LUNES, 6 DE JUNIO DE 2011
La vieja película populista-keynesiana

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Las crisis son una oportunidad de aprender que es una obligación de los estados el tener finanzas públicas sanas, que la obligación principal de los estados no es “impulsar el desarrollo económico”, ni dar subsidios a todo mundo, sino hacer valer el estado de derecho que debe regir en el intercambio económico.”


Se habla ya de ajustes al gasto, de subir impuestos, de adelgazar el sector público, de reprivatizar distintos servicios y empresas y en general de ajustar el funcionamiento del sector público. ¿Regreso a eso que la izquierda llama “neoliberalismo? Ya no entiendo a los enemigos del mercado.

Al menos es de lo que se habla en países como Grecia y España (ojo, no incluyo a los jóvenes que protestan, que quieren, exigen más de lo mismo, la receta populista-keynesiana que, irónico, fue la que los llevó a la crisis presente). Los cierto es que estamos viendo nuevamente la vieja película keynesiano-populista. Sí, gobiernos gastalones, derrochadores, que incurren en constantes déficit públicos, en endeudamientos gigantescos que llegan incluso a superar al propio PIB, en gobiernos que todo lo subsidian, de la cuna a la tumba, y que sólo en crisis financieras es en donde aparece el talante obscuro del llamado estado de bienestar.

Luego, prosigue la película, organismos financieros internacionales que otorgan rescates millonarios (a cargo de los contribuyentes de resto del mundo que sí han trabajado y ahorrado) a cambio de corregir los excesos fiscales. Y luego, claro, el enfrentamiento con la izquierda populista que acusa de draconiana a toda medida orientada a corregir el populismo del gasto público que ejercen los gobiernos.

Y para finalizar el filme clásico, se culpa del desempleo, de la inflación (si es el caso), de la “reducción del estado” al “neoliberalismo maldito”, a Washington, al FMI, a la CIA, al imperialismo, a los mercados libres, al libre comercio y a todo lo que huela a libertad individual y económica. Vaya ignorancia brutal.

Parece que en México lo hemos aprendido, pero sólo a nivel de la federación, que el destino económico es nuestro, y si hay cualquier exceso fiscal ó monetario es responsabilidad exclusiva del gobierno (en sus tres niveles) y no de alguna potencia u organismo extranjero (sólo los analistas bisoños se siguen creyendo ese cuento).

Y subrayo el término federal, porque a nivel estatal traemos cifras preocupantes, estados de la República que en los últimos años se han endeudado de manera irresponsable, en especial los estados gobernados por el PRI. Ya culparán de sus pifias financieras a la federación, al gobierno de Calderón, al neoliberalismo, al narcotráfico ó vaya usted amigo lector qué demonios se inventan para justificar sus populismos. Eso sí, ahí están en la CONAGO pidiendo más y más lana, y de mayores responsabilidades tributarias propias ni hablar, que se amuele la federación, que se amuelen los contribuyentes, que se amuelen los que trabajamos y ahorramos.

Las crisis son una oportunidad de aprender, de aprender que es una obligación de los estados el tener finanzas públicas sanas, que la obligación principal de los estados no es “impulsar el desarrollo económico”, ni dar subsidios a todo mundo, sino hacer valer el estado de derecho que debe regir en el intercambio económico.

No sé que suceda, si habrá un sano aprendizaje financiero ó si se seguirá con la vieja película populista de gastar en exceso, ser rescatado, corregir parcialmente el exceso y luego cometer los mismos excesos estatistas y culpar a todo lo que huela a libertad de mercados.

Para salir de la crisis global no necesitamos de nuevos sesudos y genios economistas, sino regresar al viejo paradigma clásico, de hace más de dos siglos, de gobiernos limitados a sólo hacer valer las leyes que garanticen el pleno respeto a los derechos privados de propiedad, a permitir el libre intercambio de mercancías entre las naciones (libre comercio), a dejar que sea la “mano invisible” (el mercado), la que mueva el espíritu de los individuos en su derrotero por el desarrollo y bienestar económico.

Si no, volveremos a ver la vieja película populista-keynesiana. O peor aún, el resurgimiento de los nacionalismos peligrosos que sólo llevan al infierno de los Estados totalitarios. Ya veremos.

• Populismo • Liberalismo

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