento sea un metal fino que ningún burócrata, dentro o fuera de nuestra frontera, pueda falsificar. Lancemos un sonoro cañonazo al imperialismo monetario de la Fed. Y proclamemos soberanía sobre nuestro patrimonio.”


He hablado de cómo la traída y llevada “soberanía nacional” sufre embates cada semana; el último —mas no el peor— fue una sospechosa táctica, rápida y furiosa, de mandarnos armas registradas que ya sirvieron para matar a quién sabe cuántos mexicanos y hasta a algún agente gringo que violaba nuestra soberanía en una carretera.

¿Soberanía? ¿Cuál? Las estentóreas peroratas en su defensa sirven para alimentar el ridículo y la pena ajena, y para debilitar símbolos místico-mágicos como el petróleo. (La única soberanía sobre él es del sindicato y del fisco.) El Estado nacional ejerce una exánime, tan mentada como inexistente, soberanía nacional.

No conviene hacer diagnósticos irresponsables y navegar en la mentira: México no es soberano porque nuestros poderes no toman sus propias decisiones estratégicas. Un país cuyo vecino imperial nos liga a su moneda no es independiente. No es autónomo un Banco de México que depende del sistema privado de manipulación monetaria llamado Federal Reserve System, fundado el 23 de diciembre de 1913, uno de cuyos primeros actos fue quitar de los billetes toda referencia a que eran canjeables por monedas de oro.

(Un cabalista observará la fecha: 99 años antes de la fecha precisa maya para el fin de los tiempos. ¿Tendrá algo que ver la práctica internacional de inventar —la moneda fiat— con el fin del mundo…?)

La solemne Fed ha logrado devaluar constantemente el dólar, antes aún de agosto de 1971 en que Nixon le quitó toda liga con el oro, y de que Alan Greenspan y su aprovechado émulo Ben Bernanke entraran en una orgía de invención de dólares. Una onza troy de oro fino que en 1913 costaba 20.67 dólares cuesta 70 veces más mientras esto escribo (más lo que se acumule esta semana, este mes, este año; y esta década, si sigue habiendo mundo después de diciembre de 2012 según los augurios mayas).

En México nuestros imitamonos elevaron al nivel del arte la falsificación monetaria legal que aquellos vivales inventaron en 1913, especialmente en la aciaga era del presidente del Grupo Financiero Los Pinos llamado Miguel de la Madrid: devaluó un módico 3,164%. Un centenario que en el año del Centenario —1921— valía $50 hoy cuesta $21,000,000 ajustando ceros: 420,000 veces más. Eso es hacer bien, pero muy, muy bien, el mal.

Últimamente no han hecho cosas tan graves pero seguimos uncidos al yugo monetario gringo y atenidos a que en algún futuro los burócratas del Banco de México ejerzan, con quién sabe qué criterios político-ideológicos, la rectoría estatal sobre la moneda.

México no puede ser civilizado si la noción de soberanía se agota en saliva consumida a gritos y en pancartas o arengas o marchas callejeras; no si nuestro patrimonio es rehén de lo que decidan a orillas del Potomac o del Hudson. En una democracia civilizada y libre el soberano es el individuo. El soberano somos tú y yo.

Hay que afirmar y dar sustancia a esa auténtica soberanía. Adoptar un sistema monetario paralelo cuyo sustento sea un metal fino que ningún burócrata, dentro o fuera de nuestra frontera, pueda falsificar. Lancemos un sonoro cañonazo al imperialismo monetario de la Fed. Y proclamemos soberanía sobre nuestro patrimonio.

México puede hacerlo literalmente de un día al otro, con una modificación a la Ley Monetaria que ya está lista y que daría al Banco de México la facultad de fijar a la onza troy de plata un valor en pesos que no pueda reducirse; dar pleno valor liberatorio a un sistema monetario paralelo basado en plata, que no suprima al peso fiat. El tema es sencillísimo. Falta muy poco para que de un plumazo México tenga (mejor dicho: vuelva a tener) la mejor moneda del mundo.

El dar México tal golpe sobre la mesa no torpedearía al imperio monetario pero daría un sonoro golpe al orgullo y legitimidad de la Fed. Un torpedo a la línea de flotación de un acorazado de papel verde que está haciendo agua por todas las costuras y pasando aceite en todos sus motores. No será México el que lo hunda; Ben Bernanke y Barack Obama se pintan solos para arruinar al dólar a base de “rescates”, déficits galácticos y dinero inventado sin más valor que la fe que, por un tiempo, el mundo le siga teniendo al otrora prestigioso dólar.

El llamado a cuentas está en curso.  La crisis del dólar ya es imparable. Esa moneda firmemente cimentada con saliva perderá su valor y habrá de llevarse al mundo completito, digan cuanto dijeren los extintos mayas o los gerifaltes de la Fed. Ya no hay remedio. Por eso nos urge afirmar en nuestra moneda una soberanía soberana, no declarativa o gritona o plañidera.

Hugo Salinas acudió al país inventor de la libra esterlina, cuna de Adam Smith y de Keynes, a decirles cómo recuperar una moneda fuerte. Vale la pena leer su discurso aquí:

http://www.plata.com.mx/Mplata/articulos/articulosFilt.asp?fiidarticulo=431

Falta poquísimo para conseguir lo que don Hugo y sus seguidores estamos propugnando, y que los legisladores ya conocen. Lo verdaderamente importante, lo contundente, el objetivo a conseguir es defender el patrimonio y el ahorro del verdadero depositario de la soberanía: el mexicano de a pie. Ése al que ya le toca cosechar algo que lo beneficie, luego de tanto sacrificio.

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