LUNES, 30 DE MAYO DE 2011
Sangre, pavor y lágrimas

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“El presidente Calderón defiende su estrategia contra los criminales. ¿Sería esperable lo contrario? Tanto, como darse balazos en el hígado.”


Hablamos de sangre. De pavor. De lágrimas. De angustia. De justicia tardada e ineficaz. De no justicia. Impunidad. Tiempo perdido. Leyes absurdas y prácticas peores. Muertos innecesarios. Avisperos sacudidos. Hidras de Lerna cuya cabeza cercenada hace crecer a dos nuevas y así hasta el hartazgo mediático-político. Guerra que no es guerra pero sí lo es. Victoria y derrota. Lucha implacable contra los criminales. Capos enjaulados que se fugan. Mafias desmembradas que se regeneran. Muertes y resurrecciones.

Los métodos pueden ser discutibles. La estrategia también. Varios hemos criticado al presidente. Tengo adicional derecho a criticarlo porque voté por él. Pero mi presidente es hombre fajado y arrecho, bragado y de pelo en pecho, como dirían en mi rancho (nunca he tenido un rancho). Y no, no se comparó con Churchill: ya podría yo compararme con Dostoyevski, Milan Kundera u Octavio Paz. Sólo comparó el ánimo opositor que enfrentó en los treintas aquél gran salvador de la humanidad al vencer con su solo liderazgo al nazismo de Hitler (no lo digo yo; lo dice Paul Johnson). Calderón no es Churchill y no se siente su reencarnación. Citar a César no es convertirse en él.

Felipe Calderón  atendió lo evidente: en la política mediática es deporte nacional atacar las muertes violentas provocadas por criminales y achacárselas a “la guerra de Calderón”. Como pidiéndole que no haya decapitados y ejecutados, siempre culpa del gobierno. Como protestando por que el Ejército haga su labor, con las fallas de todo lo humano, peor aún si (como en toda acción bélica) hay errores y abusos, o fallas y muy punibles agravios contra inocentes. Como pidiéndole “¡No más sangre!” para que ya se respeten los derechos humanos; y ceder la plaza a quien atenta sin distinción contra inocentes y negocios porque hay que “calentar la plaza”. Las comisiones de derechos humanos podrían descansar. Los opinócratas podrán criticar a las procuradurías, pero ya no al Ejército. Ya sin él, habrá magníficas explicaciones del fenómeno criminal. ¡Estaremos salvados! (Con hartos crímenes, pero muy buenos diagnósticos.)

“¡No más sangre!” ¿Quién lo pide? Quien demanda que el Ejército regrese a sus cuarteles. Y se refieren a la Constitución, con el mismo celo con que pretenden quitar la ciudadanía a quien recibe una corcholata de una demoníaca potencia extranjera (en un país colonial e infantil, lo extranjero es diabólico). Y mi presidente cita a Churchill, con su lucha sin tregua “sin menoscabo del terror” y buscando “la victoria, cuán largo y duro pueda ser el camino para alcanzarla: la victoria, porque sin ella no hay futuro para Inglaterra”.

Sin victoria contra un enemigo común no puede haber país, llámese México o Inglaterra. Allá en los 30’s había allá patriotas con visiones diferentes pero se alinearon con su patria cuando vino la guerra. Acá los políticos son de otra pasta. Los diputados que en el siglo XIX ventilaban en el Congreso rencillas de azotea, dejaban que los Estados Unidos hicieran heroica a Veracruz. Lo importante en el Congreso de esos días (como en el de hoy) era averiguar cuántos ángeles liberales y demonios conservadores podrían caber en una aguja de maguey. Ya podía el tío Sam tragarse Veracruz, o ya puede hoy perder el poder el único presidente que se ha enfrentado en serio a los criminales, y en 2012 mandar a su casa a una procuradora que por fin vez parece saber del asunto. Lo único útil es negar todo mérito al neoliberal Calderón y denostar “su” guerra, o empujar cualquier consigna que sólo mira “2012” como antes vio “2006” y antes “2000”. Lo prioritario y estratégico es asaltar el gobierno (y los negocios que de él emanan).

¿Y México? ¿Sirve para más que como carne de discursos? ¿Qué somos si no una masa de votantes, consumidores de monopolios y víctimas de la presión mediática?

Pero claro, eso sí, el Ejército tiene que salirse de las calles porque no es su labor y porque fíjate que no hay que ser, la Constitución dice que ora sí que no porque como te iba diciendo, no, pos no es su chamba y es que no se vale, mira cuánta violencia y ve los derechos ora sí que humanos, y el poder de los militares no se puede porque como te decía que dije, no se vale que ejecuten a inocentes y masacren y descabecen porque ve ya cuántos muertos y ya son 40,000 y tantas ejecuciones culpa de los militares y es que la guerra de Calderón pos no porque así si no y es que ya tiene que negociar como antes que nos gobernaba el PRI y tiene que regresar a Los Pinos porque así sí va a haber orden como desde endenantes y porque verás que.

¡Y venga ya un gobierno con ora sí que harta experiencia! ¡Regrese al poder el mismo partido que gobierna en Tamaulipas y Ciudad Juárez! ¡Es tiempo de la esperanza!

“Nuestra estrategia es combatir y vencer a los criminales que asolan a nuestro país” y construir instituciones de seguridad y justicia que le han hecho falta a México “sin las cuales no sólo es entendible el avance de los criminales, sino también, no es comprensible un futuro para México”.

No sé qué pensaría Sir Winston pero (sin comparaciones odiosas) prefiero a un presidente que se enfrenta sin remilgos a los criminales —aunque le respondan como saben hacerlo— a uno que opte por esconderse. Calderón es criticable; muchísimo. Su estrategia es imperfecta, o de plano fallida. No puedo averiguarlo: la criminología no es mi campo. Pero admiro más a los valientes que a los cobardes; prefiero a quien se equivoca resueltamente, al que yerra por llevar las cosas como barquito de vela al ái se va, al de copete y tijerita, al del disimulo y la componenda, al del espérate tantito porque sí pero es que verás que no porque como te lo estaba diciendo ya no se puede porque ora sí que las mayorías nacionales y es que fíjate que.

• Inseguridad / Crimen

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