MIÉRCOLES, 11 DE MAYO DE 2011
Más competencia, ¿Hasta dónde?

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“La competencia, ¿algún día llegará hasta la industria de la energía? Competencia, ¿hasta dónde?”


¿Cuántas veces lo he escrito? La competencia entre empresas da como resultado la competitividad en las empresas: menores precios, mayor calidad y mejor servicio, lo cual contribuye a elevar el bienestar de los consumidores, de tal manera que, todo lo que se haga a favor de lograr la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, apunta en la dirección correcta, tal y como lo hacen las recientes reformas a la Ley Federal de Competencia Económica, por las que se dota, a la comisión correspondiente, de más poder para combatir los monopolios y las prácticas monopólicas, sobre todo por el lado de la penalización.

Con las reformas mencionadas se pretende lograr más competencia entre empresas privadas, lo cual es importante, pero no lo es todo. No hay que olvidar los monopolios gubernamentales (sí: monopolios, aunque en el artículo 28 constitucional se diga, ¡aunque usted no lo crea!, que las actividades económicas que, de manera exclusiva, realice el gobierno, no serán considerados monopólicas) que, para colmo de males, operan en sectores estratégicos de la actividad económica, como lo es la industria de la energía, tanto por el lado de la electricidad, como del petróleo, empresas gubernamentales que podrán ser muy productivas (les conviene serlo), pero no más competitivas (no les conviene), siendo que lo que beneficia a los consumidores con menores precios, mayor calidad y mejor servicio es la competitividad de las empresas (la capacidad de hacerlo, por la vía de la reducción de precios, el aumento de la calidad y la mejora del servicio, mejor que los demás), no su productividad (el poder para, por medio de la reducción del costo de producción, hacer más con menos).

Lo que, al parecer, no se acaba de entender, es que los sectores estratégicos, que son, entre otras cosas, los que proveen de algún bien o servicio al resto de las actividades económicas, tal y como es el caso de la industria de la energía, precisamente por ser estratégicos, deben estar sujetos a la disciplina de la competencia, con el fin de que logren la mayor competitividad posible, para que a su vez, al permitirles hacer más con menos, es decir, ser más productivas, se apuntale la competitividad de todas las empresas.

Y digo que, al parecer, lo anterior no se acaba de entender, porque quién, desde el gobierno, ya sea desde el Ejecutivo, ya desde el Legislativo, cada vez que se hace algo para lograr más competencia entre oferentes privados de bienes y servicios, hace alguna referencia crítica a los monopolios del gobierno, comenzando por Pemex o CFE. ¿O será que realmente creen, tal y como se apunta en el 28 constitucional, que ni CFE ni Pemex son monopolios, creencia que les permite justificar que se haga la justicia (más competencia) en los bueyes del compadre (las empresas privadas), pero no en los propios (las empresas gubernamentales)?

La competencia, ¿algún día llegará hasta la industria de la energía? Competencia, ¿hasta dónde?

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