DOMINGO, 5 DE JUNIO DE 2011
El arsenal de Hank

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“La detención del señor Hank Rohn, distinguido heredero de una dinastía política que bien conocemos, nos recuerda que el PRI sigue siendo la mejor incubadora de tal tipo de personajes. De veras, ¿queremos ver de nuevo a ese club o pandilla dirigiendo los destinos de este país desde la Presidencia de la República?”


Vamos a ver: fue detenido por el ejército Jorge Hank Rohn, en su domicilio y en posesión de 88 armas y nueve mil cartuchos. No es poca cosa. ¿Para qué quiere alguien honesto e impoluto tal arsenal?, ¿es tal conducta la que se espera de un ciudadano emprendedor que respeta la ley y los derechos de los demás?

Hay que tener cuidado con las extrapolaciones apresuradas del tipo: “ya ven, eso es el PRI”. No necesariamente, no tan rápido. Vamos razonando paso por paso, despacito, para que hasta alguien tan lerdo como el profesor Humberto Moreira lo pueda entender. No puede decirse, en estricta lógica, que del hecho de que Hank Rohn sea un priísta destacado, éste Hank Rohn dueño de casas de apuestas, adinerado, amigo de amedrentar al prójimo con armas y matones, tal vez causa última o remota del asesinato de periodistas, como aquél “gato Félix” asesinado en Tijuana, se infiere que así sean todos los miembros de dicho partido, del PRI. Nada más falso. Tampoco puede inferirse de este hecho (que uno de los hijos amados del famoso profesor Carlos Hank González, prototipo del PRI, parezca delincuente, actúe como delincuente, hable como delincuente y propicie la delincuencia) que el PRI tenga por objetivo la promoción y el reinado de la delincuencia. No, no tanto. Hasta donde se sabe no está tal objetivo en su declaración oficial de principios.

Pero a poco que meditemos en el asunto encontraremos que el PRI es la agrupación idónea para que florezcan y se propaguen entre sus militantes este género de conductas. Dicho en analogía imperfecta: el PRI le queda como guante a la medida a esta mano peluda y execrable de la delincuencia, la impunidad y el autoritarismo.

Veamos. Por una parte, el laicismo a ultranza obligado del PRI con gran facilidad se traduce en amoralidad extrema (vale la pena acordarse de la exclamación de uno de los hermanos Karamazov: “si Dios no existe todo está permitido”); por otra parte, la obsesión enfermiza del PRI por el poder, ya que es un partido que fuera del poder absoluto o casi absoluto se siente enfermo y hasta herido de muerte, alimenta, a despecho de las leyes formales y de la retórica hipócrita a favor del estado de derecho, que sus militantes cuanto más entregados a la búsqueda y al sostenimiento del poder, más cercanos se vuelvan a trasgredir la ley por no hablar de romper las más elementales normas morales de convivencia civilizada.

Esta tendencia inevitable, casi fatal, a burlar la ley en nombre del poder, con frecuencia modela un tipo de políticos priístas que se regocija no en el cumplimiento de la ley, sino en las argucias y astucias que permiten burlar a la vez la ley y sus consecuencias. No se trata de cumplir la ley, sino de hacer todo lo necesario para que los mecanismos disuasivos y punitivos de la ley no nos toquen. Esto es: un tipo inteligente, en esta lógica priísta, es quien logra eludir la ley con tal sagacidad que no puede ser tachado estrictamente, con apego a la letra de la ley y con la ayuda de unos jueces benévolos pero igualmente astutos, de ser delincuente.  

Volcada a los parámetros rupestres de algunos tal habilidad es el equivalente a las destrezas que, mediante la repetición sistemática de movimientos y gestos de desafío, logra el bailarín popular que se desplaza en la pista con tal artificio que se dice de él: “es capaz de bailar un vals, un mambo o un tango sobre un ladrillo y no se cae de esa estrecha superficie”. ¡Bravo por él! Curioso pero esa es una de las destrezas que se le encomian al actual presidente del PRI, el profesor Moreira.

Quién sabe en qué terminará esta nueva escaramuza de la eterna batalla entre quienes aún creen que tiene un significado la palabra decencia y quienes en su fuero interno igualan decencia con candor bobalicón. Lo cierto es que la detención del señor Hank Rohn, distinguido heredero de una dinastía política que bien conocemos, nos recuerda que el PRI sigue siendo la mejor incubadora de tal tipo de personajes.

De veras, ¿queremos ver de nuevo a ese club o pandilla dirigiendo los destinos de este país desde la Presidencia de la República? No sé a ustedes, pero a mí hasta el más pazguato de los posibles candidatos panistas me parece menos malo.

• PRI • Política mexicana • Impunidad

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