LUNES, 30 DE MAYO DE 2011
Francia, peleando la zona de confort exclusiva

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“Europa necesita médicos competentes, no está para dar recetas ni para imponer sus modelos caducos e inviables de bienestar sin productividad.”


Lo que los políticos europeos, y especialmente los franceses, están peleando al intentar dar un golpe de mano e imponerse de nuevo en el dirección del Fondo Monetario Internacional es conservar su zona de confort, exclusiva de Europa, aunque tenga que ser pagada por el resto del mundo.

Se ven desesperados. El bajito Nicolás Sarkozy lanzó en los oídos ávidos de los periodistas durante la reunión del G-8 su conjetura: Barack Obama ya decidió a favor de nuestra candidata Christine Lagarde y, a falta de más indicios, jugó a las adivinanzas, que si por eso la locuaz Hillary Clinton, feminista sesentera trasnochada, había dicho que le encantaría ver a una mujer en la dirección de un organismo financiero internacional, como el FMI; claro, al chaparrito Sarkozy se le olvidó advertir que la propia Clinton puntualizó que hablaba de forma oficiosa y que el gobierno de su país, Estados Unidos, no se había inclinado por ninguno de los dos candidatos: la abogada Lagarde o el economista mexicano Agustín Carstens…, o por alguien más que aún podría surgir antes de la fecha límite para las postulaciones, que es el 10 de junio.

Más tarde el ministro de relaciones exteriores francés, Alán Marie Juppé, mintió ante la prensa sin empacho: que en forma unánime los miembros del G-8, incluyendo a Estados Unidos y a Canadá, se habían decantado a favor de la abogada Lagarde. Falso, pero Juppé corrió el riesgo porque la reunión ya había terminado y porque la mentira, en estos gobiernos neo-gaullistas de Francia, es moneda corriente. Por supuesto, el ministro de exteriores de Sarkozy se vería en apuros si alguien le pidiera mostrar el comunicado o la declaración oficial del G-8 en la que quedó asentada la supuesta unanimidad a favor de Lagarde… No hay tal. Lo único que hubo, desde el inicio de la cumbre, fue la advertencia de que la sucesión en el FMI no sería abordada en la reunión de jefes de Estado.

Estos burdos intentos franceses por hacer de la imposición de Lagarde, a despecho del análisis de los méritos de los candidatos y de sus capacidades técnicas y profesionales para dirigir el FMI, un fait accompli  (un hecho consumado), sólo son signo de la desesperación de Sarkozy y de otros políticos europeos ante la temible perspectiva de que un no-europeo, que lo mismo podría ser Carstens que algún tercer candidato que tal vez está guardándose como carta sorpresa, presida el FMI y no tenga más remedio que recordar a la Unión Europea que la única salvación del Euro y del gran proyecto que está detrás de él, es empezar a recortar los exorbitantes privilegios que sustentan el llamado “estado de bienestar europeo”.

Hasta ahora el mexicano Carstens es el único que, como dicen en España, “le ha plantado cara” al desesperado intento de la clase política europea de salvar sus privilegios y al mismo tiempo salvar a la misma Unión. Intento imposible salvar las dos cosas a la vez; el estado de bienestar con privilegios exorbitantes es inviable y está herido de muerte: No hay comidas gratis. En esa misma medida puede ganar Carstens, aun vista la desproporción de recursos (públicos, desde luego) que están invirtiendo los franceses para imponer a Lagarde como hecho consumado y los modestos pero esforzados intentos del mexicano por concretar votos de países indecisos o taimados, como Brasil.

Estos poco más de diez largos días, de hoy al 10 de junio, corren en contra de Lagarde y a favor de Carstens, hagan lo que hagan. Las imposiciones se fraguan rápido, sin dar tiempo a las protestas ni a que el personal se entere; si se les da más tiempo se frustran. Eso lo saben bien los políticos como Sarkozy. De ahí su desesperación.

Esto es lo que parece estar en juego en esta insólita carrera del David mexicano (Carstens) contra la arrogante maquinaria de dinero público y favores que está desplegando, con poco pudor, el gobierno de Sarkozy.

Mientras tanto, crecen las versiones de que podría surgir un “caballo negro” más o menos inesperado: Stanley Fischer, el actual gobernador del Banco Central de Israel, que podría ser una solución de compromiso, temporal (digamos, un par de años solamente al frente del FMI, dada su edad) que acabe por derrotar la tentativa de la Unión Europea por mantenerse como dueña y señora del FMI, a despecho de la nueva composición de la economía mundial, muy diferente de la que prevalecía en 1945.

Pero aún si no surgiera Fischer, las probabilidades de Carstens están creciendo porque aparte de las triquiñuelas de fabricar un hecho consumado a fuerza de declaraciones de prensa, Francia no tiene a través de la señora Lagarde un historial de experiencia en el servicio público, en organismos internacionales, ni mucho menos de capacidad de gestión de crisis y conocimientos técnicos de finanzas y economía que pueda compararse con el historial de Carstens.

Claro que Francia o la Unión Europea podrían intentar también la más o menos descarada compra de votos, prometiendo inversiones, préstamos blandos o ayudas para engordar la raquítica oferta de Lagarde y ganar la selección en el FMI a punta de promesas de billetazos (allá los pobres países ingenuos que se crean tales promesas porque, salvo Alemania, la Unión no está en condiciones de subvencionar a fondo perdido inversiones ruinosas o ayudas multimillonarias… y los alemanes son los menos dispuestos a hacerlo).

En fin, la moneda está en el aire. Gane o no, la candidatura de Carstens dista de ser ingenua, como han insinuado algunos desencantados. Por el contrario, es una verdadera “pica en Flandes” que más temprano que tarde acabará por desmoronar el mito de que entre Estados Unidos y Europa se bastan y sobran para “hacer” la economía mundial.

Europa, por lo pronto, necesita médicos competentes, no está para dar recetas ni para imponer sus modelos caducos e inviables de bienestar sin productividad.

• Estado de bienestar • FMI / Banco Mundial • Finanzas internacionales

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