MIÉRCOLES, 27 DE ABRIL DE 2011
Cuba corrige su modelo

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Santos Mercado







“Cuba tocó fondo, más bajo no puede caer. Ya no se le puede pedir más sacrificios a un pueblo que dio la vida por seguir la palabra de su líder, quien les prometía bienestar, justicia y progreso, pero que los resultados se alejan cada vez más de estos ideales. La ironía revela un error que hay que corregir de inmediato.”


Cuba tocó fondo, más bajo no puede caer. Ya no se le puede pedir más sacrificios a un pueblo que dio la vida por seguir la palabra de su líder, quien les prometía bienestar, justicia y progreso, pero que los resultados se alejan cada vez más de estos ideales. La ironía revela un error que hay que corregir de inmediato. ¿Dónde estuvo el error?

Desde 1959 Cuba sufrió una gran revolución encabezada por un puñado de líderes llenos de buena voluntad. Se pensaba que bastaban las buenas intenciones para lograr una sociedad avanzada. En efecto, este país caribeño estableció un sistema de planificación centralizada donde el gobierno cubano se constituyó en el centro de decisión para todo lo que se producía, consumía, enseñaba, importaba, exportaba o distribuía en Cuba. El entusiasmo de crear algo nuevo, diferente, movilizó a la población para participar activa y entusiastamente en los planes del Estado. Los éxitos de los primeros años son indiscutibles: Se redujo el analfabetismo, se incrementaron los niveles de salud, se aumentó el índice de escolaridad de la población. Realmente se llegó a pensar que con buena voluntad todo se podía solucionar. Pero los éxitos se fueron enfriando, el sistema se empezó a burocratizar, la producción se redujo. Consecuentemente también el consumo, las importaciones y las exportaciones bajaron. El desprecio a las leyes económicas empezó a cobrar la factura. Todo empezó a estancarse. No pueden continuar así las cosas -pensaron los líderes-, pues las amenazas de violencia y hambre están a la vuelta de la esquina, hay que corregir.

Pero no se puede corregir algo si no se sabe exactamente cuál es el error. Recetar sin diagnosticar podría dejar peor al paciente. El error de Cuba radica en el desprecio y olvido de las leyes de la economía. Un grupo de cien o mil campesinos pueden tener la mejor voluntad para componer una computadora, pero si no saben las leyes de la computación seguramente la van a dejar peor. No se puede sustituir la ciencia con la buena voluntad.

Dejar en manos de un grupo bienintencionado la producción y distribución fue un gran error y ya se empieza a reconocer. En esto consiste el sistema de planificación centralizada que ya habían experimentado los soviéticos. Aunque ese error ha durado 50 años, no es tarde para corregir.

Hoy día, los dirigentes principales del gobierno cubano se han percatado del error y muestran disposición y voluntad para corregir. Por eso hablan de descentralización, reducir el enorme aparato de Estado, liberar 323 renglones de la economía para dar juego a la iniciativa privada, permitir la inversión extranjera, eliminar los subsidios y las gratuidades entre otras reformas.

Aunque por ahora son meras declaraciones, no deja de llenarnos de emoción y entusiasmo pues el lenguaje y los discursos son diferentes y espero sean el preludio de grandes transformaciones en Cuba, que bien se lo merecen los cubanos.

Es deseable que los cubanos asimilen las experiencias de otros países para no cometer los mismos errores. Por ejemplo, deben saber que si las reformas económicas no están sustentadas en un cambio de mentalidad de la gente, podrían tener un efecto regresivo. Quiere decir que deben poner el acento en la reforma a su sistema educativo como una condición sine qua non. Las escuelas y universidades administradas y mantenidas con subsidios del Estado son naturalmente adversas a las reformas que se están promoviendo en Cuba. Las pueden ver como reformas pro capitalistas y no es difícil que llegaran a formar movimientos de oposición como ocurrió en China en 1989 (Plaza Tienanmen).

¿Cómo se puede poner el sistema educativo en armonía con las nuevas reformas cubanas? La respuesta de Cuba en cuanto a eliminar las gratuidades es del todo correcta. Quiere decir que quien quiera estudiar debe costear todos los gastos que ello implica. Las escuelas deben vivir de las colegiaturas que pagan los alumnos y gozar de completa autonomía para diseñar sus planes y programas de estudio. A fin de evitar que haya alumnos que no estudian por falta de recursos, se deben crear los bancos de crédito estudiantil. De esta manera, las escuelas, los profesores, alumnos y directivos empezarán a cambiar sus esquemas de pensamiento para hacerlos congruentes con las nuevas reformas del gobierno cubano.

Desde luego que me emociona saber de los nuevos rumbos que están tomando los cubanos. No dejo de recordar mi viaje a Cuba en 1994, para dar un Seminario Milton Friedman sobre economía de mercado. Mis colegas decían que yo estaba predicando el evangelio en el mismo infierno, pero ahora puedo decir que cuando las ideas son correctas, tarde o temprano se imponen. Más aún, si los dirigentes cubanos abrazan decididamente las ideas de la Escuela Austriaca de Economía, en menos de cinco años alcanzarán el Producto Interno Bruto per cápita de México.

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