VIERNES, 3 DE JUNIO DE 2011
Análisis económico del comportamiento de los políticos (I)

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
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“Ahora, que más de un político se ha destapado y manifestado su intención de ser el candidato de su partido para la elección presidencial del 2012, los electores debemos preguntarles, a cada uno de ellos, ¿por qué desean ser presidentes de la república?”


Ahora, que más de un político se ha destapado y manifestado su intención de ser el candidato de su partido para la elección presidencial del 2012, los electores debemos preguntarles, a cada uno de ellos, ¿por qué desean ser presidentes de la república?

Las respuestas, seguramente, girarían en torno a una sola convicción: ellos saben cómo resolver los problemas, problemas que son los que nos aquejan a todos (llegados a este punto hay que diferenciar entre mis problemas y nuestros problemas), tal y como es el caso del exceso de delincuencia (seamos realistas: algo de delincuencia siempre habrá, por más honesto y eficaz que sea el gobierno) y la falta de justicia (seamos soñadores: algo más de justicia debe haber, por más deshonesto e ineficaz que sea el gobierno).

Las respuestas, ciertamente, girarían en torno a un concepto: el bien común. Cualquier político que aspire a un puesto de elección popular, sobre todo en estos tiempos en los que la democracia electoral ha degenerado en mercado electorero (¿podría haber sido de otra manera?), debe armar su campaña en función del bien de los demás, en función del bien de todos los demás, en función de todos los bienes de todos los demás, en función, en pocas palabras, del bien común, de tal manera que, de llegar al poder, él será creador y guardián del bien común que, si realmente es tal, debe concretarse en bienes particulares, eso sí, para todos por igual.

El político en campaña nos hace creer (¿realmente nos la creemos?) que, de llegar al poder, su conducta estará encaminada al bien de los demás, sin referencia alguna a su interés, a no ser que éste sea el de crear y guardar el bien común, todo lo cual purifica su interés de cualquier atisbo de egoísmo: su actuación como gobernante, ya sea en el poder Ejecutivo, ya en el Legislativo, será desinteresada, un tanto cuanto sacrificada, ¡ah, pero eso sí, siempre basada en la convicción de que él, y solamente él, es capaz de resolver los problemas, todos los problemas, de todos los gobernados, convicción que muestra, o una terrible ignorancia, o un cinismo sombrío, o una falsa prepotencia! ¿Exagero? Nada más repasemos los ámbitos de la vida, y los campos de la acción humana, en los que está metido el gobierno. ¿Cómo hacerlo? Analizando, para empezar, los presupuestos de egresos de los gobiernos, comenzando por el Federal.

Ya Schumpeter apuntó, en contra de la visión ortodoxa de la democracia, que afirma que el electorado identifica el bien común y elige al gobernante que lo hará realidad, que, en términos generales, el electorado es ignorante y fácilmente manipulable por los políticos en campaña, quienes fijan la agenda, no según el bien común, ¡por más que hagan constante referencia al mismo, tal y como debe ser en el mercado electorero!, sino en función de sus intereses, los de su partido, o los del grupo que representan, grupo que siempre se integra en torno a un interés o una necesidad.

Continuará.

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